Dicen las estadísticas, que España es el tercer país del mundo, en cuanto a donaciones, por la catástrofe de Haití (de la que los medios de comunicación, ya apenas se acuerdan). Este dato, que a algunos les hará enternecerse y sentirse orgullosos, contrasta –y no me sorprende-, con lo que cada vez más, voy constatando en mi vida cotidiana y que no es otra cosa, que el incremento, del visceral rechazo a los inmigrantes y una radicalización de las opiniones, sobre todos aquellos, que desembarcan en nuestro país, simplemente, para ejercer su derecho a procurarse, un futuro próspero.
Quienes así actúan, suelen responder a unas características y lugares comunes. Por supuesto, no reconocen ser de ultraderecha –como de hecho, son- o racistas –aunque sorprendentemente, una amiga que proclama estas ideas, el otro día, fue capaz de asumir sin rubor, que quizás, si lo sea-. De nada sirve que les expliques, que puestos a discriminar, todos encontraríamos argumentos, para tratar de marginar a cualquier persona, aún teniendo el mismo lugar de nacimiento. Así, los altos podrían desmerecer a los bajos, los ricos a los pobres, los guapos a los feos, los universitarios a los analfabetos… y ¡para que seguir!.
Suelen ser, sujetos de baja formación académica –aunque no siempre-, porque la ignorancia, es lo más atrevido del mundo. De nada sirve que les expliques, que si España es hoy un país próspero, la población crece y también los ingresos a la Seguridad Social –con los que se pagan las pensiones, por ejemplo-, es por las aportaciones de los inmigrantes, que además, hacen aquellos trabajos, que los españoles no queremos realizar.
Tampoco recuerdan, cuando los españoles emigrábamos a Alemania, Suiza y Francia, durante los años sesenta. Y no lo hicimos a Hispanoamérica, de donde proceden, los que ellos llaman sudacas, porque la mano de obra que allí necesitaban, en aquellos tiempos, era cualificada y los españolitos de a pie, no daban la talla, ni tenían las suficientes capacidades.
Por supuesto, de aquellos emigrantes patrios, pocos fueron los que se interesaron, por integrarse en sus sociedades de acogida y aún menos, los que aprendieron alemán, francés o inglés. Mientras, cualquier rumano, búlgaro o bosnio, te habla en nuestro idioma, después de dos semanas de residencia. Y que decir, de los latinoamericanos, cuya verborrea, es fácil que deje en mal lugar, a los desestructurados, pobres, chabacanos y engreídos hablares ibéricos, llenos de vulgaridades e incorrecciones, gramaticales y sintácticas.
No es difícil pronosticar, por aventurado que parezca, que España volverá a ser, un país de emigrantes. No sé desde que momento, ni a donde tendremos que ir, pero tendrá que ocurrir. Porque no hay nación que soporte, casi cinco millones de parados, la tasa más elevada de la Unión Europea, junto a Letonia
No sé que es lo que, pero en España, algo se nos ha subido a la cabeza. Desde hace un tiempo, nos creemos el ombligo del mundo –cada vez que vuelvo, de cualquier viaje por el extranjero, lo constato más- y nos sonrojamos y escandalizamos, porque el comisario europeo Almunia –que no deja de ser español-, compare nuestra situación, a la de Grecia. Yo voy más lejos: He estado hace un par de semanas en Portugal y me dio la sensación, de que se vive mejor que en España. Al menos allí, solo se paga el 12% de IVA y no el 18%, como nos clavarán aquí, desde el próximo julio.
Y si aún, con los datos que he dado, no conseguís identificar a los sujetos de los que versa esta reflexión, os añado algunas características más: Odio visceral a Zapatero, -político, en que han concentrado todas sus iras y frustraciones, inspirados por desvergonzados medios de comunicación- y creencia absoluta, de que tienen toda la indiscutible verdad. Debes respetarlos, por supuesto, aunque ellos no admitan ninguna forma de pensamiento, distinta a la suya
Son personas que, generalmente en la vida, solo ven un único camino: El que han forjado o les han instruido de pequeños y se niegan, a hacerse cualquier planteamiento, que les desvíe de esa senda. Y además, son intransigentes, con que otros pretendamos hacerlo. Pero esta última realidad, da para mucho más que para un párrafo. Así, que le dedicaré, la próxima reflexión.
