sábado, 22 de mayo de 2010
África nos espera
Desde el desconocimiento y la osada ignorancia, África, siempre nos pareció, un continente anodino, muy similar en sus paisajes, carente en gran medida, de patrimonio artístico, de ciudades poco interesantes y lleno, llenito de animales salvajes (seguro que en el futuro, cambio de opinión, como otras tantas veces, pero hasta la fecha, el único interés que tenemos por los animales, se circunscribe a los de dos patas y no me refiero, precisamente, a las aves). Seguro, que el tener que vacunarse de casi todo, la maldita y amenazante malaria, el insoportable calor tropical o la insalubridad, también fueron componentes, que aunque subjetivamente y sin darnos siquiera cuenta, incidieron en la decisión, de dejar África, sine die.
Demasiadas cosas juntas, para habernos animado. Y es algo muy común, entre la mayoría de los grandes trotamundos y viajeros (salvo los fanáticos, del continente africano) Si miras, sus mapas mundi, de los países visitados, África, siempre suele estar demasiado virgen, casi en blanco. Solo nos solemos animar, cuando ya casi, no queda otro “remedio”.
A decir verdad y a pesar, de tantos condicionantes en contra, si que había algo, que nos atraía de África y es lo de siempre: Sus maravillosas gentes, su cultura, las tradiciones milenarias y la forma de vivir y de ver la vida. Y es por eso, que nuestro viaje de tres meses por África, entre Johannesburgo y Nairobi, es en lo que se va a basar. ¡Definitivamente!
Por supuesto, que veremos las cataratas Victoria, visitaremos algún parque nacional –los justos y necesarios- y picotearemos, por alguna reserva de animales. Pero como objetivos, claramente secundarios. Salvo, que nos volvamos locos, claro está, que todo puede ser y encontremos en la fauna –y/o en la flora, que ya lo dudo-, nuestra pasión escondida. El prometedor viaje, más que de contemplaciones, debe ser de sensaciones, si es que lo queremos disfrutar y es ahí, donde pensamos, que África y sus gentes, nos pueden ofrecer una mina, de ellas.
Xavi, un buen amigo barcelonés, al que conocimos, viajando por Filipinas, invariablemente lo dice y es el ejemplo más gráfico, de lo que os estoy queriendo explicar: “He estado tres veces en India y todavía, no conozco el Taj Majal”.
Pues eso: Que nos saltaremos reservas animales emblemáticas, parques nacionales imperdibles o lugares, que para un turista convencional, serían irrenunciables.. Por los motivos ya expuestos, de disfrutar de las emociones, en vez de visiones, pero también por otros. Nos negamos a pasarnos la vida, en lso tours organizados y a afrontar el elevado coste, que ellos suponen.
Queremos combinar, un poquito de las aventuras de los exploradores del siglo XIX, con lo que hacen los turistas convencionales e incluso –aunque con un presupuesto más holgado-, con las travesías de miles de kilómetros, que hacen quienes emigran y recorren el continente, en busca de un futuro mejor o huyendo, de la persecución política. ¡Eso es lo que soñamos, claro. Luego, ya veremos, que es lo que conseguimos!.
Aún no sabemos, si el viaje, lo haremos de sur a norte –lo preferimos-, o de norte a sur. Todo va a depender, del boleto aéreo, que nos salga más barato, en el momento de adquirirlo. En la actualidad y volando desde Milán, hay muy bien precio, hacia Johannesburgo.
También desconocemos, la fecha exacta de salida, porque depende de circunstancias externas. En cualquier caso y con casi todas las probabilidades, se realizará este año. Nunca será, antes de mediados de julio –es una pena, porque nos hubiera gustado, llegar al Mundial de Fútbol- y como muy tarde, esperemos que no pase de octubre.
jueves, 8 de abril de 2010
Las mejores tarifas aéreas
Hoy, estos dos parámetros –ciudad de partida y antelación- han cambiado. Con las compañías de bajo coste, se nos hace más fácil y rentable, volar desde Londres, París, Milán, Munich… y así, conseguir mucho mejores tarifas, para los trayectos transcontinentales. Las compañías aéreas son muy listas y nosotros, tenemos que aprender, a serlo también. Ellas, siempre ponen los vuelos mucho más baratos, partiendo desde los países extranjeros, para así competir, con las aerolíneas locales. Incluso, aunque hagan bastantes más kilómetros.
