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jueves, 8 de abril de 2010

Las mejores tarifas aéreas

Las cosas, a la hora de adquirir billetes aéreos, han cambiado mucho, de un tiempo a esta parte. Antiguamente, casi todos volábamos, desde Madrid o Barcelona, a nuestro destino transoceánico. El único secreto, de conseguir una buena tarifa, era la antelación de compra del boleto. No resultaba infrecuente, hacernos con unos billetes, con nueve o diez meses de anticipación y hasta con un año.

Hoy, estos dos parámetros –ciudad de partida y antelación- han cambiado. Con las compañías de bajo coste, se nos hace más fácil y rentable, volar desde Londres, París, Milán, Munich… y así, conseguir mucho mejores tarifas, para los trayectos transcontinentales. Las compañías aéreas son muy listas y nosotros, tenemos que aprender, a serlo también. Ellas, siempre ponen los vuelos mucho más baratos, partiendo desde los países extranjeros, para así competir, con las aerolíneas locales. Incluso, aunque hagan bastantes más kilómetros.

Un ejemplo práctico: Para mayo y con Iberia, volar desde Madrid a Caracas, cuesta cerca de 700 euros. Pero hacerlo, con la misma compañía, desde Lyon, Burdeos, Niza, París o Marsella, sale por 413€, haciendo escala en Madrid. Estamos hablando, de que el ahorro para dos pasajeros, ronda los 600 euros, si tomamos una low cost, a cualquier capital francesa, de las anteriormente mencionadas. La paradoja –que no es tal-, es que Iberia, te añade dos vuelos más –los Burdeos-Madrid-Burdeos- y te cobra 300 euros menos.

Por otro lado, conseguir las mejores tarifas, comprando con mayor antelación, hace tiempo que ya no es garantía, de salir ganando. Hoy lo que procede -además de estar dispuesto, a partir de otra ciudad europea, como ya hemos visto-, es realizar una búsqueda activa. Tomárselo con cierta disciplina y todos los días, dedicar cinco minutos, a proponer a los buscadores aéreos, nuestros intereses viajeros. Os aseguro, que –tarde o temprano y con paciencia- la liebre termina saltando

Ejemplos, tengo bastantes para mostraros: Un Madrid-Shanghai-Madrid, con escala en Doha, por 279 euros; un Madrid-Nueva York-Madrid, directo con Air Europa, por 323€ y un Burdeos-Madrid-Caracas-Madrid, por 413€. El primero y el tercero, los compré con menos, de un mes de antelación y el segundo, con 37 días.

Eso sí. Para que sea más fácil, conseguir auténticos chollos aéreos –como los referidos-, conviene ser flexible y manejarse, con tres o cuatro destinos deseados, optando finalmente, por el que ofrezca el vuelo, de tarifa más competitiva. ¡¡Nunca falla!!.

No es que se trate, de volverse un enfermo del ahorro. Al fin y al cabo, si vamos de vacaciones, es para gastar. Pero, es que el coste del boleto aéreo, suele ser el gasto más importante del viaje y si se consigue reducir, tendremos mucho más dinero, para disfrutar del destino. Por ejemplo, con lo que vamos a economizar, yéndonos hasta Burdeos, para viajar a Venezuela, aún nos sobra peculio, después de pagar, el tour de tres días por Canaima (que precisamente, no es nada barato).

De todas formas, los viajeros estamos de enhorabuena, porque volar hoy en día –incluso, en las compañías de bandera-, es mucho más barato, que hace quince años. No conozco ningún otro sector, en el que haya ocurrido esto. Recuerdo, que un vuelo a Estambul, en el año 97, me costó unas 50.000 pesetas. En 2.008 y con la misma compañía –Alitalia-, lo hicimos por 200 euros.

domingo, 3 de enero de 2010

Me he vuelto aséptica y ya no sufro (ni aún siendo pasajera aérea)

Voy a tratar de hacer, la reflexión más aséptica de mi vida. Y es que son tantos y tan claros, los argumentos que tengo, que apasionándome, me enfadaría lo suficiente, para perder parte de mi sensatez. Así, que prefiero no descentrarme.

Me refiero al asunto, de los controles –periódicamente trasformados en paranoias o en psicosis colectivas-, en las terminales aeronáuticas o aeropuertos. Como ya parto, de que quienes hacen las leyes, las crean, para su exclusivo beneficio y libre interpretación y albedrío, pues por aquí, no tengo intención, ni de enfadarme, ni de hacer –siquiera- crítica. ¿Conformismo, realismo o sumisión?. Tal vez, de todo un poco, porque es lo que hay y listo.

Así, que las únicas armas que nos quedan, son las de –tranquilamente-, esgrimir la aplastante realidad –que otros llamarían lógica-, bien explicada. No vaya a ser, que además de delincuentes –por tratar de boicotear, a toda la aviación de la humanidad-, seamos deslenguados, insolentes con quienes nos gobiernas o en el peor de los casos, incluso, pudiéramos caer en el flagrante delito o hasta, en desacato.

A ver, como consigo explicarme: Si tienen que hacerme un juicio sumarísimo, cada vez que llego a un aeropuerto, que lo hagan, pero al menos, con un poquito de respeto. Que no me tiren la bandeja, donde debo dejar los objetos, a la cara, con displicencia. Que no me digan con arrogancia, lo que tengo que hacer y lo que no. Que se esperen a ver, si he dejado de hacer no sé cuál cosa y que aún en este caso, me lo digan con educación. Y sobre todo, que antes de molestarme verbalmente –cosa que ocurre, en casi todos los aeropuertos de Europa-, se preocupen de comprobar, si doy algún indicio, de sospechoso de algo.

En este sentido y dados los supuestos palos, que se le dan a Estados Unidos, en este asunto –muchos de ellos, probablemente merecidos-, debo decir, que a pesar de la incómoda obligación de descalzarme –que no ocurre en Europa-, me he sentido mucho mejor tratada, en los aeropuertos de este país, que en lso del viejo continente. Más que por política o criterios gubernamentales, me da la sensación –y a mi este elemento, me parece importante-, por la cualificación y profesionalidad, de los empleados, que atienden en lso aeropuertos, que es bastante elevada al otro lado del atlántico y muy floja, en Europa. Sobre todo, en España, Reino Unido e Italia.

Comentado ya, el tema más importante, que es el del respeto, a continuación y sin acaloramiento, voy a tratar de reflexionar –que es a lo único que puedo aspirar, porque otra cosa, no voy a conseguir-, sobre los mandatos aéreos de nuestros gobiernos. Y lo voy a hacer, en forma de afirmaciones, preguntas, deliberaciones o ironías.

