martes, 31 de mayo de 2011
Dejar de viajar y volver a la reconfortante rutina
Me hace mucha gracia, que gran parte de esos correos y comentarios, siempre empiezan con esta coletilla, parecida a: “cada mañana al llegar a la oficina, pienso en dejarlo todo e irme por ahí, a recorrer mundo, para siempre”. Debe de ser, que a media mañana, a mediodía o por la tarde y con la dura realidad presente, ya se han olvidado de sus supuestos sueños. Y por la noche, ya no encuentran siquiera fuerzas, ni para replanteárselo.
La reflexión en cuestión, se titula: “Dejarlo todo e irme a recorrer el mundo” y se publicó en dos partes (I y II). La vida es caprichosa y a veces, solo hace falta desear las cosas, para que se cumplan (hasta, las supuestamente buenas). Después, de casi siete años, que llevábamos entonces, de anodina y desahogada actividad cotidiana, no hizo falta ni un mes, para que la vida, nos pusiera en posición de poder cumplir lo anhelado. Fue, el 11 de julio –tres años exactos antes, de que ganáramos un Mundial-, aunque me voy a ahorrar los detalles, por no venir al caso.
Como bien sabéis los asiduos de este blog, lo de dejarlo todo, lo hemos hecho solo a medias. Hemos compatibilizado, los viajes largos de meses, con periodos en casa, además de periplos de mediana y corta duración, a lo largo de casi todo el mundo, habiendo estado, más de dos años fuera, de forma discontinua.
Ahora, soy plenamente consciente, de que si hubiéramos adoptado esa drástica determinación, habríamos errado. Y lo sé, por dos razones fundamentales (habiendo alguna más): viajar es maravilloso y engancha muchísimo, pero no hay ninguna sobredosis, que no sea mala a largo plazo e inocua. Por otro lado, si fuera a gastos pagados, me daría igual, pero después de haber viajado mucho, conocer 100 países y haber vivido muchas sensaciones similares, hay cosas que ya no te compensan, teniéndolas, que pagar de tu propio bolsillo.
Lo cierto es, que nunca se está a gusto con lo que se tiene. Pero torear, por un lado y ver los toros desde la barrera, por el otro, me ha permitido tener una visión más completa y desapasionada de la realidad. Y entender –aunque sea mi filosofía habitual y mi forma de actuar-, que los extremos, no siempre son buenos.
En apenas dos semanas, afrontamos un trepidante nuevo periplo, de entre seis meses y un año, por Asia y Oceanía (esa es la idea, que luego, ya veremos donde acabamos) Vamos tan ilusionados como siempre, en busca de nuevos mundos, nuevas experiencias, nuevas culturas –cada vez, menos- y sobre todo, nuevas gentes, con lasque compartirlo todo.
Pero, cada vez son más los días, que cuando me levanto de la cama y no teniendo oficina donde ir, me viene a la mente un pensamiento: “Dejar de viajar y volver a la reconfortante rutina”. Esa vida, en la que no hay que pensar, porque el guión de cada día, ya está elaborado de antemano. Y eso, que la supervivencia económica, la tenemos garantizada –si no hay contratiempos-, por bastante tiempo
jueves, 28 de octubre de 2010
Los destinos más gratos (a visitar, inmediatamente)
1º. VIETNAM: A alguien, que haya estado, le puede entrar la risa, al leer, que este es el que pongo, como destino más amistoso. Sí. Es cierto. La cotidianidad, en las grandes ciudades, no es muy armónica: Ni, por los lugareños –ávidos de obtener algo del turista-, ni por aspectos agobiantes, como el tráfico –sobre todo, de motos-.
Pero, Vietnam es, una maravilla. Ridículamente barato (nosotros, en quince días, gastamos 220 euros) y dotado de unas infraestructuras –en alojamiento y transporte-, casi al nivel del primer mundo. Además, se amolda a todas las modalidades de visita: organizado, semi organizado –con muchas agencias locales, que ofrecen todo tipo de excursiones, a un precio imbatible- o, por libre, bien en buses, trenes o alquilándote una moto.
2º. ITALIA: Para mi, el país trasalpino es, el más bello del mundo –para mi chico, aún más y sobre todo, en verano, al hilo de minifaldas y pantaloncitos-. En España, su oficina de turismo es, muy servicial y en los destinos, aún más (aunque, con problemas de horarios amplios).
Pero, el país, que más patrimonio del mundo puede tener, en casi todas las categorías (ruinas, monumentos, paisajes…), se muestra humilde. Precios, muy razonables, para casi todo –incluidas las visitas- y desde luego, más asequibles, que en España.
3º. MÉXICO: En un país, con numerosísimos e importantes vestigios arqueológicos y, donde sin duda, te podrían sacar los cuartos, las visitas son muy económicas, para contemplar, lugares espectaculares. Y la gente, un verdadero encanto.
4º. SIRIA: Visitas baratas, ciudades milenarias y tal vez, junto a Tailandia, la gente más amable del mundo. No entienden nuestra escritura, ni nuestras pretensiones, en la mayoría de los casos, pero de una forma o de otra, siempre te solucionan los problemas. Hospitalidad extrema
5º FILIPINAS: A pesar, de las molestas medidas de seguridad, en la capital y en otros sitios, los filipinos son un encanto, hay innumerables islas para explorar y todo, resulta muy barato. La cocina –como en Vietnam.-, se muestra espectacular y la cerveza y el ron –a precios ridículos-, muy recomendables..
6º.- ESTADOS UNIDOS: Detrás, de las férreas garras de la vigilancia al terrorismo, se esconden, atractivos turísticos impresionantes, a precios muy moderados, fuera de Nueva York. En el oeste, el alojamiento es muy barato y el transporte, en todo el país, también. En la sublime, Las Vegas –mi lugar favorito mundial, sino fuera por Italia-, basta con una mediocre indemnización por despido, de cualquier cutre empresa española, para vivir feliz muchos años (sin acordarnos, ni de nuestro jefe, ni de Rajoy, ni de Zapatero)
Paradójicamente y junto con el Reino Unido, es el país, donde menos dificultades tiene, quien sepa poco inglés, para entenderse en esa lengua. Porque ellos ponen, mucho de su parte.
7º. TAILANDIA: Quien lo denominó como, “el país de la eterna sonrisa”, lo definió perfectamente. Exotismo, a precios muy económicos y con un trato amigable y servicial, con el viajero. Uno de los países del mundo, más fáciles de hacer por libre, a pesar de que no se hable, tanto inglés, como se cree.
8º. BALI: Si pidieras veinte deseos y tuvieran que concentrarse, en una superficie ínfima, la realidad es, que no estarías ante el genio de ninguna lámpara, sino en la isla de Bali: paisajes, mar, templos espectaculares, submarinismo, windsurf… Basta con alejarse, de la turística Kuta y de sus depredadores de personas, para sentirse de maravilla, en esta isla de Indonesia.
9º. CHINA: Si yo, fuera touroperador, haría viajes a China, exclusivamente, para comprar en las tiendas, donde venden, lo que nosotros llamamos, “chinadas” (sin ningún sentimiento peyorativo). Son como las de aquí, pero multiplicadas por diez y hay, quien se podría tirar semanas, sin salir de ellas.
Por lo demás, China ofrece, una red de transportes muy barata y eficiente, incluidos, vuelos de muy bajo coste. Se come de maravilla, el alojamiento es barato y el funcionamiento de casi todo, destella eficiencia (sobre todo, la gestión de las colas, rompiéndose el tópico, de que los chinos, se cuelan siempre). La pena es, que no tengan un poco más de curiosidad, por quienes les visitan
10º. PALESTINA: Amabilidad y mucha naturalidad, en el contacto con el viajero. Gran hospitalidad, hasta casi darte, lo que no tienen. Eso sí: cuando agarran un volante, se transforman, como en la mayoría de los países de la zona (y del tercer mundo).
11º. ARGENTINA: En pocos lugares, te harán la vida tan fácil y te agasajarán tanto, con las palabras y su musicalidad. Hay muchos argentinos, que reconocen sin tapujos, que esto es una pose premeditada, adoptada ante los extranjeros y que luego entre ellos, nos son así. Lo sea o no, te ayuda a que la estancia, sea inolvidable.
12º. TÚNEZ: Para quien quiera iniciarse en el mundo árabe, esta es, la mejor puerta de entrada. Se trata, de un país muy tranquilo y sin apenas agobios, por parte de los vendedores, en los zocos. Hay mil atracciones para disfrutar –creedme si os digo, que está a la altura de Marruecos y de Egipto- y la cocina es, realmente estupenda. Muy fácil de visitar, bien en transporte público, bien en coche de alquiler.
Nota. Entiéndase, que aún no conozco todo el mundo y se quedarán muchos países gratos, fuera de esta lista, ppor ese motivo.
domingo, 24 de octubre de 2010
Destinos non gratos (de los que se debería prescindir)
De todas formas, esta lista, no está basada solo, en motivos económicos, como veremos, en los casos, de Rusia e Israel.
