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martes, 25 de agosto de 2009

¡¡¡VIVA Ryanair!!!

"Jamás respondisteis a mi reclamación y el exceso de peso en el equipaje es más caro, que el kilo de marisco en Navidad, pero aun así...: ¡os quiero!". No hace mucho que en la prensa, encontrábamos estos fragmentos de una carta, que una usuaria valenciana, enviaba a las oficinas de la compañía aérea Ryanair. Esto viene a demostrar, que las controversias que genera la bajo coste irlandesa, ya no solo están en el plano social, sino dentro del propio individuo. Pura relación de amor/odio.


En el fondo creo, que a Ryanair le va la marcha y que lejos de incomodarles, tanta crítica les reconforta. Es aquello tan viejo, del que hablen de mi, aunque sea mal. Y a otros muchos, también les viene bien. Por ejemplo, al gobierno. Porque mientras se habla, de que si Ryanair cobra no se cuanto por cada bulto o por el check-in on line, nadie hace comentarios sobre la millonada que se está gastando el estado –con comisiones incluidas, para muchos políticos, supongo-, en hacer un AVE para ricos y potentados.


Mientras tanto, Ryanair gana dinero, como debe hacer cualquier empresa, da oportunidad de viajar a mucha gente y se ríe del mundo, ahora con lo de volar de pie y pagar un euro por el servicio. Pues si hay que abonarlo, pues se abona y debate terminado. ¿Por qué nos quejamos por esto y nos quedamos tan campantes, cuando nos soplan diez euros, por un recorrido de 20 kilómetros, que no vale ni dos, desde un aeropuerto, hasta el centro de la ciudad?.


Y es que desde mi punto de vista, las controversias se acaban rápido, bajo el contundente argumento, de que puedo volar de Madrid a Barcelona por 4 euros, con todo incluido y con solo equipaje de mano, mientras que ir en el tren, me cuesta quince veces más. Otro ejemplo: Para el puente de octubre, haremos Valladolid-Milán-Madrid, por tan solo 8 euros por persona. ¿Imagináis cuanto cuesta, solo el tramo Barcelona-Milán, a través de esa sociedad de desvergonzados, que en su día crearon RENFE y la francesa SNCF? Con esto, ya no haría falta seguir, pero me apetece hacerlo.


Las asociaciones de consumidores –líbrenos Dios de ellas- hablan y no paran, de que la política de Ryanair es engañosa y poco clara, de que cobran por todo, de que no dan servicios…, pero nunca las oí protestar, cuando dos gilipollas, con pretensiones de exclusividad mundial, pagan casi 4.000 euros cada uno, por un viaje de 15 días a Argentina, en Viajes de El Corte Inglés. Y hay mucha gente, que despilfarra esta cantidad y sale gozosa, sin saber que gasta diez veces más de lo que cuesta y que luego ponen el grito en el cielo, porque Ryanair les quiera cobrar, 16 euros por una maleta. ¡La estupidez humana, no tiene, ni tendrá límites!.


Ryanair no engaña a nadie y si son muchos, los que tratan de engañar a Ryanair. Por ejemplo, intentando pasar por bultos de mano, auténticos maletones o como vi el otro día a una chica, proponiendo colar como este tipo de equipaje, un bulto que pesaba 14,5 kilos.


Vamos a tratar de analizar, los tres principales tópicos.


1.- “Ryanair cobra por todo, sobre todo por el equipaje.”. Sí, es cierto y parece justo, que uno que lleva 15 kilos, pague más que el que viaja con un simple bolsito de mano. Lo que resulta completamente injusto, es lo contrario: Pagar por lo que no se usa. En las compañías tradicionales, nos obligan a desembolsar dinero, por todos los servicios que ofrecen, independientemente de que los utilicemos o no.


2.- “El sistema de venta es confuso y engañoso”. Falso. Es sencillísimo, para toda aquella persona, con una formación media, que se haya dado tres garbeos por internet. Se trata simplemente, de ir añadiendo o restando servicios y pagar exclusivamente, por lo que se necesita. Es bastante más fácil, que sea una agencia, la que te meta la bacalá


3.- “Cuando hay problemas, como cancelaciones u otros, se lavan las manos”. Sí, eso está mal, ciertamente, pero muchas de las aerolíneas tradicionales, hacen exactamente lo mismo. Aún estoy esperando, la indemnización de Alitalia, después de haber presentado la reclamación cinco veces, por el retraso de 24 horas, que tuvimos el año pasado, volviendo de Turquía. Cierto es que a nosotros, por lo menos nos dieron comida y hotel, pero a la mayoría, ni eso. Y me temo, que o voy a los tribunales o no cobraré nunca. Legislación Europea = Papel mojado.