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domingo, 7 de febrero de 2010
jueves, 21 de enero de 2010
Haití: Estoy harta, de los medios de comunicación
Soy licenciada en periodismo y mis primeros años profesionales, se desarrollaron dentro del sector. Pero no por eso, dejo de estar harta, de que los medios de comunicación, decidan a cada momento, lo que es noticia o no. Es cierto que en Haití y debido a un terremoto, han muerto 75.000 personas, pero este país, ya debería haber sido noticia, hace mucho tiempo, por ser el más pobre de América. Y nunca lo fue.
Y es que la pobreza, ni sensibiliza, ni vende, ni eleva los índices de audiencia, mientras que las catástrofes, sí. Sobre todo, si se sirven al conmovido espectador, como un espectáculo circense, bien montado. Lo vimos con las invasiones de Irak y con otros tantos desastres más (naturales o provocados por el hombre). Pero dentro de veinte días –quizás antes-, el tema dejará de ser atractivo, desde el punto de vista comercial y de audiencias. Así, las pobrezas y penurias de Haití, volverán al más absoluto olvido. ¡¡Lo hemos visto tantas veces: Etiopía, Somalia, el tsunami del sudeste asiático, Irak…!!
Es verdad, que 75.000 muertos, en una semana de hecatombe, son muchos muertos. Pero aún, me parece más noticioso, que cada seis segundos, muera un niño, en nuestro planeta. Hagamos cuentas: 10, al minuto; 600 a la hora; 14.400 al día y ¡5.256.000 al año (no bisiesto)!. Pero de esos, nadie se acuerda –tal vez, un ratito en Navidad-, ni ningún ente o persona, nos pide que descontemos dinero de nuestras nóminas, para los pobres damnificados o que hagamos donativos.
Y, a diferencia del cataclismo de Haití, en el caso de los niños hambrientos, tampoco van George Clooney, Angelina Jolie, Brad Pitt o Sandra Bullock, a dar corriendo, un millón de dólares, porque de esa forma, no saldrían en los periódicos, de todo el mundo. ¡Publicidad más barata, a nivel mundial y a costa de los pobres haitianos, no la van a tener nunca!. Si quieren donar esa cantidad –que para ellos, es como 10 euros para mi-, que lo hagan en silencio, como cualquier otro ciudadano. Tengo ganas, de ver a estos actores millonarios, dando generosos donativos sin publicidad, a los países pobres de África, por ejemplo. ¡Seguro, que algunos que no se dan tanto bombo, ya lo hacen, con discreción!
Como ya dije, la pobreza no vende. Porque de hecho, en nuestra misma España, hay nueve millones de pobres y nadie les da un donativo o mejor, una posibilidad, de ganarse honradamente la vida. ¿Y, alguien sabría recitar, la lista de los países más pobres del mundo?. No lo creo. Yo ahora mismo, me voy a san Google, a ver si me saca de dudas: Hay varias entradas y tomo esta, al azar: Zambia, franja de Gaza, Zimbawe, Chad, Mooldavia, Haití, Liberia, Guatemala, Surinam y Angola (pongo solo, los diez primeros). Salvo de Haití y de la franja de Gaza –ambos, por motivos obvios-, ¿alguien vio en los noticieros de los últimos meses, referencias de estos países?. Al menos, las sensibles televisiones españolas, podrían hacer, un Callejeros Viajeros en Chad o Españoles, en Zambia.
Pero, de lo que estoy más harta, es de cómo los medios de comunicación, juegan con nuestra sensibilidad. Frases, en todos los programas –hasta en los deportivos-, tipo: “pobrecitos” o “con lo que están pasado”. ¡A ver si se enteran, de que lo que están pasando, aún sin catástrofes, es desde que el mundo es mundo y no, desde el martes pasado!.