1.- ¿Por qué Al-Qaeda, está tan interesada en poner bombas en los aviones y no en las estaciones de trenes, de autobuses, en el metro o en unos grandes almacenes?. O dicho de otra forma: ¿Por qué no nos tenemos que descalzar y enseñar todas nuestras pertenencias, al subir a un tren, un autobús o al ir a comprar al Carrefour?. ¿Vale más la vida, de un pasajero aéreo, que la de un simple ciudadano, en sus quehaceres habituales?.

2.- ¿Nos dan seguridad o sensación de seguridad?. O, ¿tal vez, ni lo uno ni lo otro?.. Respondo, con algunos hechos, que me vienen a lamemoria: Yo en los mismísimos Estados Unidos, he pasado controles aéreos, con cosas en los bolsillos, en bolsos interiores y en los calcetines –todas legales, por cierto- y no en una sola ocasión, sino en varias. Por otra parte, oí el otro día, a una persona, experta en seguridad, que a partir de unas cuatro horas, un operario que se encuentre ante un escáner, lo único que ve, son manchas de colores. Y creéis, ¿qué todos los equipajes que entran en la bodega de un avión, son controlados rigurosamente?. Por creer…

3.- Va a resultar, que ahora, según las paranoias del momento –de las que ya, no tenemos culpa a quien echar, porque no está Bush-, en muchas compañías están prohibiendo ir al baño, durante la última hora de vuelo. O tener cosas encima de ti o taparte con la manta. ¿Acaso está investigado, que los malignos terroristas, solo atacan, en los últimos sesenta minutos del vuelo?. Por cierto: Otro día me gustaría hablar, de los diversos protocolos de la aviación. He omitido la palabra estúpidos, porque si no, no sería una reflexión aséptica, como al principio, prometí.

4.- Asunto de los líquidos, que le habrá pasado, a más de un@. Cuando el año pasado, volvimos de nuestro periplo por América y como nos sobraban pesos mexicanos, compramos en el aeropuerto, una botella de ron, que entró lícitamente en el avión, pero que ya no lo hizo, en nuestro cambio de vuelo, en Frankfurt, por mucho que le explicamos, al empleado de turno, que provenía de la tienda libre de impuestos de Cancún, que estábamos en tránsito y que la bolsa estaba sellada.

5.- Escáneres, que te desnudan. Dejando al margen, el tema de la legalidad –¡Dios mío, los jueces aún me dan más miedo y desconfianza, que los políticos!- o moralidad, que darían para muchas líneas, se puede pensar ¿qué alguien que quiera ocultar algo en su cuerpo, no va a saber bien, donde hacerlo y más, si en la pantalla –como dicen van a hacer-, los genitales parecen borrosos o el proceso, es controlado por un ordenador?. ¿Y por qué, no nos desnudan electrónicamente, al entrar en el Corte Inglés?

Aún así, seguiré aséptica, porque me gusta viajar y no me queda otra, que visitar, muy a menudo, aeropuertos varios. Pero, cuando me vengan a pedir el voto: Que se descalcen, se quiten el cinto, pongan sus cosas en una cesta, pasen por el arco de seguridad de mi cocina…

martes, 29 de septiembre de 2009

La desfachatez de Air Europa, tienne final feliz (de momento)

Nuestras peores sospechas, se han confirmado en el día de hoy. Aunque el final, ha sido casi feliz, después de explicaciones incomprensibles, momentos de inquietud, abono del minuto de llamada, a más de un euro y buen trato, eso sí

Sabemos desde hace tiempo, por diversas incidencias ocurridas en el pasado -que ahora no vienen al caso-, que Air Europa es una compañía lamentable y de muy poco fiar. Aunque nos seguimos arriesgando a volar con ellos, debido a que en algunos destinos –no en tantos como antes-, sus precios están bastante por debajo de la competencia. Es el caso de los vuelos a Túnez, uno que antes iba a Río de Janeiro y que quitaron en mayo del año pasado y el que conecta Madrid con Nueva York, que es el que ahora tocaba.

La tarifa que conseguimos, de 323 euros i/v, resulta unos 80 euros menos, que las más bajas de sus competidores. Así que, como bien sabéis y una vez más, nos armamos de valor y compramos los billetes, para visitar Estados Unidos, durante 16 días, a primeros de noviembre.

La web de Air Europa, es aún más lamentable, que la propia compañía. Tiene una única virtud: Que te permite visualizar a la vez, los vuelos al destino elegido, de todas las fechas del mes. Todo lo demás, son defectos: Diseño poco atractivo. A veces se queda colgada. Si has metido un dato mal (por ejemplo ida, por ida y vuelta) y quieres modificarlo, te borra todo lo anterior y hay que empezar de nuevo. Los precios, que se visualizas en el calendario, a veces no coinciden con los reales. Y podría seguir, pero ya solo, me voy a referir a lo peor: No hay manera, de hacer un seguimiento a tu reserva. Menos mal que al menos esta vez, no nos dio problemas al reservar nuestras plazas, a diferencia de otras ocasiones.

El caso es, que ayer andaba aburrida y ¡bendito aburrimiento!. Quise comprobar, si en Checkmytrip (
https://www.checkmytrip.com/plnext/XCMTXITN/CleanUpSessionPui.action?SITE=XCMTXITN&LANGUAGE=GB ), aparecía el itinerario y el estado de los vuelos. Positivo. Miro el de ida y se muestra confirmado. Voy a ver el de vuelta y leo lo siguiente, en cuanto a su estado: “No es posible, no funciona”.y debajo, nos colocan otro vuelo, para la misma hora del día siguiente y cuyo estado es: “Confirmación cambio de hora”. O Sea, no es que lo retrasen unas horas, si no que lo cancelan y nos hacen esperar un día completo Supongo que cualquier persona, que tenga unas fechas de vacaciones limitadas y cerradas, se hace cargo del problema.

Esta mañana y como es lógico, llamamos a la compañía. En el 902 de Air Europa, nos indican que para informarnos sobre ese tema, hay que llamar a un 807, que cuesta más de un euro el minuto y que tenemos que pagar nosotros, aunque la culpa del desaguisado, sea de la compañía. ¡A callar y a pagar! Ya hemos aprendido hace tiempo, que el temple tiene que ser nuestro guía.