Expondré someramente, los que ahora mismo, me vienen a la memoria y según vaya recordando más, los iré añadiendo, en los comentarios. Os invito, a que enriquezcáis la reflexión, con las aportaciones y experiencias, que consideréis oportunas.
Para que no me acusen, de solo profundizar en lo negativo, en una próxima reflexión, os hablaré, de los sitios, donde tratan excelentemente, al viajero y a los que siempre, hay ganas de volver. Pero ahora, vamos con los otros.
1º. MACHU PICHU. Es el caso más flagrante y sangrante, de desconsideración y estafa, al viajero. Al exagerado precio de la entrada, hay que añadir, el desorbitado importe del tren –única forma legal-, de acceder a Machu Pichu-. Han prohibido, hacer el camino del Inca por libre, bajo pretextos medioambi4entales, que esconden, el verdadero motivo: el enriquecimiento de las agencias amigas y de los propios políticos peruanos, a través de los carísimos tours. ¡Haz boicot a Machu Pichu y no lo visites!. Dicho sea de paso, tampoco es, la maravilla mundial
2º. PARQUE NACIONAL DE LAS TORRES DEL PSINE. La entrada, aunque no es barata, es asumible. Pero no, el carísimo transporte local, desde Puerto Natales y todos los servicios, dentro del parque (especialmente, el alojamiento en los albergues).
3º. RUSIA. Aunque, nos apetece ir hace tiempo, nos negamos a tener que pagar, el alto precio del visado y sobre todo, a que nos tengan de zarandillos, con dilatados y engorrosos trámites. Si quieren poner, trabas al turismo, pues, ellos se lo pierden. A nosotros aún, nos quedan otros muchos países por visitar.
4º. ISRAEL. Casi, en el mismo sentido, que Rusia. No hay que pagar visado –aunque sí, tasas de salida, que es lo mismo-, pero los controles de acceso al país, pueden llegar a las tres horas y en muchos casos, son denigrantes.
5º CAPRI. Tenímaos planificado ir, hace menos de un mes. Pero finalmente, nos negamos a pagar, cuatro veces más por el ferry, que lo que abonan, los residentes. Hay decenas de lugares en Italia, que son, al menos, tan bellos como, la famosa y turística isla.
6º. MEZQUITA DE HASSAN II,, de Casablanca. En 2.005, ya costaba 14 euros, una insulsa visita guiada, de 45 minutos.
7º. CRUCE DEL LAGO FRÍAS, entre Argentina y Chile (a la altura de Bariloche). La excursión, debe ser muy bonita, pero nos negamos a pagar, los 170 dólares, que la monopolística empresa organizadora, nos pidió, en el mes de marzo de 2.008.
8º. HUACAS DEL SOL Y DE LA LUNA, en Trujillo (Perú). La visita, no es demasiado cara. Pero es insultante, que cobren por eso. En Perú, con tal de sacar dinero, se inventan las ruinas.
9º. En el mismo país, las LÍNEAS DE NAZCA. Nos negamos, a contratar la excursión, después de haber leído, que las marcan manualmente, constantemente, para que parezcan más impactantes.
10º. VOLCÁN POAS, en Costa Rica. El ingreso no es demasiado caro, pero te venden la entrada a sabiendas, de que el 90% de los días, no se ve nada del espectacular cráter, debido a la niebla.
11ª. Principales atractivos turísticos de ESTAMBUL. Afortunadamente, cuando yo los visité, eran mucho más baratos, que en la actualidad. Entrar, a los puntos más importantes de visita, sale por un dinera tremendol. El gobierno turco ha descubierto, el chollo fácil, de desplumar a los viajeros y se han subido las entradas, hasta casi doblar su importe, en casos, como PAMUKALE (donde nosotros, hábilmente, nos colamos).
No incluyo en esta lista, el abusivo importe, de muchos traslados, desde la ciudad al aeropuerto, porque en este caso, no nos queda otra, que asumirlo
No he puesto, ningún sitio de España, porque ahora mismo, no lo recuerdo. Pero seguro, que en los próximos días, me vendrá a la memoria.
sábado, 22 de mayo de 2010
África nos espera
Desde el desconocimiento y la osada ignorancia, África, siempre nos pareció, un continente anodino, muy similar en sus paisajes, carente en gran medida, de patrimonio artístico, de ciudades poco interesantes y lleno, llenito de animales salvajes (seguro que en el futuro, cambio de opinión, como otras tantas veces, pero hasta la fecha, el único interés que tenemos por los animales, se circunscribe a los de dos patas y no me refiero, precisamente, a las aves). Seguro, que el tener que vacunarse de casi todo, la maldita y amenazante malaria, el insoportable calor tropical o la insalubridad, también fueron componentes, que aunque subjetivamente y sin darnos siquiera cuenta, incidieron en la decisión, de dejar África, sine die.
Demasiadas cosas juntas, para habernos animado. Y es algo muy común, entre la mayoría de los grandes trotamundos y viajeros (salvo los fanáticos, del continente africano) Si miras, sus mapas mundi, de los países visitados, África, siempre suele estar demasiado virgen, casi en blanco. Solo nos solemos animar, cuando ya casi, no queda otro “remedio”.
A decir verdad y a pesar, de tantos condicionantes en contra, si que había algo, que nos atraía de África y es lo de siempre: Sus maravillosas gentes, su cultura, las tradiciones milenarias y la forma de vivir y de ver la vida. Y es por eso, que nuestro viaje de tres meses por África, entre Johannesburgo y Nairobi, es en lo que se va a basar. ¡Definitivamente!
Por supuesto, que veremos las cataratas Victoria, visitaremos algún parque nacional –los justos y necesarios- y picotearemos, por alguna reserva de animales. Pero como objetivos, claramente secundarios. Salvo, que nos volvamos locos, claro está, que todo puede ser y encontremos en la fauna –y/o en la flora, que ya lo dudo-, nuestra pasión escondida. El prometedor viaje, más que de contemplaciones, debe ser de sensaciones, si es que lo queremos disfrutar y es ahí, donde pensamos, que África y sus gentes, nos pueden ofrecer una mina, de ellas.
Xavi, un buen amigo barcelonés, al que conocimos, viajando por Filipinas, invariablemente lo dice y es el ejemplo más gráfico, de lo que os estoy queriendo explicar: “He estado tres veces en India y todavía, no conozco el Taj Majal”.
Pues eso: Que nos saltaremos reservas animales emblemáticas, parques nacionales imperdibles o lugares, que para un turista convencional, serían irrenunciables.. Por los motivos ya expuestos, de disfrutar de las emociones, en vez de visiones, pero también por otros. Nos negamos a pasarnos la vida, en lso tours organizados y a afrontar el elevado coste, que ellos suponen.
Queremos combinar, un poquito de las aventuras de los exploradores del siglo XIX, con lo que hacen los turistas convencionales e incluso –aunque con un presupuesto más holgado-, con las travesías de miles de kilómetros, que hacen quienes emigran y recorren el continente, en busca de un futuro mejor o huyendo, de la persecución política. ¡Eso es lo que soñamos, claro. Luego, ya veremos, que es lo que conseguimos!.
Aún no sabemos, si el viaje, lo haremos de sur a norte –lo preferimos-, o de norte a sur. Todo va a depender, del boleto aéreo, que nos salga más barato, en el momento de adquirirlo. En la actualidad y volando desde Milán, hay muy bien precio, hacia Johannesburgo.
También desconocemos, la fecha exacta de salida, porque depende de circunstancias externas. En cualquier caso y con casi todas las probabilidades, se realizará este año. Nunca será, antes de mediados de julio –es una pena, porque nos hubiera gustado, llegar al Mundial de Fútbol- y como muy tarde, esperemos que no pase de octubre.
jueves, 8 de abril de 2010
Las mejores tarifas aéreas
Hoy, estos dos parámetros –ciudad de partida y antelación- han cambiado. Con las compañías de bajo coste, se nos hace más fácil y rentable, volar desde Londres, París, Milán, Munich… y así, conseguir mucho mejores tarifas, para los trayectos transcontinentales. Las compañías aéreas son muy listas y nosotros, tenemos que aprender, a serlo también. Ellas, siempre ponen los vuelos mucho más baratos, partiendo desde los países extranjeros, para así competir, con las aerolíneas locales. Incluso, aunque hagan bastantes más kilómetros.
Un ejemplo práctico: Para mayo y con Iberia, volar desde Madrid a Caracas, cuesta cerca de 700 euros. Pero hacerlo, con la misma compañía, desde Lyon, Burdeos, Niza, París o Marsella, sale por 413€, haciendo escala en Madrid. Estamos hablando, de que el ahorro para dos pasajeros, ronda los 600 euros, si tomamos una low cost, a cualquier capital francesa, de las anteriormente mencionadas. La paradoja –que no es tal-, es que Iberia, te añade dos vuelos más –los Burdeos-Madrid-Burdeos- y te cobra 300 euros menos.