Y claro, todo el santo día, escuchando la matraca, a los ciudadanos, nos entra el lícito ataque de sensibilidad, que se nos pasa, por supuesto, después de haber visto el telediario y de acudir al banco, para dejar un pequeño donativo, del que el banquero –también por supuesto-, se llevará su tajadita, en forma de comisión. Porque los banqueros, no pierden nunca.
Que a los ciudadanos, nos entren esos repentinos ataques de sensiblería –más que de sensibilidad-, no deja de ser normal, porque somos seres humanos, con sangre en las venas. Pero que los gobiernos, se rasguen ahora las vestiduras, ¡eso ya, clama al cielo!. ¡Si es que ellos, eran plenamente conocedores, de la calamitosa situación de Haití, mucho antes, de la maldita catástrofe!. Eso sí, ahora toca perdernos en discusiones, de por qué nos han pillado despistados y hemos dejado salir, más a los marines norteamericanos, en las fotos de los periódicos. ¡¡Burócratas insensibles y miserables!!.
Pero el culmen de mi hartazgo, llegó cuando en el día de ayer, leí una noticia, con este titular: “Un crucero de lujo, desembarca en Haití, cerca de la catástrofe”. ¡Vaya!, partiendo, de que la agencia organizadora, no es experta en guardar las formas, ni tiene el don de la oportunidad (podían haber desembarcado, en República Dominicana), el resto de la idea, que se nos pretende transmitir en la noticia, me parece demagogia, pura y ofensiva. ¡Vamos a ver!: Yo no voy a dejar de viajar, a todo el África subsahariana, porque se están muriendo de hambre; a no ir de vacaciones, porque los chadianos, no se las puedan permitir o a no comer, porque en Ruanda, no dispongan de media, ni de un dólar al día, para todos sus gastos. Los problemas del mundo, no los hemos causado los ciudadanos –viajeros o no-, ni tampoco, somos los responsables de resolverlos.
Señores periodistas: Déjennos en paz a los viajeros –sean de lujo o no-. Porque nosotros, vamos a los sitios y tratamos de conocerlos, integrándonos entre sus habitantes y de comprenderlos. Poco más podemos hacer (salvo excepciones). Ustedes van, sacan la foto o el reportaje, montan el espectáculo circense, se vuelven a casa y se olvidan.
Prometo, que en este blog, se seguirá hablando de Haití, cuando ya nadie hable de Haití.
Y es que la pobreza, ni sensibiliza, ni vende, ni eleva los índices de audiencia, mientras que las catástrofes, sí. Sobre todo, si se sirven al conmovido espectador, como un espectáculo circense, bien montado. Lo vimos con las invasiones de Irak y con otros tantos desastres más (naturales o provocados por el hombre). Pero dentro de veinte días –quizás antes-, el tema dejará de ser atractivo, desde el punto de vista comercial y de audiencias. Así, las pobrezas y penurias de Haití, volverán al más absoluto olvido. ¡¡Lo hemos visto tantas veces: Etiopía, Somalia, el tsunami del sudeste asiático, Irak…!!
Es verdad, que 75.000 muertos, en una semana de hecatombe, son muchos muertos. Pero aún, me parece más noticioso, que cada seis segundos, muera un niño, en nuestro planeta. Hagamos cuentas: 10, al minuto; 600 a la hora; 14.400 al día y ¡5.256.000 al año (no bisiesto)!. Pero de esos, nadie se acuerda –tal vez, un ratito en Navidad-, ni ningún ente o persona, nos pide que descontemos dinero de nuestras nóminas, para los pobres damnificados o que hagamos donativos.
Y, a diferencia del cataclismo de Haití, en el caso de los niños hambrientos, tampoco van George Clooney, Angelina Jolie, Brad Pitt o Sandra Bullock, a dar corriendo, un millón de dólares, porque de esa forma, no saldrían en los periódicos, de todo el mundo. ¡Publicidad más barata, a nivel mundial y a costa de los pobres haitianos, no la van a tener nunca!. Si quieren donar esa cantidad –que para ellos, es como 10 euros para mi-, que lo hagan en silencio, como cualquier otro ciudadano. Tengo ganas, de ver a estos actores millonarios, dando generosos donativos sin publicidad, a los países pobres de África, por ejemplo. ¡Seguro, que algunos que no se dan tanto bombo, ya lo hacen, con discreción!