La señorita –muy amable, eso sí-, nos dice, que efectivamente, ese domingo, no hay vuelo. Pero, ¿por qué, si el resto de los domingos de noviembre, si opera?. No sabe, no responde. Y, ¿por qué la compañía, nos vendió un vuelo inexistente, desde su propia web?. Respuesta: Sí, es que el vuelo existía, pero ahora lo han quitado, por los horarios de verano e invierno”. ¡Ah, o sea, qué van quitando vuelos cuando les apetece, con pasajes ya vendidos?.

La siguiente pregunta, es de pura lógica, teniendo en cuenta la conversación: ¿Y cuando pensaban comunicarnos la cancelación, tal vez el día antes?. No sabe. Y es que el colmo de la desfachatez de Air Europa, es que nos suspenden el vuelo y encima, ni nos envían un correo electrónico

Nos ofrecen la posibilidad, con la misma tarifa –faltaría más-, de volar el sábado o el lunes. Pero claro, el lunes ya no podemos y si lo hacemos el sábado, perdemos un día, de nuestras preciadas vacaciones. A la señorita, ambas cuestiones, le dan igual, aunque trata de disimularlo.

Resulta, que si yo quiero cambiar las fechas de un vuelo o tengo que pagar un suplemento de 20 euros o en otros casos, es misión imposible. Ingenua de mi, pregunto, si al modificar las fechas ellos, me dan los 20 euros a mi. Negativo. Al menos, si queremos, nos devuelven nuestro dinero, perdemos los vuelos y todos, tan amigos. Pero eso, no nos interesa

Trato de no perder la calma e intento negociar. Aceptamos volar a la vuelta un día antes, si también nos permiten, adelantar la ida un día, sin ningún coste adicional. Tendremos que reorganizar algunas cosas, pero al menos, no perdemos un día. Aceptan. Esperamos, que esta haya sido, la primera y última sorpresa, aunque estaremos alerta, porque volar con Air Europa, es como comprar en la Bolsa, los denominados chicharros: O te va de miedo o te hundes.

Lo que hacen las compañías aéreas –unas más que otras-, es sencillamente, una vergüenza. Tienen licencia para matar y para saltarse la legislación europea, a su antojo. Aplican hasta el extremo, la normativa para pasajeros y se saltan a la torera, lo que les concierne a ellas, mientras las autoridades europeas, miran para otra parte.

Es cierto, que hay una legalidad, que protege a los pasajeros, pero nada se conseguir, si no vas con abogado y a juicios, por lo que al final, te sale bastante más caro, que lo que vas a reclamar. Aún, estoy esperando sentada y ha pasado casi un año, que me indemnicen, por el retraso de más de 24 horas, que tuvimos en el aeropuerto de Roma, viniendo de Turquía, por la huelga de Alitalia.

martes, 25 de agosto de 2009

¡¡¡VIVA Ryanair!!!

"Jamás respondisteis a mi reclamación y el exceso de peso en el equipaje es más caro, que el kilo de marisco en Navidad, pero aun así...: ¡os quiero!". No hace mucho que en la prensa, encontrábamos estos fragmentos de una carta, que una usuaria valenciana, enviaba a las oficinas de la compañía aérea Ryanair. Esto viene a demostrar, que las controversias que genera la bajo coste irlandesa, ya no solo están en el plano social, sino dentro del propio individuo. Pura relación de amor/odio.


En el fondo creo, que a Ryanair le va la marcha y que lejos de incomodarles, tanta crítica les reconforta. Es aquello tan viejo, del que hablen de mi, aunque sea mal. Y a otros muchos, también les viene bien. Por ejemplo, al gobierno. Porque mientras se habla, de que si Ryanair cobra no se cuanto por cada bulto o por el check-in on line, nadie hace comentarios sobre la millonada que se está gastando el estado –con comisiones incluidas, para muchos políticos, supongo-, en hacer un AVE para ricos y potentados.


Mientras tanto, Ryanair gana dinero, como debe hacer cualquier empresa, da oportunidad de viajar a mucha gente y se ríe del mundo, ahora con lo de volar de pie y pagar un euro por el servicio. Pues si hay que abonarlo, pues se abona y debate terminado. ¿Por qué nos quejamos por esto y nos quedamos tan campantes, cuando nos soplan diez euros, por un recorrido de 20 kilómetros, que no vale ni dos, desde un aeropuerto, hasta el centro de la ciudad?.


Y es que desde mi punto de vista, las controversias se acaban rápido, bajo el contundente argumento, de que puedo volar de Madrid a Barcelona por 4 euros, con todo incluido y con solo equipaje de mano, mientras que ir en el tren, me cuesta quince veces más. Otro ejemplo: Para el puente de octubre, haremos Valladolid-Milán-Madrid, por tan solo 8 euros por persona. ¿Imagináis cuanto cuesta, solo el tramo Barcelona-Milán, a través de esa sociedad de desvergonzados, que en su día crearon RENFE y la francesa SNCF? Con esto, ya no haría falta seguir, pero me apetece hacerlo.


Las asociaciones de consumidores –líbrenos Dios de ellas- hablan y no paran, de que la política de Ryanair es engañosa y poco clara, de que cobran por todo, de que no dan servicios…, pero nunca las oí protestar, cuando dos gilipollas, con pretensiones de exclusividad mundial, pagan casi 4.000 euros cada uno, por un viaje de 15 días a Argentina, en Viajes de El Corte Inglés. Y hay mucha gente, que despilfarra esta cantidad y sale gozosa, sin saber que gasta diez veces más de lo que cuesta y que luego ponen el grito en el cielo, porque Ryanair les quiera cobrar, 16 euros por una maleta. ¡La estupidez humana, no tiene, ni tendrá límites!.


Ryanair no engaña a nadie y si son muchos, los que tratan de engañar a Ryanair. Por ejemplo, intentando pasar por bultos de mano, auténticos maletones o como vi el otro día a una chica, proponiendo colar como este tipo de equipaje, un bulto que pesaba 14,5 kilos.


Vamos a tratar de analizar, los tres principales tópicos.


1.- “Ryanair cobra por todo, sobre todo por el equipaje.”. Sí, es cierto y parece justo, que uno que lleva 15 kilos, pague más que el que viaja con un simple bolsito de mano. Lo que resulta completamente injusto, es lo contrario: Pagar por lo que no se usa. En las compañías tradicionales, nos obligan a desembolsar dinero, por todos los servicios que ofrecen, independientemente de que los utilicemos o no.