Por otro lado, conseguir las mejores tarifas, comprando con mayor antelación, hace tiempo que ya no es garantía, de salir ganando. Hoy lo que procede -además de estar dispuesto, a partir de otra ciudad europea, como ya hemos visto-, es realizar una búsqueda activa. Tomárselo con cierta disciplina y todos los días, dedicar cinco minutos, a proponer a los buscadores aéreos, nuestros intereses viajeros. Os aseguro, que –tarde o temprano y con paciencia- la liebre termina saltando
Ejemplos, tengo bastantes para mostraros: Un Madrid-Shanghai-Madrid, con escala en Doha, por 279 euros; un Madrid-Nueva York-Madrid, directo con Air Europa, por 323€ y un Burdeos-Madrid-Caracas-Madrid, por 413€. El primero y el tercero, los compré con menos, de un mes de antelación y el segundo, con 37 días.
Eso sí. Para que sea más fácil, conseguir auténticos chollos aéreos –como los referidos-, conviene ser flexible y manejarse, con tres o cuatro destinos deseados, optando finalmente, por el que ofrezca el vuelo, de tarifa más competitiva. ¡¡Nunca falla!!.
No es que se trate, de volverse un enfermo del ahorro. Al fin y al cabo, si vamos de vacaciones, es para gastar. Pero, es que el coste del boleto aéreo, suele ser el gasto más importante del viaje y si se consigue reducir, tendremos mucho más dinero, para disfrutar del destino. Por ejemplo, con lo que vamos a economizar, yéndonos hasta Burdeos, para viajar a Venezuela, aún nos sobra peculio, después de pagar, el tour de tres días por Canaima (que precisamente, no es nada barato).
De todas formas, los viajeros estamos de enhorabuena, porque volar hoy en día –incluso, en las compañías de bandera-, es mucho más barato, que hace quince años. No conozco ningún otro sector, en el que haya ocurrido esto. Recuerdo, que un vuelo a Estambul, en el año 97, me costó unas 50.000 pesetas. En 2.008 y con la misma compañía –Alitalia-, lo hicimos por 200 euros.
martes, 2 de marzo de 2010
¿De dónde sale el valor, para dejarlo todo y recorrer el mundo?
Hay una docena de ellas, que se repiten con cierta frecuencia. Entre ellas, destaca una formada, tan solo por cuatro palabras, pero que casi se reitera a diario, procediendo de todos los lugares de España y de Latinoamérica: “Dejarlo todo y viajar”. Visto lo visto, son pocos los que acaban o acabamos dando el paso, pero sí muchos, los que un buen día lo piensan, lo sueñan y hasta deciden, empezar a investigar en la red.
Siempre había tenido ganas, de escribir una reflexión sobre este asunto, pero me animó, una búsqueda aún más angustiosa, espiritual y –casi- mística, que hace un par de días, procedía de México: “¿De donde sale el valor, para dejarlo todo y recorrer el mundo?”. Voy a darle a esta persona y a quien quiera leerlo, mi opinión sobre este asunto.
Para mi, habría que distinguir, entre el primer viaje largo que se hace y los sucesivos. En el inicial, el valor siempre surge, de acontecimientos exteriores, mientras que en los posteriores, esa energía y arranque, ya sale, de dentro de uno mismo. A continuación, desarrollo un poco más, esta teoría mía
Normalmente, quien acaba haciendo un viaje largo, sueña con ese plan, con bastantes años de antelación Pero los miedos, las excusas o la vida cómoda y confortable, siempre se imponen claramente, sobre esa lunática idea, aparcando sin fecha, para un futuro a medio o largo plazo, la gran decisión.
Pero de repente un día, te ocurre una desgracia y empiezas a relativiizar y plantearte, lo que ha sido tu vida hasta esa fecha. Las cosas buenas que te pasan, te acomodan y anestesian. Son las malas y desagradables, las que te hacen pensar, sacar la rabia de dentro y empezar a tomar decisiones. Ya sabéis aquello, de perdidos al río. Es asombrosa, la capacidad del ser humano, para revertir una situación contraria, en otra favorable. Las fatalidades y percances, ambién te hacen pensar, mucho más a corto plazo y olvidarte del futuro lejano. Ya no te sientes aquella indestructible persona, que eras cuando tenías 20 años y te das cuenta, que después de esta desdicha, aún te puede venir otra. Así que, cuanto antes, hay que aprovechar el tiempo y realizar el sueño.
Ese fue nuestro caso. Hay otra gente, sin embargo, que toma la decisión un día, de repente, cansados de su vida rutinaria, acomodada, anodina y aburrida. Pero en ambos casos y como dije, hay un elemento común, como es, que se trata de un hecho externo, lo que motiva el valor: La desgracia o la rutina.
En cambio, lo de los siguientes viajes, es otro cantar. Aquí el valor emerge –casi a modo de volcán en erupción-, del propio interior del organismo del individuo. Viajar ya no es un sueño o una forma de romper con algo, porque se ha convertido en una insaciable necesidad. Entonces, dejas de pensar en cambiar de coche, en reformar la casa, en renovar el móvil o el ordenador… Tras los gastos básicos, te privas de lo demás y solo piensas, en juntar el dinero suficiente, para poder volverte a marchar.
E incluso, te conviertes en un ser paranoico y empiezas a ver inconvenientes –algunos, excesivamente imaginarios-, que pueden dar, al traste con esos proyectos. Y hasta cuidas más tu salud. A mi últimamente, me ha dado por vigilar especialmente, los tobillos y las rodillas, donde se pueden provocar dolencias, que te pueden dejar muy tocado o fuera de combate.
Comprenderéis por lo explicado, que es mucho más difícil, encontrar el valor para realizar el primer viaje largo, que los sucesivos. En cualquier caso, si emprendéis vuestra primera gran aventura viajera de dilatada duración, tomad las medidas, para que podáis acometer, otras de iguales o superiores características, en el porvenir. Si no, vuestro sufrimiento futuro en vida, llegará hasta el día de la muerte.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Eva tiene un Plan... y lo terminará cumpliendo
Afortunadamente, ambos deseos, ya los he podido cumplir y con creces. Para recordar los interrailes, tendría que usar, casi todos los dedos de ambas manos y el pasado 2.008, culminamos el periplo americano, después de cuatro meses y medio, pero no empezando en Patagonia, sino todavía más lejos: En Río de Janeiro.
Fue este, un año mágico, que cambió nuestras vidas para siempre, dado que al citado viaje, añadimos otro, de cuatro meses, por el sudeste asiático y tres más, de duración variable, hasta completar, casi once meses viajando. Uno ya nunca es el mismo –lo quiera o no, porque no se puede elegir-, después de un viaje largo Así que hoy, hace 365 días, la gran incógnita, que me rondaba por la cabeza, era como íbamos a reaccionar, a la vuelta de la normalidad, en el año que hoy acaba. Y sobre todo, como íbamos a responder y a evolucionar, al tener que volver a encorsetar los viajes, en miserables periodos de vacaciones, de dos o tres semanas, al ritmo de un par, al año.
Para empezar, en 2.009, los viajes más dilatados, no han sido donde esperábamos: India e Irán, dejaron paso a China y, Nueva York y el oeste de Estados Unidos, pero este dato, tampoco es importante, para lo que voy a tratar, de comunicar.
Debo decir, que el impacto, ha sido algo menor del esperado, aunque en todo caso, fuerte. Y han ayudado a mitigarlo, las ocho escapadas cortas –cuando otros años anteriores, no hacíamos ni tres-, que nos han tenido medio ilusionados, a lo largo del año y, sobre todo, que hemos vuelto a vivir, con la misma intensidad, que antes, los viajes de dos o tres semanas. Esto era algo, sobre lo que a priori, éramos extremadamente pesimistas.
Pero el que ha viajado, por periodos largos, ya está infectado para siempre, sin antídoto conocido, ni parece ser, siquiera por descubrir. No es como una adicción o una droga, porque en estas, el síndrome de abstinencia cesa, simplemente, con no tomarlas, durante tiempo prolongado. Yo dejé de fumar, hace cinco años, pero me sería imposible, abandonar los viajes: Quizás incluso –por no decir, que seguro-, aunque tuviera que vender el alma la diablo, robar o mendigar (y ya no digo matar, porque me parece, demasiado fuerte). De hecho, me fui hace poco a Estados Unidos, en unas condciones, en las que casi nadie, habría viajado.
Se trata más bien, de la llamada de la selva. O si fuera creyente, diría, de la irrenunciable llamada de Dios. Y lo peor, es que cada vez es más fuerte. Pasas periodos tranquilos, pero de repente y, sin previo aviso o síntomas distinguibles o tratables, te embarga la necesidad, de dejarlo definitivamente todo y largarme de nuevo por el mundo, sin billete de vuelta (no digo para siempre, porque la palabra asusta).