Un ejemplo práctico: Para mayo y con Iberia, volar desde Madrid a Caracas, cuesta cerca de 700 euros. Pero hacerlo, con la misma compañía, desde Lyon, Burdeos, Niza, París o Marsella, sale por 413€, haciendo escala en Madrid. Estamos hablando, de que el ahorro para dos pasajeros, ronda los 600 euros, si tomamos una low cost, a cualquier capital francesa, de las anteriormente mencionadas. La paradoja –que no es tal-, es que Iberia, te añade dos vuelos más –los Burdeos-Madrid-Burdeos- y te cobra 300 euros menos.
Por otro lado, conseguir las mejores tarifas, comprando con mayor antelación, hace tiempo que ya no es garantía, de salir ganando. Hoy lo que procede -además de estar dispuesto, a partir de otra ciudad europea, como ya hemos visto-, es realizar una búsqueda activa. Tomárselo con cierta disciplina y todos los días, dedicar cinco minutos, a proponer a los buscadores aéreos, nuestros intereses viajeros. Os aseguro, que –tarde o temprano y con paciencia- la liebre termina saltando
Ejemplos, tengo bastantes para mostraros: Un Madrid-Shanghai-Madrid, con escala en Doha, por 279 euros; un Madrid-Nueva York-Madrid, directo con Air Europa, por 323€ y un Burdeos-Madrid-Caracas-Madrid, por 413€. El primero y el tercero, los compré con menos, de un mes de antelación y el segundo, con 37 días.
Eso sí. Para que sea más fácil, conseguir auténticos chollos aéreos –como los referidos-, conviene ser flexible y manejarse, con tres o cuatro destinos deseados, optando finalmente, por el que ofrezca el vuelo, de tarifa más competitiva. ¡¡Nunca falla!!.
No es que se trate, de volverse un enfermo del ahorro. Al fin y al cabo, si vamos de vacaciones, es para gastar. Pero, es que el coste del boleto aéreo, suele ser el gasto más importante del viaje y si se consigue reducir, tendremos mucho más dinero, para disfrutar del destino. Por ejemplo, con lo que vamos a economizar, yéndonos hasta Burdeos, para viajar a Venezuela, aún nos sobra peculio, después de pagar, el tour de tres días por Canaima (que precisamente, no es nada barato).
De todas formas, los viajeros estamos de enhorabuena, porque volar hoy en día –incluso, en las compañías de bandera-, es mucho más barato, que hace quince años. No conozco ningún otro sector, en el que haya ocurrido esto. Recuerdo, que un vuelo a Estambul, en el año 97, me costó unas 50.000 pesetas. En 2.008 y con la misma compañía –Alitalia-, lo hicimos por 200 euros.
martes, 2 de marzo de 2010
¿De dónde sale el valor, para dejarlo todo y recorrer el mundo?
Hay una docena de ellas, que se repiten con cierta frecuencia. Entre ellas, destaca una formada, tan solo por cuatro palabras, pero que casi se reitera a diario, procediendo de todos los lugares de España y de Latinoamérica: “Dejarlo todo y viajar”. Visto lo visto, son pocos los que acaban o acabamos dando el paso, pero sí muchos, los que un buen día lo piensan, lo sueñan y hasta deciden, empezar a investigar en la red.
Siempre había tenido ganas, de escribir una reflexión sobre este asunto, pero me animó, una búsqueda aún más angustiosa, espiritual y –casi- mística, que hace un par de días, procedía de México: “¿De donde sale el valor, para dejarlo todo y recorrer el mundo?”. Voy a darle a esta persona y a quien quiera leerlo, mi opinión sobre este asunto.
Para mi, habría que distinguir, entre el primer viaje largo que se hace y los sucesivos. En el inicial, el valor siempre surge, de acontecimientos exteriores, mientras que en los posteriores, esa energía y arranque, ya sale, de dentro de uno mismo. A continuación, desarrollo un poco más, esta teoría mía
Normalmente, quien acaba haciendo un viaje largo, sueña con ese plan, con bastantes años de antelación Pero los miedos, las excusas o la vida cómoda y confortable, siempre se imponen claramente, sobre esa lunática idea, aparcando sin fecha, para un futuro a medio o largo plazo, la gran decisión.