2.- “El sistema de venta es confuso y engañoso”. Falso. Es sencillísimo, para toda aquella persona, con una formación media, que se haya dado tres garbeos por internet. Se trata simplemente, de ir añadiendo o restando servicios y pagar exclusivamente, por lo que se necesita. Es bastante más fácil, que sea una agencia, la que te meta la bacalá


3.- “Cuando hay problemas, como cancelaciones u otros, se lavan las manos”. Sí, eso está mal, ciertamente, pero muchas de las aerolíneas tradicionales, hacen exactamente lo mismo. Aún estoy esperando, la indemnización de Alitalia, después de haber presentado la reclamación cinco veces, por el retraso de 24 horas, que tuvimos el año pasado, volviendo de Turquía. Cierto es que a nosotros, por lo menos nos dieron comida y hotel, pero a la mayoría, ni eso. Y me temo, que o voy a los tribunales o no cobraré nunca. Legislación Europea = Papel mojado.


Voy ahora, con lo que me parecen las mayores ventajas, de esta aerolínea irlandesa:


-Gracias a Ryanair, los ciudadanos de provincias, ya no necesitamos desplazarnos a Madrid, para viajar por Europa. Y gracias a esta compañía, el turismo en nuestras propias ciudades, se ha revitalizado.


-Es una de las compañías aéreas, con mayor puntualidad. Y no es casualidad, porque su rentabilidad, depende de ello.


-O es que me estoy acostumbrando o últimamente, la distancia entre asientos ha aumentado algo y estos son un poco menos espartanos, que antes.


-Te avisan mil veces por correo electrónico, los días antes de tu vuelo, para que hagas la facturación on line, por lo que es casi imposible, que se te pueda olvidar.


Pero como digo unas cosas, también menciono las otras. Hay tres cosas de esta compañía, que no entiendo y que serían fácilmente mejorables.


-El excesivo celo, comparado con la mayoría de la competencia, en llevar hasta el límite, todos los protocolos de seguridad.


-El trato poco amable del personal. No he visto aerolínea, con más caras de amargad@s de la vida, entre l@s auxiliares de vuelo, que en esta.


-Carece de3 sentido, que pagar con la tarjeta de la compañía, salga 10 euros más caro, que hacerlo con una Visa Classic Aunque esto es pura anécdota.

viernes, 12 de octubre de 2007

¡Dios mío, yo también me estoy convirtiendo en lowcostpata! (IV de IV)

Y por último, están las aerolíneas que sin mayor remordimiento mezclan varias o todas estas prácticas, expuestas en la reflexión anterior.

Bueno, por último no. Porque hubo una, que no solo nos cobró lo que prometía desde el principio, sino que además nos dejó (en nuestro próximo vuelo de Madrid a Milán del 1 de julio) elegir los asientos que queríamos en la aeronave, sin tener que pagar a mayores 1 solo euro: Vueling. Para los que los aviones nos dan cierto respeto, que te dejen elegir asiento y poder escoger entre los de las primeras filas del avión, es muy gratificante.

Enriquecí en algunos casos la pequeña investigación sobre el bajo coste, con algunas opiniones de viajeros sobre determinadas aerolíneas y me resultaron chocantes algunas que leí, creo recordar, sobre la compañía Smartwings. ¿Hasta tal punto han calado en la clientela determinados mensajes?.

Yo he sostenido –y sigo sosteniendo- que en muchas compañías aéreas de las de bandera –Iberia entre ellas- se come mejor que en muchas casas, a pesar de que me haya pasado años leyendo en los foros que menuda mierda es la comida que se sirve en la mayoría de los vuelos. Pues ahora resulta –solo hace falta que lo expresen de forma poética- que se leen opiniones –y no una ni dos- sobre las excelencias de las viandas que proporciona Smarwings, que entrega a los pasajeros una pequeña bebida y un bocata. ¡En fin, pilarín, lo que tiene que leer una. Bendita paciencia que hay que tener!.

Claro, luego haces probaturas en unas cuantas fechas sobre como te salen de precio los vuelos en esa compañía o en otra de bandera y te das cuenta de que para la mayoría de las fechas son similares o aproximados.

No quisiera finalizar este conjunto de reflexiones sobre las low const sin hacerme la siguiente pregunta. ¿Qué es una compañía bajo coste?.

Desde mi punto de vista, sería aquella que ofrece vuelos a precios muy bajos de forma muy habitual. Y ello, sin tener que ceñirse a ofertas muy concretas o destinos puntuales, a reservar con lustros de antelación o a estar todo el día buscando a la ganga, dado que con estos métodos se pueden conseguir buenos precios en cualquier compañía del mundo.

Ateniéndome a mi propia definición y a las experiencias personales y de conocidos, desde mi punto de vista solo habría dos compañías realmente bajo coste en Europa: La irlandesa Ryanair y la española Vueling. Y debo decirlo así, a pesar de que Planeta, que es la editorial que gestiona esta última compañía, no es precisamente santo de mi devoción (ello no es solo debido a la cierta manía, que pueda tener a la marca Geoplaneta, sino a razones mucho más poderosas que no vienen al caso)

Si algún viajero conoce otras aerolíneas que cumplan esta característica de precios baratos casi siempre y me lo comenta por mail, no dudéis que lo pondré por aquí.

Quiero aclarar finalmente, que en ningún momento he querido decir que los billetes de avión en general, y en el corto y medio radio en particular, sean caros. Todo lo contrario. Hoy en día es más barato volar a casi cualquier destino que hace diez años. Ya quisiéramos que pasara lo mismo con los billetes de tren. Lo que si afirmo es que si algo se vende como bajo coste, tiene que serlo.

Escrita el 7 de junio de 2.007

¡Dios mío, yo también me estoy convirtiendo en lowcostpata! (III de IV)

Pero es que desde mi punto de vista, la cuestión principal y sobre la que poco o nada se debate al hablar del bajo coste (al menos por los lugares intenérticos por donde me muevo), es la dificultad para distinguir entre el trigo y la paja. Ver, en definitiva, si realmente es oro (bajo coste) todo lo que reluce (lo que se ofrece como tal). Y mi respuesta a esta cuestión sería contundente: No.

A mi modesto entender, moverse en el nebuloso universo de las tarifas supuestamente low cost es tan complejo, como hacerlo en el farragoso terreno de las tarifas de las compañías de la telefonía móvil. Em ambos casos, cuando uno está dentro del laberinto es complicado acertar con el camino correcto.

A lo largo de un dilatado periodo de tiempo, en aburridas mañanas de domingo (no disfruto de muchas, dado que suelo trasnochar los sábados), me puse a comparar rutas, prestaciones, precios, pluses, extras, formas de pago de unas cuantas de estas compañías aéreas. En concreto, Vueling, Ryanair, Esasyjet, Click Air, Belle Air, Smartwings, Germanwings, Air Berlín, Club Air, Alpieagles, Hemus Air, On Air, Wizzair, Blue Air, My Air, Meridiana y Blue1. ¡¡17 aerolíneas!!. La muestra, por tanto, parece suficiente.