Ahora, me encuentro en uno de esos periodos, en los que parezco poseída. De tal forma, que estoy pensando más en el 2.011, que en los propios viajes de 2.010, que aún están sin decidir y creo, que va para largo. Y es que, muy probablemente, enero o julio del 2.011, es el posible punto de partida, de un nuevo viaje largo. La cuestión, es que desconocemos, de cuanta duración. Empezamos pensando en dos años y luego lo alargamos a cinco. Pero ahora y nuevamente, nos están volviendo a entrar ganas, de venderlo todo, casa incluida –como diría, Jorge Sánchez, con los muebles, juegos de cama, cacerolas y demás trebejos incluidos- y largarnos, de forma indefinida. No se si será esta vez, pero esta claro, que tanto va el cántaro a la fuente, que se acabará rompiendo y lo terminaremos haciendo.
Hasta antes de hacer los viajes largos, planificábamos llevarlos a cabo, en la jubilación. ¿Qué ilusos. Haciendo planes, con 25 años de antelación y ahorrando para ellos!. Ahora, todo ha cambiado y solo nos vale el presente y el futuro inmediato. Pensar que me puedo morir, dentro de tres años y pasarlos, malgastándolos en casa, es una idea, que me atosiga y mortifica.
Y lo curioso, es que la posibilidad de haber hacho, los viajes de 2.008, se origino, a raíz de una de las mayores desgracias, que nos ocurrieron en la vida (que por otra parte, tampoco han sido muchas). Como aprendimos en el sudeste asiático: Nunca sabes si lo bueno es bueno, porque te puede llevar a algo malo. ¿O por qué no lo malo, no te puede conducir a algo bueno?. Amabas cosas en Asia, te suceden a dairio
Por cierto. El recorrido planificado, para el mencionado periplo, de inicio en 2.011, sería, más o menos: Rusia, Mongolia, algún país de Asia central –aun sin determinar, Corea del Norte y del Sur, Japón, India, Nepal, retorno a Filipinas, Indonesia y Tailandia, para entrar en Myanmar, Brunei, Timor oriental, Australia, Nueva Zelanda, Polinesia, isla de Pascua, retorno a Chile, Bolivia y Brasil –pero viajando por el interior y no por la Panamericana-, Venezuela, islas del Caribe, retorno a Estados Unidos, con visita del este del país y Canadá. Si aún nos quedaran ganas, que es bastante posible, haríamos África, en forma de V, empezando por el oeste y bajando, para subir, por el este.
¡Feliz año 2.010 y que venga cuanto antes, 2.011!
jueves, 3 de diciembre de 2009
Conquistadores y Tomboleros
Hay quien piensa, que cada viajero es genuino, único y diferente, pero yo no comulgo, con este pensamiento, algo romántico e idealista. Creo que hay cinco, seis…, diez como mucho, perfiles concretos de formas y filosofías de viajar y que todos podemos ser enmarcados, en alguno de e ellos. Aunque claro está, no de forma pura, en todos los casos, sino con porcentajes mayores o menores, de los restantes perfiles. Tirando por lo alto, no creo que al final, salgan más de veinte o veinticinco subperfiles diferentes, en los que se puede englobar, a cualquiera cuya máxima pasión, sea recorrer el mundo.
No es mi intención, en esta reflexión, hacer la típica clasificación frívola e hilarante, que no es difícil encontrar, en algunos hilos, de los más famosos foros de viajes o en blogs particulares. Creo que el tema, es mucho más serio, que eso y para llegar a conclusiones, habría que poner en marcha, un laborioso trabajo de campo, en el que se entrevistarían a miles de viajeros. ¿Quién podría estar interesado en hacer este estudio?. Pues mucha gente, entre los que destacarían, las agencias de viajes y los propios estados, a través de sus estamentos turísticos, con el fin de optimizar el número de clientes y visitantes y por tanto, los ingresos.
Llegados a este punto, dejo al margen el rollo filosófico y me bajo a la arena, para referirme, a dos tipos de subperfiles –a veces, en la misma persona, se dan ambos-, que últimamente, veo en sostenido, pero constante incremento, en mi deambular por la red: El conquistador o coleccionista de países y el tombolero.
Los primeros, me tienen anonadada. Hacen una imaginaria muesca, por cada país que visitan y el objetivo final, no es otro, que sumar el mayor número posible de ellas, de tal forma, que el que ha suma 40, es mejor que el que solo lleva 32 y este a su vez, más valioso, que el que tiene 15. Las reglas son sencillas: Se añade el país y se considera como visitado, desde el justo momento, que se cruza la frontera. Da igual, que solo se pasen allí tres horas, incluso en circuito organizado y más de la mitad del tiempo, se distribuya comiendo y en un transporte. Ese país, ya forma parte de la lista y el objetivo último, no es otro, que completar la relación o acercarse lo más posible, a la totalidad de los estados u naciones, del mundo mundial. Su filosofía, se resume en: “Yo soy mejor viajero, que tú, porque te saco tantos países”.
Dicho sea de paso, que nada tengo contra esta gente. Simplemente, me sorprende, que alguien pueda quedar satisfecho, de esta forma de recorrer el mundo. Pero cada uno, es muy libre de viajar, como quiera y de recetarse el tratamiento que considere oportuno, para la mejora de su autoestima. Es el segundo perfil, el que me irrita algo más y una de las tantas razones, de que yo abandonara en su día, todos lso foros de viajes.
A mi, se me ha ocurrido llamarlo el tombolero, porque están todo el día gritando –interneticamente, hablando- y vendiendo humo, pero podría tener, otra decena de denominaciones. Los hay, que tratan de fastidiar constantemente, al prójimo y otros, mucho más inofensivos, que lo único que tratan, es de alimentar su ego.
En el primer caso, son envidiosos, ventajistas –nunca responden, en un hilo de un foro, los primeros, sino después, para criticar-, malpensados, inventores de historias y hasta de muchos de sus propios viajes. Siempre tienen las claves de todo, una anécdota más interesante que la tuya, unos lugares –que, pobre de ti-, tú no visitaste y ellos sí… En los foros, sencillamente desprecian, a la gente, que menos ha viajado y desde su cobarde anonimato, cargan sus tintas, contra los que más participan o han tenido la suerte, de conocer más mundo.
En el segundo supuesto, hablamos de simples vendedores de humo, que a nadie dañan, pero que cuando a su producto –por así llamarlo-, le quitas el envoltorio, la decepción es enorme.
Recuerdo, que no hace mucho, fui uno de esos cientos de destinatarios, a los que un viajero, envió un apasionado y prometedor correo electrónico, anunciando, que había estado en Corea del Norte, uno de los pilares del Eje del Mal y que en una semana, daría con pelos y señales, todos los detalles. Lo mismo publicó, a bombo y platillo y a grito de megáfono cibernético -como en las mejores tómbolas-, en algunos foros de viaje, porque como decía, a él le iban los grandes retos.
Me ilusione y me dispuse a contar las horas, que quedaban para que mis oídos, pudieran escuchar, aquella fantástica y aventurada historia. Pero llegó el día y la decepción, fue morrocotuda. El gran reto, la aventura inigualable, la incursión en el Eje del Mal, había consistido en unas cuantas horas, de no barato viaje organizado, desde Corea del Sur. Buena parte de ellas, las había pasado en controles o almorzando y las máximas atracciones, consistían en una cascada y unos templos, de los que en Asia, sobran en casi todos los países, menos en China.
Lo que si debo agradecerle a este viajero, es que despertara en mi, el interés por este enigmático país y que lo tenga en mis planes viajeros de futuro, para hacerlo, algo más a fuego lento. De esta forma el guiso, sale más rico y con menos humo.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Me gusta más lo cutre, que lo bello
Desde siempre, me encantó mucho más lo cutre que lo bello. También, hacer botellón en cualquier callejuela de Roma o puente de un pequeño canal de Venecia, que tomar un capuchino en las exclusivas terrazas de la plaza España o la de San Marcos. Siempre acabé conociendo más gente interesante es esos primeros sitios, que en los segundos.
La belleza es demasiado perfecta, excesivamente proporcionada y casi siempre, algo aburrida y previsible. Provoca admiración al principio, pero acaba por terminar siendo vulgar, a medida que pasa el tiempo. Lo cutre por el contrario, tiende a ser sorprendente, enriquecedor para la mente y el espíritu –porque te lleva plantearte preguntas, que nunca te haces cuando contemplas lo bello-, imprevisible, lleno de imperfecciones, de colorido y si tomas la actitud adecuada, limpia de prejuicios y posrjuicios morales, llega a ser hasta entrañable.
Tal vez sean Sudamérica y Centroamérica, las zonas del planeta más bonitas que vi. Es casi imposible encontrar, en otros continentes de este mundo, las maravillas naturales que hay allí: Las cataratas de Iguazú, el desierto de Atacama, Torres del Paine, el Salar de Uyuni, Machu Pichu, las Galápagos, volcanes, glaciares… Tal vez, por el contrario, sean determinadas áreas del sudeste asiático, las más cutres que contemple jamás..