Pero de repente un día, te ocurre una desgracia y empiezas a relativiizar y plantearte, lo que ha sido tu vida hasta esa fecha. Las cosas buenas que te pasan, te acomodan y anestesian. Son las malas y desagradables, las que te hacen pensar, sacar la rabia de dentro y empezar a tomar decisiones. Ya sabéis aquello, de perdidos al río. Es asombrosa, la capacidad del ser humano, para revertir una situación contraria, en otra favorable. Las fatalidades y percances, ambién te hacen pensar, mucho más a corto plazo y olvidarte del futuro lejano. Ya no te sientes aquella indestructible persona, que eras cuando tenías 20 años y te das cuenta, que después de esta desdicha, aún te puede venir otra. Así que, cuanto antes, hay que aprovechar el tiempo y realizar el sueño.
Ese fue nuestro caso. Hay otra gente, sin embargo, que toma la decisión un día, de repente, cansados de su vida rutinaria, acomodada, anodina y aburrida. Pero en ambos casos y como dije, hay un elemento común, como es, que se trata de un hecho externo, lo que motiva el valor: La desgracia o la rutina.
En cambio, lo de los siguientes viajes, es otro cantar. Aquí el valor emerge –casi a modo de volcán en erupción-, del propio interior del organismo del individuo. Viajar ya no es un sueño o una forma de romper con algo, porque se ha convertido en una insaciable necesidad. Entonces, dejas de pensar en cambiar de coche, en reformar la casa, en renovar el móvil o el ordenador… Tras los gastos básicos, te privas de lo demás y solo piensas, en juntar el dinero suficiente, para poder volverte a marchar.
E incluso, te conviertes en un ser paranoico y empiezas a ver inconvenientes –algunos, excesivamente imaginarios-, que pueden dar, al traste con esos proyectos. Y hasta cuidas más tu salud. A mi últimamente, me ha dado por vigilar especialmente, los tobillos y las rodillas, donde se pueden provocar dolencias, que te pueden dejar muy tocado o fuera de combate.
Comprenderéis por lo explicado, que es mucho más difícil, encontrar el valor para realizar el primer viaje largo, que los sucesivos. En cualquier caso, si emprendéis vuestra primera gran aventura viajera de dilatada duración, tomad las medidas, para que podáis acometer, otras de iguales o superiores características, en el porvenir. Si no, vuestro sufrimiento futuro en vida, llegará hasta el día de la muerte.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Eva tiene un Plan... y lo terminará cumpliendo
Afortunadamente, ambos deseos, ya los he podido cumplir y con creces. Para recordar los interrailes, tendría que usar, casi todos los dedos de ambas manos y el pasado 2.008, culminamos el periplo americano, después de cuatro meses y medio, pero no empezando en Patagonia, sino todavía más lejos: En Río de Janeiro.
Fue este, un año mágico, que cambió nuestras vidas para siempre, dado que al citado viaje, añadimos otro, de cuatro meses, por el sudeste asiático y tres más, de duración variable, hasta completar, casi once meses viajando. Uno ya nunca es el mismo –lo quiera o no, porque no se puede elegir-, después de un viaje largo Así que hoy, hace 365 días, la gran incógnita, que me rondaba por la cabeza, era como íbamos a reaccionar, a la vuelta de la normalidad, en el año que hoy acaba. Y sobre todo, como íbamos a responder y a evolucionar, al tener que volver a encorsetar los viajes, en miserables periodos de vacaciones, de dos o tres semanas, al ritmo de un par, al año.
Para empezar, en 2.009, los viajes más dilatados, no han sido donde esperábamos: India e Irán, dejaron paso a China y, Nueva York y el oeste de Estados Unidos, pero este dato, tampoco es importante, para lo que voy a tratar, de comunicar.
Debo decir, que el impacto, ha sido algo menor del esperado, aunque en todo caso, fuerte. Y han ayudado a mitigarlo, las ocho escapadas cortas –cuando otros años anteriores, no hacíamos ni tres-, que nos han tenido medio ilusionados, a lo largo del año y, sobre todo, que hemos vuelto a vivir, con la misma intensidad, que antes, los viajes de dos o tres semanas. Esto era algo, sobre lo que a priori, éramos extremadamente pesimistas.