Por supuesto que no tuve la paciencia de leerme toda la letra pequeña de cada una de ellas (no lo hubiera hecho ni siquiera delante de mi abogado), pero si de algunas de algunas y prácticamente con todas, hice simulaciones de precios finales. Es como para volverte loca o para tener un experto contable de dilatada y fiable trayectoria a tu lado para que te vaya haciendo las cuentas y –casi- gráficos comparativos.

Unas, a pesar de definirse como bajo coste, son sencillamente bastante caras, tanto o más que las de bandera en muchas ocasiones. ¿Por qué existe una regulación que define lo que es desnatado, bajo en calorías o ecológico y no la hay para circunscribir lo que es bajo coste?.

Otras expresan las tarifas de forma tan compleja y enmarañada, que ya entran ganas de desconfiar desde el principio de iniciar la búsqueda, pensando que en cualquier momento, el más inesperado, te la colarán con algo no deseado.

Luego están las que te proponen una tarifa ridícula, pero a cada paso que avanzas te van incluyendo nuevos extras (y cada vez más), que un día va a haber que cuantificar antes de comprar el billete cuantos tosidos pretendemos emitir durante el vuelo, pera en su función, facturarnos también por ello. ¿Cómo puede convertirse por arte de birli birloque un pasaje de un céntimo en otro de 80€, tan solo dos pantallas después?.

Otras se dedican a jugar a su conveniencia con las tasas de aeropuerto y/o los impuestos de carburante, de tal forma que de un día a otro pueden variar hasta un 50%. También están las que te añaden más o menos importe según pagues con Visa, Trisa o Cuatrisa.

El colmo de los colmos en este sentido es Raynair, que no solo dispone de hasta cuatro comisiones diferentes dependiendo de la tarjeta con la pagues, sino que la emitida por ellos mismos es de las que las tiene más caras. ¿Entonces cuáles son las ventajas de este pedazo de plástico, si la propia compañía que lo emite te penaliza por su uso?.

Escrita el 6 de junio de 2.007

¡Dios mío, yo también me estoy convirtiendo en lowcostpata! (II de IV)

Pero francamente, si al vicio por el bajo coste le quitamos esos elementos competitivos y emotivos (similares a jugar al bingo o ir a la caza de gangas a El Corte Inglés el primer día de las rebajas), ese tiqui taca tipo Andrés Montes y esa sensación de estar tirando constantemente de la palanca o pulsando al botón de la tragaperras en busca del ansiado premio gordo, la cosa pierde bastante sustancia.

Hubo una época hace poco más de un lustro, en las que todos –yo incluida- comprábamos alocadamente acciones de empresas puntocom, como si se fueran a acabar al día siguiente. Bastaba con que una firma de bragueros de lana australiana u otra de fabricación de chinchetas de colores sensuales para colgar calendarios pornos se pusieran la mágica coletilla puntocom, para que empezaran a subir en bolsa como la espuma, aunque solo tuvieran que ver algo colateralmente con el mundo de la tecnología o de internet (muchas de ellas, aunque solo fuera, que disponían de un ordenador en su oficina).

Luego llegó la crisis. Unas desaparecieron tal como habían surgido, otras cayeron hasta mínimos y el resto, se apresuró a quitarse a toda velocidad el bendito puntocom y a esforzarse por gritar a diestro y siniestro, que ellos eran en realidad, una empresa de las tradicionales de toda la vida, que nada tenían que ver ni querían saber del volátil mundo de Internet.

Aunque parece que el mercado del bajo coste ya está suficientemente consolidado, al menos en el viejo continente, veo bastantes paralelismos entre aquella alocada situación puntocom y lo que es el bajo coste de ahora, con matices, por supuesto.

Cierto es –a pesar incluso de Air Madrid y de alguna otra-, que el sector parece ya no correr el riesgo de cierres masivos y sin previo aviso de compañías aéreas que se las prometían (o nos vendían ser) muy felices y que dejaron tirados, compuestos y sin su dinero a miles de pasajeros; pero también lo es que en este mundo del bajo coste, hasta para quienes dedicamos unas cuantas horas de vez en cuando a investigar lo que ocurre en lo relacionado con el sector de viajes, se nos hace muy difícil distinguir el trigo de la paja.

En cualquier caso y para dejarlo claro, estas reflexiones personales –como todas las de esta sección de la web- que estoy ahora plasmando sobre el bajo coste, no están dirigidas a resolver o debatir sobre la sempiterna polémica de si estas compañías son mejores, más o menos seguras u ofrecen mayor puntualidad que las compañías tradicionales de bandera. A mi estos temas, francamente, me aburren bastante, dado que todos casi ya somos capaces de recitar de memoria las ventajas y desventajas de las low cost.

En el capítulo de las primeras, el "supuesto" mejor precio y la no penalización de vuelos "solo ida", que deberían compensar las molestias ocasionadas por las segundas, como los peores o menor oferta de horarios, la lejanía de los aeropuertos desde donde operan (aunque en muchos casos están cambiando y ya lo hacen desde los principales), el pago de los servicios a bordo o que a veces conviertan las cabinas de pasajeros en mercadillos cubiertos, a modo de los zocos de Siria.

No tengo mucho más tiempo para seguir hoy, pero en las dos próximas reflexiones sobre este asunto y a no mucho tardar, os quiero hablar sobre una modesta investigación que he hecho en el sector de las que operan por Europa y daré mi opinión sobre las dos únicas compañías que yo considero realmente de bajo coste (basándome en mi experiencia personal o de amigos/conocidos). El resto, más que de bajo coste son de ofertas puntuales o de sutiles engaños.

Escrita el 5 de junio de 2.007

¡Dios mío, yo también me estoy convirtiendo en lowcostpata! (I de IV)

Ya, ya sé que me queda pendiente de escribir la segunda parte de la reflexión anterior y lo haré, pero es que hoy estoy poseída, endemoniada diría yo. Hacía ya tiempo que no me planteaba un circuito por Europa en tan solo 11 días, tomando varios vuelos y, ahora que ya se acerca julio y lo veo tan inminente, me han entrado los nervios, que poco a poco se han ido trasformando en adicción: “Origen”…, “Destino”…., “Fecha”… “Buscar”… “Click”… Y así una y otra vez, como quien con ansias y sin control introduce una tras otra las monedas en una tragaperras.