Voy ahora, con lo que me parecen las mayores ventajas, de esta aerolínea irlandesa:


-Gracias a Ryanair, los ciudadanos de provincias, ya no necesitamos desplazarnos a Madrid, para viajar por Europa. Y gracias a esta compañía, el turismo en nuestras propias ciudades, se ha revitalizado.


-Es una de las compañías aéreas, con mayor puntualidad. Y no es casualidad, porque su rentabilidad, depende de ello.


-O es que me estoy acostumbrando o últimamente, la distancia entre asientos ha aumentado algo y estos son un poco menos espartanos, que antes.


-Te avisan mil veces por correo electrónico, los días antes de tu vuelo, para que hagas la facturación on line, por lo que es casi imposible, que se te pueda olvidar.


Pero como digo unas cosas, también menciono las otras. Hay tres cosas de esta compañía, que no entiendo y que serían fácilmente mejorables.


-El excesivo celo, comparado con la mayoría de la competencia, en llevar hasta el límite, todos los protocolos de seguridad.


-El trato poco amable del personal. No he visto aerolínea, con más caras de amargad@s de la vida, entre l@s auxiliares de vuelo, que en esta.


-Carece de3 sentido, que pagar con la tarjeta de la compañía, salga 10 euros más caro, que hacerlo con una Visa Classic Aunque esto es pura anécdota.

sábado, 6 de octubre de 2007

Preparar un viaje: Hoja de excel, el imán del frigorífico y un juego de libretas (III de VI)

Nada tienen que ver los viajes de ahora con los viajes de antes. Aunque más bien, cabría decir que nada tienen que ver los equipajes de ahora con los equipajes de antes. A medida que se va aprendiendo a viajar, se va adquiriendo también sabiduría a la hora de organizar los equipajes y se consigue distinguir entre lo que es irse de vacaciones y hacer una mudanza.

Aunque algunos lo consideren imposible, teniendo en cuenta las espectaculares maletas y bolsos que se ven en los aeropuertos o estaciones ferroviarias, es posible largarse un mes de viaje con una mochila de apenas seis o siete kilos sobre las espaldas (salvo que nuestro destino sea un lugar realmente alejado de la civilización). Hay una sencilla premisa, que sin embargo no se llega a comprender hasta que una tiene cierta experiencia viajera: En el destino, normalmente, también se pueden comprar cosas si es que se necesitan.

Utilizo una regla bastante simple para hacer las mochilas: Pienso en lo que tengo que meter y cuando lo tengo decidido quito justamente la mitad. Recuerdo un viaje a Estambul en 1.997 en el que Alitalia nos perdió una de las mochilas. La desesperación fue tremenda y el disgusto inicial hizo que apenas disfrutáramos de nuestras primeras horas en Turquía. Reclamación en el aeropuerto, visita a la compañía aérea al día siguiente para pedir explicaciones…. Pero a medida que iban pasando las horas, nos dimos cuenta de nuestra suerte: 25 días viajamos por Turquía y Bulgaria con la mitad de peso y teniendo que comprar apenas cuatro o cinco cosas.

Y lo que ayudaría todavía más a reducir el paso de nuestros bultos es que alguien inventara el cargador universal. Nos ahorraría llevar el equipaje lleno de cables y plástico duro: El cargador del móvil, el de las pilas, el del mp3, el de la cámara digital… De tal forma que cuando los pones por la noche en el hotel, de tantas lucecitas, parece una feria.

Otra de las cosas que hemos aprendido con los años es que nuestra casa es un domicilio particular y no la oficina de turismo. La lógica diría que el equipaje debe pesar algo menos (si no se es de comprar muchos regalos) al final que al principio del viaje, pero ese no era nuestro caso. Fácilmente, tres o cuatro kilos de celulosa siempre nos acompañaban a la vuelta. Y no solo los planos o los folletos, sino cualquier papel que nos daban por la calle (fuera publicidad de un restaurante o de una peluquería) pasaba a formar parte de nuestro ajuar, incluidos hasta los papeles con oraciones de las iglesias. Y al llegar a casa, comenzaba el ceremonial de colocarlos por países y archivarlos meticulosamente, para en la limpieza del año siguiente (una vez diluidos los aromas del viaje) acabar el 90% de ellos (todos menos planos y folletos) en la basura.