Pero el que ha viajado, por periodos largos, ya está infectado para siempre, sin antídoto conocido, ni parece ser, siquiera por descubrir. No es como una adicción o una droga, porque en estas, el síndrome de abstinencia cesa, simplemente, con no tomarlas, durante tiempo prolongado. Yo dejé de fumar, hace cinco años, pero me sería imposible, abandonar los viajes: Quizás incluso –por no decir, que seguro-, aunque tuviera que vender el alma la diablo, robar o mendigar (y ya no digo matar, porque me parece, demasiado fuerte). De hecho, me fui hace poco a Estados Unidos, en unas condciones, en las que casi nadie, habría viajado.
Se trata más bien, de la llamada de la selva. O si fuera creyente, diría, de la irrenunciable llamada de Dios. Y lo peor, es que cada vez es más fuerte. Pasas periodos tranquilos, pero de repente y, sin previo aviso o síntomas distinguibles o tratables, te embarga la necesidad, de dejarlo definitivamente todo y largarme de nuevo por el mundo, sin billete de vuelta (no digo para siempre, porque la palabra asusta).
Ahora, me encuentro en uno de esos periodos, en los que parezco poseída. De tal forma, que estoy pensando más en el 2.011, que en los propios viajes de 2.010, que aún están sin decidir y creo, que va para largo. Y es que, muy probablemente, enero o julio del 2.011, es el posible punto de partida, de un nuevo viaje largo. La cuestión, es que desconocemos, de cuanta duración. Empezamos pensando en dos años y luego lo alargamos a cinco. Pero ahora y nuevamente, nos están volviendo a entrar ganas, de venderlo todo, casa incluida –como diría, Jorge Sánchez, con los muebles, juegos de cama, cacerolas y demás trebejos incluidos- y largarnos, de forma indefinida. No se si será esta vez, pero esta claro, que tanto va el cántaro a la fuente, que se acabará rompiendo y lo terminaremos haciendo.
Hasta antes de hacer los viajes largos, planificábamos llevarlos a cabo, en la jubilación. ¿Qué ilusos. Haciendo planes, con 25 años de antelación y ahorrando para ellos!. Ahora, todo ha cambiado y solo nos vale el presente y el futuro inmediato. Pensar que me puedo morir, dentro de tres años y pasarlos, malgastándolos en casa, es una idea, que me atosiga y mortifica.
Y lo curioso, es que la posibilidad de haber hacho, los viajes de 2.008, se origino, a raíz de una de las mayores desgracias, que nos ocurrieron en la vida (que por otra parte, tampoco han sido muchas). Como aprendimos en el sudeste asiático: Nunca sabes si lo bueno es bueno, porque te puede llevar a algo malo. ¿O por qué no lo malo, no te puede conducir a algo bueno?. Amabas cosas en Asia, te suceden a dairio
Por cierto. El recorrido planificado, para el mencionado periplo, de inicio en 2.011, sería, más o menos: Rusia, Mongolia, algún país de Asia central –aun sin determinar, Corea del Norte y del Sur, Japón, India, Nepal, retorno a Filipinas, Indonesia y Tailandia, para entrar en Myanmar, Brunei, Timor oriental, Australia, Nueva Zelanda, Polinesia, isla de Pascua, retorno a Chile, Bolivia y Brasil –pero viajando por el interior y no por la Panamericana-, Venezuela, islas del Caribe, retorno a Estados Unidos, con visita del este del país y Canadá. Si aún nos quedaran ganas, que es bastante posible, haríamos África, en forma de V, empezando por el oeste y bajando, para subir, por el este.
¡Feliz año 2.010 y que venga cuanto antes, 2.011!
viernes, 4 de septiembre de 2009
El 80% de los lectores de esta Web, son mujeres
Hace unas pocas semanas, una gran ciberconversadora argentina, con la que en aquella época, intercambiaba algunos mensajes largos, sobre destinos y viajes, me daba las gracias por contestarle tan pronto, teniendo en cuenta, que yo debía recibir muchos correos cada día. Le contesté que si, que me mandan unos cuantos, pero la mayoría son poco interesantes, dado que solicitan información, que ya viene en los relatos, así que les remito a ellos
Solo unos pocos, analizan y/o desmenuzan los mismos, los critican o elogian y/o comparten conmigo, sus reflexiones sobre destinos, rumbos o periplos. Es a los que dedico, la máxima prioridad y uno sé si porque en aquellos momentos estábamos en agosto y la gente disponía de más tiempo para pensar y escribir, de estos mensajes, me llegaron bastantes.