Llevo seis horas casi sin interrupción (que hasta casi estoy a punto de colocarme una sonda directa al servicio, para ni tener que levantarme de la silla), hurgando por las estructuras internéticas del bajo coste y ahora es cuando empiezo a entender lo de los ludópatas.

-Vamos, Eva, vente a cenar –me dice mi chico (lo de marido me sigue sonando fatal)-.

-No, no, espera diez minutos, cuarto de hora a lo sumo, que casi ya lo tengo ¡¡Esta a punto de salirme, ya noto el ADSL caliente… Déjame, que si no lo saco yo, seguro que se lo lleva otro!!, –he contestado sin separar los ojos de la pantalla-.

-Pero mujer –me ha dicho-, si ya has probado con Wizzair, Blue Air, Hemus Air, My Air, Meridina, Sky Europe, Gerrmanwings, Smartwings, Ryanair, Vueling, Click Air y no sé cuantas más. ¡Déjalo un poco para mañana!.

-¡Que no, que no, que está al caer!. Con Belle Air, Alpieagles, Club Air o Esasyjet lo saco seguro. Lo presiento. ¡Qué sí, que sí, mira!. Desde Split volamos a Cracovia, de Cracovia, a Estocolmo, de Estocolmo a Dublín y de ahí a Helsinki vía Atenas. Y por fin nos plantamos en Milán tras pasar la noche en el aeropuerto de Tirana, en Albania.

-Pero, Eva. Si ayer me habías dicho que desde Split íbamos a Sofia, de ahí hasta Budapest y desde este punto a Milán. ¡Y no teníamos que pasar la noche en ninguna parte!.

-Ya, ya. Pero es que he readaptado el recorrido. He quitado Brasov y Sighisoara (en Rumanía) del itinerario, para poder sacar tiempo para pasar la noche en el aeropuerto de Tirana. ¡Seguro que allí tendremos toda una inolvidable experiencia y esta combinación de vuelos nos permitirá ahorramos todavía 8€ más a cada uno!....

Mi chico ya no responde.

Y es que ni sopas de letras, ni sudokus, ni siquiera el entretenidísimo y viejo tetris o los novedosos juegos en tres dimensiones. Nada engancha más en la actualidad y resulta más electrizante y adrenalínico que jugar al bajo coste, bien simulándolo por entretenimiento o bien –como es mi caso en la actualidad- por próximas necesidades viajeras.

Es como ir a las rebajas, pero sin salir de casa. Cierto es que en vez de comprar blusas, medias o pantalones, solo adquieres códigos alfanuméricos. ¡Pero pone lo mismo pensar que has conseguido una auténtica ganga o que has logrado sacarlo siquiera un poco más barato que otro amigo tuyo que viajó al mismo destino hace dos meses. Da igual tener más o menos medios económicos. ¡Lo importante es ganar, ganar y ganar, aunque solo sea por un céntimo!.

Hasta yo, que dispongo de los suficientes recursos económicos para no preocuparme en exceso de los precios de los vuelos y que hasta hace no mucho era bastante escéptica con la mayoría de las compañías que se definen como bajo coste, debo reconocer que me he enganchado a la mecánica.

Tal es así, que me estoy planteando muy seriamente patentar y crear una especie de monoply del bajo coste, con aeropuertos en vez de calles, boeings y airbuses en lugar de hoteles y casas y penalizaciones o bonificaciones por llevar o no maletas, tasas de aeropuerto y suplementos de combustible. Lo mismo estas navidades, lo véis en el mercado. ¡Y pienso forrarme!.

Escrita el 24 de mayo de 2.007.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (VI de X)

Tópico 6: "La comida de los aviones (aunque, en general, sería extrapolable a la que ofrecen en cualquier medio de transporte) deja bastante que desear". Francamente, no sé las variadas y excepcionales viandas que debe comer la gente en su casa, para afirmar esto con tanta contundencia.

Este tópico me recuerda bastante a esa tan manida frase que escuchamos por todos los rincones de España al llegar las fiestas más entrañables del año: "Menuda puta mierda que es la cesta de navidad que nos ha dado la empresa este año. Cada Vez peor. Para eso es mejor que no nos dieran nada". Pero instantes después de tan vehemente sentencia se van tan ricamente a recogerla y a llevársela a su casa.

Aunque a lo largo de los años he odio muchas veces esta frase, solo conozco a una persona que tiene por costumbre renunciar y no disponer de su "lamentable" cesta de navidad (en este caso la dona a una ONG). Del mismo modo ocurre con la comida de los aviones: A casi nadie le gusta, pero no son demasiadas las bandejas de comida que en un avión retornan al carro sin haber sido engullidas.

Arriesgándome a parecer menos viajera o una trotamundos de segunda clase (que es a lo que podemos asemejarnos a los ojos del común de los mortales quienes no despotricamos sistemáticamente contra Iberia o sostenemos que la comida de los aviones es muy digna), me atrevería a decir que he comido mejor en la mayoría de las compañías aéreas en las que he viajado, que en muchos bares e incluso que en algunas casas de otra gente.

Ya no hablo de la clase preferente (donde durante las pocas veces en que he tenido oportunidad de volar me han servido platos excelentes y apetitosos), sino de la clase turista de la mayoría de aerolíneas donde la comida es gratuita. Idéntico juicio resulta aplicable a las compañías de ferrocarril donde la manutención va incluida en el precio del billete (por ejemplo en la preferente del AVE o en compañías que gestionan coches-cama), donde he tenido el gusto de disfrutar de un avituallamiento, como mínimo, decente y en ocasiones, de un nivel bastante elevado.

Solo en cuatro o cinco ocasiones de las numerosas en que he volado, diría que la comida no estuvo al nivel de lo deseado o de lo minimamente exigible (recuerdo una vez en la alemana Luthansa, donde nos pusieron una grasienta tortilla francesa con unas aún más aceitosas salchichas, que ni retorciéndolas como si de una prenda de ropa mojada se tratara soltaban todo aquel exceso oleico).

Bien es cierto también, al menos para mi gusto, que ni los postres dulces que a veces ponen, el café (aunque no soy muy cafetera ni en los aires ni en tierra) y el pan de los aviones son santos de mi devoción, pero los platos principales suelen estar bastante apetitosos y convenientemente presentados. Recuerdo en mis dos últimos vuelos haber degustado una lasaña y una bandeja de arroz con tomate y bonito natural que estaban para chuparse los dedos

Hasta el vino que sirven (para comer lo prefiero a la cerveza), siendo de mesa, claro, es más decente que el que se bebe a diario en muchas casas o bares.