Sin embargo y aún con el paso de los años, hay una manía que no hemos perdido: La de tirar cosas en el tramo final de los viajes. Mucha de la ropa y el calzado que tenemos viven en esos días sus últimos momentos.

Escrita el 27 de octubre de 2.006

Equipajemanía: Pasión y pánico en los aeropuertos

Estoy nerviosa, muy nerviosa. En 16 días cojo mi próximo vuelo y me encuentro ciertamente intranquila. Las aeronaves y todos aquellos bichos que se despegan, aunque solo sea algunos metros, del suelo, hace ya tiempo que no son mi medio de transporte favorito; pero el molesto remusguillo en el estómago y el acelerado palpitar de mi corazón no están debidos a tan aerofóbica circunstancia

Ni siquiera a otras que por si solas podrían desatar un ataque de pánico en los temperamentos más sensibles, tales como moverme por la T4 sin un GPS, que pierdan nuestras maletas en Barajas (sería la tercera vez que ocurre), volar con Iberia o que la citada compañía nos haya cambiado ya dos veces los horarios de los vuelos.

Las que realmente me aterran, son las nuevas prácticas aeroportuarias que han puesto de moda convertir a nuestros equipajes en esos oscuros objetos de deseo de unos y otros. De una parte los buenos, los defensores de la ley y el orden, se afanan, en vaciar de cosas nuestros equipajes de mano. De otra los malvados, terroristas o traficantes sin escrúpulos, se empeñan en llenar de cosas nuestras maletas. Unos vacían y otros llenan, quitan y ponen, en lo que podría ser la brillante idea de un exitoso reallity televisivo con cámaras incorporadas, sino fuera porque en el medio nos encontramos los indefensos pasajeros.

Tanto a unos como a otros, me gustaría decirles que dejen tranquilos mis bultos, que mi equipaje lo hago yo y no necesito sus sugerencias sobre lo que debo desplazar en los viajes.

Podría exponer argumentos demoledores contra las nuevas normas de control de equipajes de mano de la Unión Europea, pero me voy a morder la lengua y esperaré a vivirlas in situ en nuestro próximo desplazamiento aéreo para emitir una opinión más ajustada a su plasmación práctica.

Sobre el otro acontecimiento, el de esa peluquera española, que en su viaje de novios ha realizado un excitante tour por una prisión mejicana sin haberlo contratado, no logro siquiera intuir –ya no digo, adivinar- como hubiera reaccionado yo ante unos hechos similares. Supongo que a la sorpresa inicial, le siguen por este orden, la incredulidad, la indignación contenida por no entender nada, la frustración y el abatimiento. El hecho de vivir, en un aeropuerto internacional, como la policía te agarra y te va separando de tu acompañante, con el que pensabas volver a tu país, debe ser algo imposible de sacar del pensamiento durante el resto de una vida.

Los incidentes o situaciones de riesgo que una ha tenido que vivir en los aeropuertos, afortunadamente, no han sido demasiados y se reducen a:

-Minuciosa inspección (de un cuarto de hora, en Stansted) de un policía tras encontrar un abrelatas (del que ni nos acordábamos) en el equipaje de mano. Sin decir palabra y sin modificar en ningún momento el aspecto de su semblante, fue revisando objeto a objeto y minuciosamente todo el contenido de la mochila.

-Situación de extrema tensión –solucionada por un amable responsable de inmigración- al descubrir a pocos minutos de salir nuestro avión desde el aeropuerto de Estambul, que nos habíamos colado de forma ilegal en el país, desde Bulgaria.

-Transporte de bastante más tabaco o alcohol del permitido en algunos vuelos. Esto, que para muchos supondrá mera rutina, a mi (que disimulo tan mal) me genera los mismos nervios que si llevara armas o droga.

Volviendo al tema del detonador y las balas. ¿La eligieron a ella por algo en concreto o fue simplemente el azar, quien puso todo ese material en su equipaje?. En cualquier caso, seguro que en alguna parte del mundo, hay alguien frotándose las manos y haciendo los primeros bocetos de un sistema de seguridad que nos permita tener controlado en todo momento el interior de nuestra maleta.

Escrita el 18 de octubre de 2.006