Por cierto, casi todos de mujeres, aunque no es casualidad: porque el 80 por ciento de las suscripciones a la página, son feminas: El porcentaje es similar, en cuanto a quienes me envían correos electrónicos. Profundizando más, en las estadísticas de la página, decir que en torno también al 80% de las visitas, proceden de España, viniendo un 15% de Latinoamérica y Estados Unidos y el restante 5%, de los puntos más diversos del mundo.
Dentro de las visitas nacionales, las tres cuartas partes, proceden de País Vasco, Cataluña y Madrid, proviniendo solo un cuarto, del resto de España. Este dato, aunque para algunas pueda resultar chocante, es de fácil interpretación y viene a constatar, la pura realidad: Cuando viajas y encuentras españoles por libre, suelen ser de estas Comunidades.. A nosotros más de una vez, nos han llegado a decir: ¡”Que raro, unos de Valladolid, recorriendo mundo!”. Y efectivamente, lo es.
Pero lo que es mucho más difícil de descifrar, es esa diferencia de 80 a 20, entre hombres y mujeres. Y mucho menos, sin caer –de forma voluntaria o no-, en la aburrida guerra de los sexos.
Partamos de un hecho objetivo o, al menos, que nosotros hemos constatado, a lo largo de los viajes: Hay más mujeres –sobre todo, solas-, que hombres, por esos caminos de Dios, recorriendo de forma independiente, nuestro querido planeta azul.. Aún así, esto sigue sin explicar, la desproporción de 8 a 2.
Aunque lo hasta aquí escrito, haya levantado expectativas en el lector, la verdad es que las explicaciones que encuentro, no son nada espectaculares. Así que espero que vosotr@s, enriquezcáis la reflexión, posteando comentarios.
Básicamente, se me ocurren cinco razones:
1ª.- Las mujeres, somos más sociales que los hombres y nos da menos pereza contactar. Pero este argumento, aunque cierto, es algo pobre, porque no se puede aplicar a otros ámbitos: Por ejemplo, dudaría de que en Facebook, exista una proporción, de cuatro mujeres por hombre.
2ª.- Las mujeres somos más curiosas (alguno diría, cotillas).
3ª.- Las mujeres, en términos generales, somos menos orgullosas, a la hora de pedir ayuda.
4ª.- Según los estudios, en España hay más lectoras que lectores.
5ª.- Y fundamental. Como he constatado en viajes y foros del tamo, hay bastantes más mujeres, que hombres –a pesar de que puedan viajar en pareja o en grupos mixtos-, ocupadas de la logística de los viajes y de sus preparativos previos.
Habría una sexta razón: Que la culpa fuera mía. Aunque es poco probable y no por no reconocer errores, sino porque cuando la gente se registra en la web, aún no conocen sus contenidos.
martes, 11 de agosto de 2009
Efectos a largo plazo, de los viajes dilatados
De todas formas he querido, escribir esta reflexión, antes de releer aquella, con el fin de no contaminarme, de los sentimientos de entonces. Solo cuando haya terminado, le volveré a echar un vistazo.
Los viajes largos vistos desde la lejanía, resultan aún peor que la droga dura, que son a corto plazo: Porque de cualquier sustancia estupefaciente es posible desengancharse, con fuerza de voluntad y según van pasando los meses, el síndrome de abstinencia va disminuyendo, hasta acabar por desaparecer. Pero con los viajes de larga duración, ocurre al revés: Cuanto más tiempo ha pasado desde el último, más mono, congoja y desasosiego se tiene.
Ni un solo día desde nuestra vuelta, he dejado de pensar en aquellos días, en aquellos acontecimientos, sensaciones y vivencias, a lo largo de medio mundo. Ni un solo fin de semana, en el que hayamos estado los dos solos, hemos dejado de recordarlos, a veces durante horas, al abrigo de unas cervezas o copas. Puedo pasar una semana sin hacer el amor y me provoca menos angustia, que atravesar ese mismo intervalo de tiempo, sin rememorar nuestros aventureros periplos, que nos marcaron para siempre.