Lo de comer con servilletas de papel, tenedores de plástico o haciendo virguerías para que nada se caiga, son elementos que hacen que resulte mucho más agradable y relajante comer en tierra firme. Pero una cosa es el marco y otra bien distinta la calidad y la forma de cocinar los productos, que como ya he dicho, me resultan bastante adecuadas en términos generales.

Escrita el 5 de marzo de 2.007

Algún día los árboles del bajo coste nos dejarán ver el bosque

Dos noticias relacionadas con el mundo de la aviación me han llamado la atención recientemente. Por un lado, son varias ya las compañías aéreas (empezando por Emirates y terminando por Iberia, que parece que es la última que se ha sumado) que piensan dotar a sus aeronaves de las estructuras y tecnología que nos permita hablar y hablar a través del móvil mientras viajamos a bordo.


Era lo que ya nos faltaba. Ni en un momento en el que la mayoría de los países civilizados impiden usar el móvil en determinados transportes y envían a usarlos a las plataformas laterales (los ferrocarriles franceses, por ejemplo), van las compañías aéreas y nos quitan el último y sagrado reducto –el del avión- donde podíamos leer, ver películas, descansar, comer, relajarnos meditar, imaginar… sin ser asediados física y psicológicamente por gritones/as desquiciados/as, tiroriros de tono subido o melodías de dudoso gusto que se repiten hasta la saciedad para alimentar el aburrimiento de/la maleducado/da de turno.


Realmente ¿es necesario que las compañías aéreas nos quieran someter a este castigo. ¿No es suficiente ya con el ansioso desenfundar y encender que observamos desde hace tiempo mientras el avión rueda por la pista hasta el lugar de desembarque?. No quiero ni pensar –aunque ya las intuyo- en las “interesantes materias” de las conversaciones que vamos a tener que sufrir a bordo, que seguro estarán más encuadradas en las banalidades a gritos y el marujeo aéreo, que en las altas finanzas o los exclusivos negocios transcontinentales. ¿Es realmente tan imprescindible saber si el niño ha merendado bien al salir del colegio a 33.000 pies de altura?.


Conmigo que no cuenten, ni para convertir los aviones en casinos como pretenden algunas. compañíaas de bajo coste, ni para instalar antenas en los aparatos. Ni siquiera aunque ello supusiera una bajada de los precios de los billetes (50 euros menos no me sacan de pobre y mi calidad de vuelo vale más que esa cantidad). Y si al final así deciden implantarlo (porque será una imposición y a cada cosa, por su nombre), ruego al personal de vuelo que tenga a bien entregarme junto a la mantita una caja de tapones de cera para los oídos. Soy ex fumadora, pero me molesta bastante más que alguien esté dando gritos en el asiento de al lado, que echándose relajadamente un pitillo.


La segunda noticia que quería comentar, en realidad ni me va ni me viene; pero me cae al pelo para comentar otro asunto al que hace tiempo me quería referir aquí.


Parece ser, que algunas compañías de bajo coste como la americana Jet Blue, estudian poner una sola fila de clase preferente en sus aeronaves, donde podrían ofrecer los extras habituales y que necesariamente no debería ser más cara, dado que con esto conseguirían ahorrarse una azafata por vuelo y, por tanto, bastantes millones de dólares anuales (el número de personal de vuelo está directamente relacionado con el total de las plazas del avión).


A mi esto me parece fenomenal, claro está, siempre que no me toque en la fila de detrás de esa clase de “bussines” y me tenga que pasar el vuelo viendo como el de delante se pone hasta los ojo de caviar, percebes foie al oporto y solomillo a la pimienta.


Lo que si me incita a la reflexión –y soy usuaria de low cost siempre que me sale a cuenta la relación /tiempo/dinero/comodidad/distancia de los aeropuertos al centro- es que cada cosa que hace una compañía de bajo coste –por mínima o insustancial que sea- salte a la portada de todos los blogs genéricos y noticiarios de viajes.


Hemos convertido la información de viajes en un publicar y publicar sobre estas empresas, sus acontecimientos y sus habituales y banales discusiones (y digo banales, porque generalmente se refieren a la seguridad y casi ninguno tenemos datos suficientes para opinar). Parece que no hubiera otra forma de moverse por el mundo que con estas compañías. Ni por tierra, ni por mar, ni en tren, ni a caballo, ni en bicicleta… Estamos incidiendo en todo momento en lo fácil que es disfrutar de los destinos en la actualidad utilizando estos vuelos de precio reducido, pero ¿quien habla de viajar disfrutando de los trayectos?.


Como impenitente y curtida amante de los viajes terrestres, debo decir que en muchísimas ocasiones he disfrutado más de los trayectos que de los propios destinos.

Algún día, cuando los árboles del bajo coste nos lo permitan, conseguiremos ver lo bonito que es bosque.


Escrita el 13 de febrero de 2.007

sábado, 6 de octubre de 2007

Superar el miedo a volar es más fácil de lo que parece

Hace un rato he leído una divertida anécdota que cuenta un experimentado piloto. Un pasajero viajaba en el vuelo Madrid-Santiago de Chile y a las dos horas del despegue se acercó extrañado a la cabina a preguntar el por qué de la tardanza en llegar. Resultó ser que el destino previsto de este pasajero era Santiago de Compostela.

No hace demasiado, un avión comercial que se dirigía a una ciudad española, acabó en otra, debido a un problema de coordenadas o algo así, sin que la tripulación se enterara.

Estos anecdóticos e hilarantes ejemplos, se pueden convertir en poderosas y pesadas razones en contra de la seguridad de la aviación para ese 49% de personas, que –en diferentes grados- padecen el miedo a volar:

Para todos ellos –por si pueden servir de ayuda- dejo aquí unos cuantos datos y mi experiencia personal.

-Una persona que tomara el puente aéreo entre Madrid y Barcelona todos los días de su vida, tardaría 14 siglos en tener un accidente de aviación. Volar es cuatro veces más seguro que viajar en tren, 8 más que ir por la calle, 10 más que estar en casa y 29 veces menos arriesgado que conducir un automóvil.

-Las turbulencias y las tormentas, se miden en diferentes grados que van desde el 1 hasta el seis. Todos los aviones comerciales están preparados de fábrica para superar una turbulencia de tipo 6. Sin embargo, los pilotos de los aviones no están autorizados a volar por zonas que sobrepasen el nivel 2. En ese grado de la escala, el único peligro radica en que un pasajero pueda caer al suelo del avión o que la bandeja de la comida salte por los aires.