Pero sin embargo la realidad, resultó ser demoledora. Mis correos a la familia y los amigos, ocupaban cinco líneas desde América y en cambio desde Asia, llegaban a veces, hasta los cuatro folios. Hablar de Iguazú, me daba ocurrencias para redactar un par de líneas o tres, pero me podía perder hasta no encontrarme, escribiendo sobre un mercado de Vietnam o describiendo una población de Laos, después de ser asolada por las inundaciones, en la época de lluvias.
Y cuando leo, siempre aprendo y siento más curiosidad, con las descripciones de lo cutre, que de lo bello. Por cierto. Ahora estoy leyendo un libro de viajes, que os recomiendo. Se llama “Octubre en Pekín” y es del colombiano, Santiago Gamboa, un sufrido viajero de pies planos. Está escrito ya hace unos años, pero no ha perdido aún vigencia y refleja con bastante acierto, la realidad de algunos lugares de China
En el primer capítulo dedicado a Hong Kong, viene a decir algo que yo siempre he defendido y que está relacionado con el tema de esta reflexión: La cierta decepción que se produce por muchos turistas, al encontrar una ciudad demasiado moderna. Y es que la mayoría de los viajeros, siempre vamos buscando lo exótico, lo tradicional y lo genuino, que generalmente tienen el problema, de estar relacionados con la alienación de seres humanos, la miseria y la pobreza.
Y es que el asunto se torna peliagudo, si lo teñimos de conceptos morales y empezamos a razonar cosas tales, como: Por seguir disfrutando de nuestros viajes, preferimos que la gente siga siendo pobre, viviendo hacinada, ver a niños descalzos, mercados con vendedores muy coloridos, pero que apenas sacan para la manutención diaria… Porque nada exótico resulta, normalmente, ver a ricachones viviendo en sus urbanizaciones de lujo, a las afueras de la ciudad o a gente de clase media, pasando la vida en bloques de edificios de aluvión.
No voy a entrar en ese debate moral, que daría para discutir durante horas y en el que probablemente, ni unos ni otros nos fuéramos a convencer, de lo que propone el contrario. Y no entro, por dos razones fundamentales. Primero, porque en ese terreno, todo es muy relativo y no hay verdades absolutas. Y segundo, porque cuando viajo, no me interesa la moral. Como si de una reportera se tratara, me limito a contemplar, tratar de interpretar la realidad, por su puesto por mi filtro e intentar juzgar, tan solo lo imprescindible.
Quizás por eso mismo, no me paro mucho a reflexionar, sobre las condiciones justas o injustas, en las que viven las personas, de los lugares que visito. Porque piense lo que piense y haga lo que haga, me va a ser imposible modificar su futuro. Sí, ya sé que es una actitud muy cómoda, fría e impopular, pero también muy realista y te evita sufrimientos y enfados. Además, nunca me voy a culpabilizar, por no haber sido capaz de resolver los problemas, que no consiguieron mitigar quienes les gobiernan o las grandes potencias mundiales.
viernes, 7 de agosto de 2009
Gracias Lupe, por esta joya
Así que la reflexión de hoy, la pone Lupe, aunque es como si la pusiera yo. Y como le he dicho en privado, espero algún día formar parte, de la historia que viene a continuación.
“Navegando al azar, por las reflexiones viajeras, he leído post antiguos y me ha aparecido uno de 2006, en el que reflexionas sobre los que viajan solos/as (http://reflexionesviajeras.blogspot.com/2007/10/me-aterrara-viajar-sola-sin-poder.html). He pensado en comentarlo en el blog, pero al ser tan antigua, seguro que no la leerías nunca, así que para distraerme un rato, te voy a dar ahora mi punto de vista.
Viajar solo (o sola, en mi caso) a veces es un autentico coñazo.
Pero otras veces es lo mejor que te pueda suceder. Ante la disyuntiva de viajar sólo o quedarse en casa, para mí la mejor opción es viajar. Viajar sola que es más difícil aún, a priori y desde casa, que luego no lo es tanto.
Exige mucha preparación previa. Hay que comenzar poco a poco, con escapadas de una o dos semanas, para conocerse, antes de tirarse uno, dos o tres meses por el mundo. El viaje empieza en la librería (ultimamente en Internet) mucho antes y yo al menos me pongo muy ansiosa, pero lo más difícil siempre, es dar el primer paso. Una vez comprado el billete de avión, ya no hay vuelta atrás, así que de mi misma, dependerá lo bien que me resulte. Eso me da seguridad y vértigo a la vez..
Tampoco puedes ir tu sola por donde quieras. Hay países en los que el miedo te paraliza a la hora de comprar el billete, más siendo mujer, pero eso va variando con la edad y con el conocimiento. (no hablo de los países árabes, que conste). Y hay momentos malos, muy malos. en los que te preguntas qué puñetas haces tu allí, pasando frío, si te importa todo ya un pito. Pero también los pasas cuando viajas con alguien y te sale todo al revés.
Pero cuando tienes que coger el avión de vuelta, esos momentos malos y de bajón, no han existido nunca; ya pasaron, y sólo quieres más tiempo para viajar más.
De mis viajes en solitario, han surgido las amistades más desinteresadas, tolerantes y generosas, que he tenido y que probablemente tendré jamás.
Algunos de esos amigos del camino, sólo permanecen un año en contacto frecuente conmigo, otros ni siquiera eso, y unos cuantos, llevan lustros conmigo e incluso ahora viajamos juntos varias veces al año.
No sólo el paisaje es interesante en un viaje, también lo es el paisanaje. El local y el foráneo. Una cena, un café, un té o una cerveza a kilómetros de distancia de tu entorno, si es con alguien que tiene algo que contar, sabe mejor que el maná. Y es tan oportuno como aquél.
Mi primer viaje, al extranjero se entiende -hasta entonces me iba al pueblo con mis padres-, lo hice sola y muertita de miedo. y en estado de depresión post-ruptura sentimental. Escogí como destino una ciudad grande, con muchísimos museos. Planifique visitar uno por jornada, ocupar bien mi tiempo para no pensar...Y llegó el último día y ése mismo día por la mañana, corriendo para no perder el avión de vuelta por la tarde, visité el único que pude, ¡sólo por decir que había hecho algo cultural en Londres!
En mi segundo viaje a Amsterdam, me recuerdo llorando las dos horas de trayecto en el avión de vuelta, recordando los buenos momentos que pasamos el argentino David y yo, los últimos días. Luego nos vimos en Madrid y luego nunca más se supo. No fue ningún amor de vacaciones, fue un amigo de vacaciones.
Y viajé más y más. A Alemania y ya desde el avión conocí gente. David y luego Silvia. Cenar y salir de noche es muy duro, si no imposible viajando sola. Pero hay gente que viaja sola por otros motivos (negocios) y están deseando quitarse el traje de romano, para dar una vuelta y recordar sus tiempos de interrail
Por no estar sola y darle gusto al pueblo, que me miraba espantado cada vez, que me oían contar lo bien que me lo pasaba sola por ahí, una vez fui con un compañero de trabajo a Marruecos. Lo peor que pude hacer en mi vida. Nunca mais. Probé entonces con estancias y conocí en una especie de campamento náutico, a la que hoy es mi mejor compañera de viaje y amiga: la Feli, con la que, a priori, no tenía casi nada en común. Bueno, ahora si, los sellos en el pasaporte.
Viajé sola a Turquía, en un organizado desastroso, al que demandé nada mas volver (fue mi ultima vez en organizado) Y allí cambió mi vida. Conocí a Hannah, la persona a la que quiero parecerme cuando sea mayor. Dicho esto, suficiente. He vuelto a verla en Turquía 2 veces y una tercera en su Holanda natal. Ahora no nos escribimos tanto, pero siempre nos llamamos por nuestro cumple. Hannah tiene 65 años y es ciudadana del mundo. Una genia.
En Túnez tuve la suerte, de coincidir en su día libre con un conductor de autobús urbano de la capital y de después animarme a aceptar la invitación, de visitar a su familia (objetivamente una locura, pero subjetivamente y en aquel momento lo mas natural del mundo). Lo pasé tan bien con ellos, que volví unos meses más tarde con Feli y Ana Rosa. Para las tres lo mejor de aquel viaje, mi familia tunecina, que es la de Saif.
Nos llamamos desde entonces, en el aniversario del día que nos conocimos y es realmente gracioso, porque su madre no habla ni papa de francés ni de ingles, pero me manda mil amores, que yo los siento.
También conocí a una familia de sicilianos, en un hotel de lujo al que me colé, después de cenar en mi tres estrellas cutroso. Y nos llevamos tan bien, que dos años mas tarde, acepté la invitación a conocer parte de su isla. Continué el viaje por Italia, ya sola, sin familia siciliana y arrivé en Milan.. En Padova conocí a la linda Hiromi, del Japón, que lee mis blogs con esfuerzo. También al muchachito, que me pidió matrimonio en Venezia (por supuesto dije que si) y con el que me colé (sin quererlo), en una góndola
Ya mas animada, después de las medias distancias, pasamos a las grandes: A los destinos lejanos. Vietnam: Horrible experiencia con un colega de trabajo de Feli, que se unió al grupo y al llegar a la bahía de Halong, yo planteé irme sola. Y me hubiera ido tan feliz, de no ser por que Feli, se vino conmigo y se quedó él con su mal rollo y su sapiencia.