Como ya dije, la pobreza no vende. Porque de hecho, en nuestra misma España, hay nueve millones de pobres y nadie les da un donativo o mejor, una posibilidad, de ganarse honradamente la vida. ¿Y, alguien sabría recitar, la lista de los países más pobres del mundo?. No lo creo. Yo ahora mismo, me voy a san Google, a ver si me saca de dudas: Hay varias entradas y tomo esta, al azar: Zambia, franja de Gaza, Zimbawe, Chad, Mooldavia, Haití, Liberia, Guatemala, Surinam y Angola (pongo solo, los diez primeros). Salvo de Haití y de la franja de Gaza –ambos, por motivos obvios-, ¿alguien vio en los noticieros de los últimos meses, referencias de estos países?. Al menos, las sensibles televisiones españolas, podrían hacer, un Callejeros Viajeros en Chad o Españoles, en Zambia.
Pero, de lo que estoy más harta, es de cómo los medios de comunicación, juegan con nuestra sensibilidad. Frases, en todos los programas –hasta en los deportivos-, tipo: “pobrecitos” o “con lo que están pasado”. ¡A ver si se enteran, de que lo que están pasando, aún sin catástrofes, es desde que el mundo es mundo y no, desde el martes pasado!.
Y claro, todo el santo día, escuchando la matraca, a los ciudadanos, nos entra el lícito ataque de sensibilidad, que se nos pasa, por supuesto, después de haber visto el telediario y de acudir al banco, para dejar un pequeño donativo, del que el banquero –también por supuesto-, se llevará su tajadita, en forma de comisión. Porque los banqueros, no pierden nunca.
Que a los ciudadanos, nos entren esos repentinos ataques de sensiblería –más que de sensibilidad-, no deja de ser normal, porque somos seres humanos, con sangre en las venas. Pero que los gobiernos, se rasguen ahora las vestiduras, ¡eso ya, clama al cielo!. ¡Si es que ellos, eran plenamente conocedores, de la calamitosa situación de Haití, mucho antes, de la maldita catástrofe!. Eso sí, ahora toca perdernos en discusiones, de por qué nos han pillado despistados y hemos dejado salir, más a los marines norteamericanos, en las fotos de los periódicos. ¡¡Burócratas insensibles y miserables!!.
Pero el culmen de mi hartazgo, llegó cuando en el día de ayer, leí una noticia, con este titular: “Un crucero de lujo, desembarca en Haití, cerca de la catástrofe”. ¡Vaya!, partiendo, de que la agencia organizadora, no es experta en guardar las formas, ni tiene el don de la oportunidad (podían haber desembarcado, en República Dominicana), el resto de la idea, que se nos pretende transmitir en la noticia, me parece demagogia, pura y ofensiva. ¡Vamos a ver!: Yo no voy a dejar de viajar, a todo el África subsahariana, porque se están muriendo de hambre; a no ir de vacaciones, porque los chadianos, no se las puedan permitir o a no comer, porque en Ruanda, no dispongan de media, ni de un dólar al día, para todos sus gastos. Los problemas del mundo, no los hemos causado los ciudadanos –viajeros o no-, ni tampoco, somos los responsables de resolverlos.
Señores periodistas: Déjennos en paz a los viajeros –sean de lujo o no-. Porque nosotros, vamos a los sitios y tratamos de conocerlos, integrándonos entre sus habitantes y de comprenderlos. Poco más podemos hacer (salvo excepciones). Ustedes van, sacan la foto o el reportaje, montan el espectáculo circense, se vuelven a casa y se olvidan.
Prometo, que en este blog, se seguirá hablando de Haití, cuando ya nadie hable de Haití.
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