-Una aeronave a la que se le estropearan los cuatro motores a la vez, a 11.000 kilómetros de altura sobre los cielos de Burgos, podría llegar perfectamente a recorrer planeando las más de cien millas que le separan de Barajas. Y habrá quien pregunte: ¿Y si ocurre en el centro del Atlántico?. Ha habido experiencias de amerizaje con resultados bastante positivos.

Por lo demás y descendiendo al nivel de lo que puede ser mi propio caso, que es el que mejor conozco: ¿Es posible perder el miedo a volar?. ¿Es factible hacerlo solo, sin ayuda de profesionales y en casa?.

A la primera pregunta, un rotundo “sí” y a la segunda un “en muchos de los casos, también”.

Nunca me habían dado miedo los aviones. Era de las que disfrutaba volando y contemplando paisajes desde los cielos: Pero una mala experiencia camino de Estambul en 1997 me encendió las señales de alarma, que se fueron haciendo más evidentes, hasta que en 2.001 y tras otro muy mal rato en un vuelo desde Indonesia a Ámsterdam, tomé la decisión más radical: Dejar de volar.

Nadie fue capaz de convencerme de que volviera a tomar una aeronave en los siguientes dos años. Ni siquiera los profesionales, con muy buenos argumentos y experiencias en casos similares. Tampoco las palpables limitaciones a la hora de desplazarme o de llegar a puntos lejanos ejercieron presión alguna sobre la decisión. Era una cerrazón absoluta. De tal modo que por evitar, por ejemplo un Madrid-Palma de tres cuartos de hora, hice Valladolid-Barcelona (tren)-Palma (barco)-Ibiza-Palma-Barcelona-Valladolid.

Así que la primera conclusión, es que para enfrentarse a la aerofobia, la decisión debe salir de quien la padece, para lo que es necesario mucho empuje y más fuerza de voluntad. Pero los resultados son ciertamente milagrosos y con este paso se anda más de la mitad del camino.

Llegados a ese punto, las recomendaciones serían:

-Hazte con algún libro en que se expliquen las técnicas de relajación (a mi no me sirvió de nada, pero parece que a otra gente si le ayuda) y el funcionamiento técnico y mecánico de los aviones. Hay unos cuantos en el mercado (si quieres bibliografía escríbeme un correo).

-Trabajo mental para cambiar los viejos esquemas. Ir echando a los pensamientos negativos del cerebro y cerrar las puertas tras su salida, para abrir las del otro lado y dar entrada a los pensamientos positivos. A mi hubo especialmente cuatro que me ayudaron bastante

1.- “Si los demás lo hacen yo también puedo hacerlo”.

2.- “Voy a conseguir subir a ese trasto y pasármelo bien

3.- “Quiero seguir conociendo el mundo”.

4.- “Llegado el fatal caso, de algo hay que morirse”.

-No empezar queriendo irse a Asia o América en los primeros vuelos. Un vuelo nacional o internacional de corto radio puede ser una buena forma de empezar. Y si es de bajo coste, mejor, porque así no sentirás la presión de perder mucho dinero si al final no lo coges.

-Huir de la medicación durante el vuelo: Es pan para hoy y hambre para mañana y no evita lo parte peor del miedo a volar, que es la ansiedad de los días previos. Por eso –y en circunstancias de mucho nerviosismo-, si recomiendo una medicación de mantenimiento –más que de choque- con algún ansiolítico recetado por un médico los cuatro o cinco días antes. Pero durante el vuelo, mejor no tocarlos.

-El día del vuelo, súbete a bordo todo tipo de entretenimientos –periódico, baraja, mp3…- y tu mejor sonrisa.

Escrita el 19 de octubre de 2.006

Iberia y el Dios Cronos o acabar en Islandia

No se si será fruto de la leyenda, de las viperinas lenguas ociosas o sucedió así en la realidad, pero la historia la he oído mil veces. Se trataba de un vuelo por América del Sur, en el que el copiloto y el piloto iban escuchando de forma tan animada un partido entre selecciones nacionales de fútbol, que cuando se quisieron dar cuenta, se hallaban en plena amazonia, lejos de su itinerario y sin apenas combustible. Resulta más predecible conocer cual fue el desenlace del vuelo que el resultado del propio partido de balompié.


Sin tintes tan trágicos, no hace mucho, un vuelo que debía acabar en Santiago (si no recuerdo mal) terminó en Sevilla, porque alguien metió mal las coordenadas del vuelo, o –vaya usted a saber- porque la Virgen de la Macarena le quisiera gastar una pequeña broma al Apóstol.


En mi vida, habré volado unas 15 veces con Iberia y nunca jamás tuve mayores problemas que ligeros retrasos en la salida de algún vuelo. Pero como ya hace tiempo que la comunidad viajera brama al unísono contra esta compañía, estoy empezando a considerar aquel refrán que habla de barbas, vecinos y remojones.


Ayer por la tarde, recibí un correo electrónico desde Terminal A indicándome que Iberia ha cambiado los horarios de los vuelos a y desde Egipto, que tenemos que coger en noviembre. No supone una gran modificación, ni nos creará demasiados contratiempos, pero resulta algo alarmante.

Los horarios antiguos eran MAD/CAI 16,50-21,40 (tiempo de vuelo, 3 horas 50 minutos). Vuelta 0,25-6,35 (7 horas y diez minutos). Todos, horarios locales. Los nuevos son: 16,50-22,40 (tiempo de vuelo, 4 horas y 50 minutos) a la ida y 01,25-6,35 a la vuelta (seis horas y diez minutos)

Las condiciones no cambian. El primero sigue siendo directo y el segundo con escala técnica en Barcelona, pero a la ida tardamos una hora más y a la vuelta una menos que antes. Curiosas y algo maquiavélicas resultan las matemáticas de Iberia.


Que ocurre, ¿a la ida el comandante nos va a entretener una hora más por el camino con un paseito turístico por la costa norteafricana y a la vuelta le va a pisar a fondo para tardar una hora de menos?. ¿O son las extrañas corrientes de la atmósfera (y digo extrañas porque solo afectan a Iberia)? Prefiero pensar eso, antes que considerar que la compañía de bandera española no se entera de los cambios de la hora en los países del mundo. Porque si pienso esto segundo, no me subo a ese Airbus con esta gente de Iberia. ¿Si no tienen un conversor de horarios, tendrán siquiera una brújula?


En fin, que ya tengo los dedos cruzados y todas las fotos de los santos delante para que esos días de vuelo, ni haya partido de selecciones nacionales de fútbol, ni acabemos en Islandia (que visto lo visto, no sería el mal peor).


Escrita el 3 de octubre de 2.006.