Luego Brasil, la Argentina (donde todo fue bien y conocimos, entre otros, a las incansables Geor y CECI), la India ( con Feli y la excelente, previsora y eficaz, Ana Rosa y gentes hindúes con los que chateo de vez en cuando. Y más tarde, Nepal (con Pyru, la checa y Oscar y los buenos momentos en moto, con Miquel y Niurka), Laos, Camboya y Tailandia. (en estos dos últimos países, se dio el reencuentro con las argentinas).
En los tiempos en los que viajaba sola, ¡no estaba sola mas que cuando yo quería!!. Mis queridos Jan paul y thang, los franceses chinoises, que me acompañaban en Bangkok y que me hacían reír tanto, Sussana, la recién divorciada italo-sueca y el resto del grupo que se formó en Luang Prabang, Pascal, mi suizo relojero, la amable Nathalie.., Sebas, el polaco residente en Londres…
Del resto de mis viajes. un popurri de buenas gentes: Adele, la guardia forestal de Nueva Zelanda, Husseyin y Beatrize de Vizenza, que me enseñaron su casa de verano, Nelle y Esther de Rotterdam, Patrick de Irlanda, que me llevó a cenar en mi 24º cumpleaños, Jonah el del pingpong y las cucharitas en Amsterdam, Wilfried de Amberes, al que visitaré en Septiembre, antes de partir para Nueva York, Sonia y Juan de Santiago, David el escalador, que me enseño a montar en moto, el señor Thang, Martin, Oscar "el cuerpo", que nos invitó a su boda, Isadora, la andaluza que lee a Kierkegard en alemán y que acaba de ser mamá, Roberto, con el que Edu y yo hicimos botellón, en la fontana di trevi, Zahd, el iraní viajero, JL, Tolga , Omer y Ozgür, tres turcos maravillosos, Isabel, que es lo más valiente y alegre que conozco, Claudia y sus hijos, Marlon y toda su familia en Colombia, Ference y Michele... Y mi admirado Wolfrang, que en 7 horas de tren me contó, su -para mis 18 años- interesantísima vida y yo la escuchaba ensimismada y asombrada de que me la estuviera narrando, ¡precisamente a mi!.
Esas gentes son parte de mi vida. Y estoy segura, de que no hubiera conocido a esas gentes, de no estar viajando sola: Yo o ellos (o ambos)
Aún hoy me aterra viajar sola. Al principio, hacerme a la idea de que tengo que ir sola es lo que me da pánico. Pero me aterra mucho más, viajar con gente que no conozco bien. O que tiene expectativas de algo, que yo no. O que por viajar juntos, se vean en la obligación de tener que ir, hasta al baño juntos. Y definitivamente me horroriza, tener que quedarme en casa queriendo irme. El camino es de todos y siempre hay alguien que hace tu mismo recorrido.
Una vez leí en algún sitio, una cita que decía algo así como: " Una de las cosas maravillosas que te pueden suceder en este mundo, no es otra que saltar la tapia del jardín de tu vecino, que te encuentre allí y conseguir, no sólo que no te eche a patadas, sino que te invite a un té y que además te de conversación"
Y yo añado, "y que te deje tranquilamente allí, sin darte la lata, si se lo pides"
Cruzar una frontera es algo así como saltar una tapia, ¿no?.
Así que Eva, te invito a que lo pruebes. Viaja sola cuando sea tu momento.
Viajar sólo, no es una imposición circunstancial, ni una elección. A veces es una buena idea, sin más, y como todo en esta vida, es temporal.
Un beso, feliz viaje (esta vez en compañia)
Lupe
PD: Aunque hay viajes que no salen tan bien, no te creas...De los peores que he tenido han sido por España. Para el españolito medio, la idea que tiene del españolito que viaja sólo (y más aún si es por libre), es que es un raro y no tiene amigos, ni amigas, ni novios y es un insocial, un hippi, un perroflautas o un iluminao. Y no se te acercarán, mas que otros iluminaos. Ahí queda eso”
martes, 4 de agosto de 2009
Ir a Santander el puente de agosto, cuesta casi el 50% más, que largarse a Italia
Y una de esas últimas fotos ha sido, la del Consejo extraordinario de Ministros, que hace algo más de una semana, celebraron en Palma de Mallorca, para entre otras cosas, potenciar el sector turístico. En este país hay dos vicios nacionales: El primero, favorito de los políticos, pero no excluyente del resto de la sociedad, es pretender resolver las cosas, en reuniones interminables, con difuso ordenes del día, que se sabe que empiezan siempre tarde, pero nunca a la hora que terminan y en las que no se resuelve nada. Y el segundo, quejarnos, quejarnos y quejarnos. Sobre todos de los impuestos que pagamos. Eso sí, cuando nos van mal dadas, en vez de echarle imaginación, pedimos a papá Estado, que tire de subvenciones. Lo hicieron los fabricantes de automóviles y ahora le toca el turno, al mal llamado sector turístico.
A mi me entra la risa. Veréis. Copio y pego este párrafo, publicado en el Diario de Mallorca:
“Zapatero insistió en que el turismo es un sector clave al que el Gobierno quiere prestar un "esfuerzo determinante", en el marco de la "modernización" del modelo económico que desea emprender para "mejorar" el "patrón de crecimiento" del país. Para ello, además de "impulsar nuevos sectores" en la economía, "es imprescindible" realizar "un esfuerzo determinante en los sectores ya consolidados y con mayor potencial de crecimiento", como es el turístico. Agregó que España cuenta con un sector turístico que es "probablemente el mejor" del mundo”.
¿Alguien entendió algo concreto, de los planes que tiene el presidente? Yo únicamente, la última frase, a la que le contesto: Ja, ja y ja. Y es que el tercer vicio nacional, es creernos el ombligo del mundo. Aquí es donde mejor se come, aquí es donde mejor se vive, tenemos el mejor vino bla, bla, bla. El viajar poco por el mundo, suele traer estas cosas. ¿No se le ocurrió a alguien pensar, en un momento de bajón patrio, que un chino o un mexicano, por poner dos ejemplos, también piensen lo mismo de su país y tal vez puedan tener razón?
Y continúa el Diario de Mallorca“
Tras reafirmar su convencimiento de que las políticas de inversión pública "son útiles y necesarias para hacer más competitiva nuestra economía en general y el sector turístico en particular", recordó que se ha aumentado la dotación presupuestaria dedicada a este sector”.
¿Lo véis?. Aquí todo se arregla con dinero público. Sobre todo, lo privado.
Vamos a explicarle algunas cosas al señor Presidente, a ver si con un ejemplo lo entiende. Mi chico y yo, nos vamos a Lombardía cuatro días el puente de agosto. Para ello, hemos pagado por dos boletos de avión, ida y vuelta a Milán, 60 euros. Otros 126, nos cuestan las tres noches de hotel, incluyendo el desayuno. Prevemos gastar unos 50 euros más, en boletos de tren, para desplazarnos en distancias cortas, a lo largo de tres días. Total: 236 euros. Por cierto y para que no haya excusas, en Italia el día 15, también es fiesta.
Hace una semana, a una amiga mía, le pidieron 390€, por tres noches de hotel sin desayuno, en la ciudad de Santander. Es decir, le sale a casi el doble y sin incluir el transporte o los gastos ocasionados, por moverse por la zona. A otra por cuatro personas, le piden 1.400€, por una semana de hotel -pensión completa-, en Vinaroz. ¡Pero si por 500 más, nos fuimos nosotros a China tres semanas, incluyendo los boletos de avión!.
Con este estado de la cosas, en un rato de aburrimiento, me metí en un buscador y me puse a comparar precios de hoteles. Para este puente de agosto y reservando ayer, era posible encontrar en Roma, París, Milán, Bruselas y Berlín, hoteles entre la horquilla 40-50€, con desayuno incluido (y en la turística Florencia, por tan solo 38€). En España por esa cantidad y salvo en Madrid y Barcelona, donde hay unas pocas excepciones, no siempre disponibles, por ese precio lo que encuentras, es una lúgubre pensión, con una propietaria sin dientes.
Para esas fechas, en León capital es imposible dormir, por menos de 60, en Segovia, por menos de 70 y en Santander, las habitaciones no bajan de 120. Del desayuno ni rastro. Si lo quieres, abonas a mayores, ente 7 y 18 euros más por cabeza, más el correspondiente IVA.
Recuerdo cuando hacíamos nuestros primeros interrailes, llevando buen presupuesto, para la edad que teníamos: Pagar un helado en París, un hotel en Italia o una comida en Alemania, eras lujos asiáticos, con precios estrastosféricos. Ahora ir a Italia, Francia, Alemania e incluso Suiza, si no fuera por el transporte público, es un alivio.
¡Qué sigan los hosteleros, por este mismo camino, llorando por subvenciones y no siendo competitivos y de aquí a no mucho, España enterita, se irá de vacaciones al extranjero.
domingo, 2 de agosto de 2009
Ser coleccionista de postales o viajero de absorción lenta
Retomo las reflexiones viajeras, con la intención de volverles a dar cierta continuidad, que no tienen, desde que a principios de febrero de 2.008, iniciásemos nuestros viajes largos. Y empiezo con un tema controvertido, como es, el ritmo o la velocidad de los viajes. Aunque para mi, no existe controversia laguna.
Son muchos los hilos de foros de viajes, en los que se pregunta sobre el tiempo que se necesita, para ver determinado un lugar en concreto. Cuando yo participaba en ellos, siempre dudadaza, de si contestar o no, porque me parece como tratar de crear certezas, a si es mejor la tortilla con o sin cebolla. Solía acabar respondiendo, más por el afán de dar una ligera orientación personal al dubitativo forero, que porque estuviera convencida de tener razón
Cuando estamos de viaje, cada uno nos levantamos a una hora, dedicamos más o menos tiempo a reposar o a comer durante el día, nos movemos y transportamos de distinto modo, disfrutamos de una manera u otra de las cosas y además de todo eso, tenemos distintas formas de ser y emocionarnos: Hay quienes en 20 días nos hacemos 6.000 kilómetros y a los que ese tiempo, no les da para más de 500 –o menos-.
A mi ambas formas de ver la vida y todas las intermedias, me parecen igualmente respetables y adecuadas, aunque la práctica me viene a demostrar, con la injusticia que pueden acarrear las generalizaciones,, que los que viajamos a un mayor ritmo, respetamos más a los que van lentos, que a la inversa.
Si en uno de esos referidos hilos de cualquier foro de viajes, a alguien se le ocurre contestar por ejemplo, que para ver Ginebra es necesario una semana, normalmente, nadie saldrá contradiciéndole. Pero ¡ay! como se te ocurra decir, que puedes ver Praga y Roma en dos días o la muralla china en uno. Habrá una legión de respuestas, diciendo que eso es imposible, que no viste ni la mitad y que no lo viviste intensamente. ¿Por qué yo tengo que respetar y respeto, a quines dedican cuatro días a los templos de Angkor y tres a Petra y los que dedicamos solamente uno a cada lugar, tenemos que aguantar ácidas críticas y despectivos desprecios? ¿En base a que argumentos, ellos disfrutaron más que yo de la visita?. ¿Quién me puede demostrar a mi con argumentos, que por estar mirando cuatro horas un cuadro –con lágrimas incluidas-, tuvo unas sensaciones más ricas que yo, contemplándolo solo dos minutos?
En los casos anteriores, ellos pueden argumentar, que descubrieron o sintieron el lugar o cosa, con más profundidad y yo sigo con las preguntas. ¿Quién dicta cuál es el grado de profundidad adecuado para visitar algo?. ¿Tanta profundidad, no puede estar llevando a cuestiones secundarias y quitando a la vez, días u horas a otros lugares, que luego no se podrán ver, por falta de tiempo?.
Los tres argumentos básicos, que lanzan –sí, los lanzan, no los dan- algunos -no todos- de los que viajan lento, suelen ser los siguientes:
1º.- “Es que vosotros sois coleccionistas de momentos y de postales”. Tampoco sería tan mala la propuesta, sino fuera porque lo dicen de forma despectiva, sin plantearse tal vez, que el problema lo puedan tener ellos y no nosotros, al ser viajeros de absorción excesivamente lenta.
2º.- “Es que a mi me gusta disfrutar intensamente de los sitios”. ¡Toma y a mi también!. Pero no necesito, ni estarlos contemplando durante horas o días, ni comerme el coco, haciéndome cientos de preguntas sobre, como esa maravilla es posible, como habrá perdurado a lo largo de los tiempos o como fueron capaces de hacerla.
3º. -“Es que si no estás mucho tiempo, no conoces bien los sitios”. Afirmación demasiado contundente y general, dado que cada uno captamos las cosas con distinta actitud, intensidad, interés, inteligencia, sensibilidad o atención, entre otras. Hay quien en dos días, controla más un lugar, que otros en una semana. Tengo una amiga argentina, que es repartidora. Ella lleva tres meses en Valladolid y conoce el callejero y los pueblos de la provincia mejor que yo, que soy de esa ciudad de nacimiento. Por el contrario, a mi ahora mismo, casi recién llegada de China, me resultaría más fácil hacer una guía turística de Shanghai, que de mi propia ciudad. Porque allí estaba 15 horas diarias en la calle y aquí, casi solo salgo para las cosas rutinarias.
No voy a dar ninguna virtud, de lo que supone viajar no lento, porque no pretendo cambiar la velocidad de viajar de nadie y porque no voy a tildar como desventaja, algo que a mi me lo parezca, pero para otro, que seguro no tira piedras contra su tejado, le resulte una ventaja. Solo pido que los “lentos”, hagan con migo lo mismo. Os lo juro, de verdad, me lo paso muy bien y consigo disfrutar de las cosas, viajando como viajo. No necesito un reciclaje, lleno de axiomas absolutos. Tenéis que entender que a mi, estar demasiado tiempo en un sitio, me aburre soberanamente.
Otro día hablaré, de por qué a los que les gusta la naturaleza, se creen superiores a los que nos gusta predominantemente la civilización (incluyo en ella desde Nueva York, hasta el último poblado de África).
sábado, 10 de enero de 2009
Efectos beneficiosos y efectos secundarios a corto plazo, de los viajes largos
Después de las experiencias vividas y de la forma de sentirlas, creo que uno no se estrena como viajero, hasta que no hace un viaje largo. Los viajes cortos son sencillamente escapadas o vacaciones, en las que nunca llegas a desconectar del todo, sino que son una simple pausa en la actividad cotidiana, para volver a retornar a ella, antes casi de darse cuenta. Los periplos dilatados por el mundo, son viajar. El resto es, simplemente vacacionear (no entender el término en sentido peyorativo).
Y cuando viajas, ya no eres el mero espectador que somos, cada vez que vamos de vacaciones, porque llegas a tener conciencia de que este ha sido siempre tu modo de vida y que nada has hecho antes y nada harás después, de emprender el periplo. Llegas a pensar en definitiva, que es tu auténtica forma de vida y por eso, te resulta mucho más fácil integrarte en el entorno y conocerlo por dentro. Y el hecho de verlo de forma endógena, te permite ser más observador, disfrutar más y entender muchas más cosas, que cuando vas de vacaciones
Otra de las ventajas de los viajes largos, es que pierdes absolutamente todos los miedos, porque no puedes mantenerlos durante tanto tiempo y si así ocurre, lo más probable, es que acabes retornando a casa antes de tiempo. Uno no puede estar pensando durante varios meses, ni en la malaria, ni en atentados terroristas, ni si mañana vas a tener un accidente de tráfico o un atropello. Ni siquiera en lo que has dejado o vas a encontrar a la vuelta. Los viajes largos son un mundo en si mismos y un “y a pesar de todo, nosotros seguimos adelante, como si nada”. Nadie vuelve de un viaje largo tal como se marchó, sino que se retorna bastante cambiado. Para bien, para mal o simplemente, para distinto.
Otro de los efectos positivos de las aventuras viajeras prolongadas, viene dado porque aprendes a vivir y a viajar, sin la constante obsesión por planificar, que entraña toda vacación. Como sabes que es imposible planear donde vas a ir a lo largo de un año, te limitas a sacar un boleto de ida y ya en el sitio, piensas en cual será el destino siguiente (así nos ocurrió a nosotros cuando nos fuimos a Bangkok). Como mucho, se llevan planificadas una o dos etapas por delante, no más, porque con una buena guía, se puede ir preparando el itinerario y las visitas de un día para otro.
Aprendes que se puede vivir, comprando los billetes para cualquier destino el día antes y sin hacer ni una sola reserva, llegues a la hora que llegues. Y adquieres también la enseñanza –aunque esa nosotros, ya la teníamos-, de que nada pasa por quedarse una noche a dormir en un aeropuerto o una terminal de autobuses, siempre que tengamos la certeza de que son seguras, cosa que por ejemplo no ocurre en Sudamérica o Centroamérica, pero si en el Sudeste Asiático.
Porque además en los viajes largos, no es un contratiempo que el autobús del día siguiente este lleno, sino una oportunidad, que te hará pensar en nuevos planes, quizás mejor que los que tenías al principio (eso nos ocurrió bastantes veces, sobre todo en Asia). Y Te alivias, viendo y no estando en la piel de los que están de vacaciones, que viajan estresados, para cumplir su calendario de visitas y estar de vuelta en el aeropuerto, el día del vuelo de retorno.
Es curioso, pero nosotros que somos de viajar a buen ritmo, nos hemos cansado más manteniendo el mismo estilo, en un viaje de 12 días, que hicimos por Rumanía, los Balcanes y Albania, que en tres meses y medio por el sudeste asiático o en un mes más por América. Y aún al volver de ambos viajes, nos fuimos a Túnez, Marruecos y nos recorrimos más de 6.000 kilómetros por Turquía, en veinte días, durmiendo 6 noches en autobuses y una en un aeropuerto. Y llegamos a casa tan frescos, sin ninguna sensación de estrés o cansancio
Insistir en una idea que ya esbocé antes y que me parece importante. Los viajes largos te hacen desdramatizar las cosas y te libran, de esa tan absurda cualidad humana que tenemos, de recrearnos de nuestra mala suerte y en la desgracia. Porque terminas aprendiendo, que de lo que consideras un contratiempo, puede nacer una oportunidad y a la inversa. De nuestros problemas con el banco y las tarjetas de crédito los cibers de en Malasia, surgió la oportunidad de viajar a Filipinas, uno de los países en los que no habíamos pensado y que fue de los mejores del viaje.
Las largas travesías, casi siempre suelen estar ligadas a la carencia de ingresos, cosa que no ocurre con las vacaciones. En estas normalmente, se suele dilapidar bastante el dinero, porque al fin y al cabo, para esos están, para disfrutarlas. Pero en el otro caso no, te tienes que ceñir a un presupuesto predeterminado, que querrás estirar más y más, para dilatar la vuelta. Eso te hace adquirir muchas habilidades, en el coloquial arte de “buscarse la vida”, de tal forma que de un solo viaje largo, se aprende mucho más, que de todos los cortos sumados, a lo largo de una vida.
Y ya simplemente por estadística, en un viaje de por ejemplo un año, pues se conoce más gente y se disfrutan más experiencias interesantes, que en diez años de vacaciones. ¡Y además, todas juntas!.
De verdad os digo, a todos los que tenéis la misma pasión que yo por viajar, que hagáis lo imposible en vuestras vidas, por tener la ocasión de disfrutar, de un año sabático por el mundo. Porque solo cuando viváis esta experiencia, os daréis cuenta de que hasta entonces, no habías viajado. Tantos australianos, ingleses o nórdicos, no pueden estar equivocados.
He querido recalcar en el título, lo de efectos secundarios a corto plazo, porque solo hace mes y medio, que volvimos de nuestro periplo por el mundo, por lo que entenderéis, que las consecuencias a largo plazo, las desconocemos. La mayoría de los efectos secundarios vienen dados precisamente, por las virtudes que tienen las odiseas prolongadas.
El mayor de todos, es que enganchan más que cualquier tipo de droga, con lo que cuando vuelves, te sientes realmente huérfano y vacío. Llegas a pensar, que ya nunca disfrutarás de unas simples vacaciones o escapada, que no tiene ningún sentido irte tres semanas a Indonesia, para estar más de tres días volando y que lo tiene todavía menos, es estar matándote once meses, para disfrutar malamente uno, de nuestra afición de viajar.
Por supuesto que luego, está el asunto de la reintegración en la vida normal, en la que llevabas antes de partir. Para irte un año por el mundo, necesitas mentalizarte antes, dado que es una forma de luego no pasarlo demasiado mal, cuando llegan los inconvenientes (que siempre terminan apareciendo). Pero a la hora de partir, no es necesaria ninguna adaptación. Basta con superar los nervios previos a cualquier viaje y en el momento que llegas al destino, ya no piensas en otra cosa.
Pero a la vuelta, la readaptación y reintegración son duras. No tanto al trabajo en si, sino al entorno. Primero, porque te perdiste un año de todo lo que pasó aquí, que aunque no fuera mucho, ha hecho que algunas cosas cambien y después, porque no te llegas a creer que tu antes fueras, un ser como los que ahora te rodean: Agobiado por cosas banales, estresado por asuntos absurdos, haciendo una bola de nieve de cualquier tontería, frívolo a más no poder y con una vida absolutamente plana y carente de interés o emociones.
Y sobre todo, se te desatan los nervios, al volver a principios de diciembre y estar escuchando machaconamente todo el día, “que en España estamos en crisis”, mientas la gente llena sus carros hasta arriba, con las compras de navidad. Entonces, ¿qué vocablo utilizamos por ejemplo, para definir la situación de los niños que comen bocadillos de arroz blanco, en Camboya. O mejor, para los que ni siquiera comen?.
Solo estando por un tiempo prolongado en el tercer mundo, te llegas a dar cuenta de los gilipollas y patéticos que somos en occidente, donde lo tenemos todo, pero en realidad no poseemos nada, porque somos prisioneros de todas esos bienes materiales y vagamos por la vida, más que vivirla. Y aunque parezca que no, readaptarse a la gilipollez, cuesta lo suyo.
Solo estando por períodos dilatados en el tercer mundo, llegas a ser consciente –cuenta ya te das, en unas simples vacaciones-, de por qué allí los niños se pasan el día sonriendo, a pesar de no tener nada, mientras que aquí, se pasan la vida encabronados o en el psicólogo, teniéndolo todo.
Y por último, otro efecto secundario es que a la vuelta, sigues pensando, soñando, escribiendo, disfrutando del viaje. Pero eso no lo puedes compartir con los demás, porque te suelen aguantar durante un rato, pero no más, porque ellos no disfrutaron de esas emociones. Con lo que para no aislarte, tienes que hacer un enorme esfuerzo, para ser partícipe de las “conversaciones banales!, de los que en cada momento te rodean. Y eso no lo digo solo como crítica hacia ellos, sino como autocrítica hacia mi misma, porque no se puede vivir solo del pasado, por muy bonito que fuera.
EFECTOS SECUNDARIOS A LARGO PLAZO DE UN VIAJE LARGO
Prometo escribir este capítulo, dentro de un año. El único de momento, es que me esté planteando dedicarme a la cooperación, en un plazo no muy dilatado, aunque no próximo.
viernes, 25 de enero de 2008
Charla del turista y el emigrante
Mañana llega el día, que con tanta impaciencia a la vez que temor, estábamos esperando. Han transcurrido largos meses de preparativos y unas últimas semanas muy intensas, llenas de ‘gestiones extrañas’, que nada han tenido que ver con las que habitualmente nos impone la monotonía: Ponernos vacunas, cancelar la hipoteca de la casa, tramitar excedencias… y sobre todo, preparar una completa y minuciosa infraestructura, que necesita todo viaje largo para tratar de atar en la mayor medida posible los imprevistos.
Supongo que dentro de cinco años viendo la retrospectiva, consideraremos a esta una de las decisiones más acertadas y coherentes –de acuerdo a nuestra forma de pensar- que hayamos tomado nunca. Pero día a día y desde que nos pusimos manos a la obra con este proyecto, hemos ido notando como poco a poco nos estaba cambiando la vida, al menos en el aspecto mental y hemos ido sintiendo el suave, pero incómodo hormigueo que supone enfrentarse a una situación nueva, de cierto riesgo y con algunos componentes de peligrosidad.
“¿Y a eso le llamas tú riesgo?”, me respondió casi de inmediato y sin titubear alguien que no hacía mucho había llegado a nuestro país con objetivos muy distintos a los del ocio y el conocer mundo. “¿A ir con la profilaxis de la malaria, la cartera llena, un seguro médico a escala mundial y varias tarjetas de crédito y débito, además de dejar una casa pagada en tu tierra, le pones el calificativo de situación de peligrosidad, teniendo en cuenta que en Bolivia, Perú, India, Nepal o Camboya la gente nos tenemos que ir buscando el pan día a día?”.
“Sí, claro”, me apresuré a contestar, seguro de mis argumentos. “Pero eso a mi no me vale, porque no me cabe ninguna duda de que ustedes están hechos de otra pasta diferente, mucho más resistente y compacta que la nuestra. Y encima son más felices, más honrados y, sobre todo, mucho más humanos y solidarios”.
“Pero para nosotros, los opulentos habitantes del mundo desarrollado, supone un drama marcharnos de viaje sin saber como nos ganaremos la vida de aquí a un par de años (cuando hayamos dilapidado todas nuestras reservas) o tenernos que buscar el pan y las habichuelas diariamente por esos ‘mundos hostiles’, aunque sea con una Visa Oro entre los dientes”.
“Y no contentos con eso, todavía tenemos la insolencia y arrogancia de denominarnos a nosotros mismos aventureros o trotamundos, mientras a ustedes les llamamos buscavidas y les miramos de reojo, no sea que nos vayan a quitar la cámara. Y martirizamos a los demás con lo que entendemos como un traumático cambio de vida, consistente en sustituir el sofá de nuestra casa, por hacer de ávidos ‘exploradores’ durante un tiempo. Y claro, a ustedes si que de verdad les puede cambiar la vida cada cinco minutos…”
En esas andaba cuando el me espetó:
“¿Y como decía usted que se llamaba esa cosa tan rara que había tenido que pedir, excedencia?.
No supe que contestar.
Mañana partimos para Sudamérica sin billete de vuelta. Un beso a tod@s.