Cuando planificas la primera travesía prolongada, el sentimiento que se impone es la ilusión. Cierras los ojos y dejas volar la imaginación, como si estuvieras soñando y todo resulta muy relajante y agradable. Puedes estar planeando el primer viaje largo durante años, a veces como era mi caso, desde la mismísima infancia, en la que ya fantaseaba con hacer, el periplo que finalmente, convertimos en realidad, por Sudamérica y Centroamérica, desde Patagonia a México. Antes de la primera vez, nunca hay prisa, siempre se puede esperar un poco más, sin mayores consecuencias.
Pero eso ya no ocurre la segunda vez, porque el sentimiento que te domina es el ansia, la inquietud, la intranquilidad, la preocupación, la zozobra... Ahora cuando cierras esos mismos ojos, ya no ves escenas de postal, como si soñaras despierto. No. Ahora sientes angustia y solo piensas en que llegue el momento, de poder largate de nuevo. Hay que ser una persona muy fría, para poder planificar un segundo o tercer viaje largo, durante varios años, sin estar constantemente sufriendo, pensando en la lejanía del momento de la partida. Porque además, como cualquier drogadicto cuando busca su dosis, te servirás de todos los medios, para poder realizar tu recorrido mucho antes.
Y esto cambia por completo tu vida. Empiezas a pensar, que en la vivienda ya solo harás las reformas muy imprescindibles, que cambiarás de coche cada más años o, que saldrás menos sábados por la noche, para así, ir aumentando la velocidad de ahorro, que permita largarse cuanto antes. Cada euro que entra en la economía familiar y que no va destinado a las necesidades esenciales, ya tiene su lugar donde ser gastado, siempre a miles de kilómetros de casa, claro.
Cada vez que te sientes o te sale algo mal, buscas mentalmente el mismo antídoto y aún son mayores, las ganas de marcharte y dejarlo todo. De momento hemos conseguido resistir y no perder completamente el juicio, aunque no sé muy bien por cuanto tiempo. Porque cuando algo no va bien, las paredes de nuestra casa, ya escuchan machaconamente, la temida, pero reconfortante frase: “¡¡Pues alquilamos el chalé, nos vamos a Asia y a la mierda!!”. Y es que tu barrio, tu ciudad, tú país y tu propia vida, se han convertido en una jaula, de la que quieres escapar, ante el primer contratiempo
El dicho habla, de que lo bueno o mata o engorda. Añadiría yo, que o crea una irreparable adicción. Al final todo lo gratificante, suele pasar una elevada factura y la de los viajes largos, es de bastantes ceros.
Sin embargo hay una cosa, que pensé que iba a ocurrir y que afortunadamente, finalmente no ha pasado. Creía que, después de haber estado casi un año por el mundo, cualquier viaje posterior y aunque fuera de un mes, me iba a dar poco de si. Pues no. En breve, nos vamos a Lombardía solo cuatro días y nos van a saber a gloria, como las tres semanas que no hace mucho, estuvimos por China y Qatar.
Ahora sí, he releído lo que escribí hace meses y concluyo amargamente, que son mucho peores los efectos a largo, que a corto plazo. Solo espero que con el paso del tiempo, aún no vayan siendo peores.
viernes, 25 de enero de 2008
Charla del turista y el emigrante
Mañana llega el día, que con tanta impaciencia a la vez que temor, estábamos esperando. Han transcurrido largos meses de preparativos y unas últimas semanas muy intensas, llenas de ‘gestiones extrañas’, que nada han tenido que ver con las que habitualmente nos impone la monotonía: Ponernos vacunas, cancelar la hipoteca de la casa, tramitar excedencias… y sobre todo, preparar una completa y minuciosa infraestructura, que necesita todo viaje largo para tratar de atar en la mayor medida posible los imprevistos.
Supongo que dentro de cinco años viendo la retrospectiva, consideraremos a esta una de las decisiones más acertadas y coherentes –de acuerdo a nuestra forma de pensar- que hayamos tomado nunca. Pero día a día y desde que nos pusimos manos a la obra con este proyecto, hemos ido notando como poco a poco nos estaba cambiando la vida, al menos en el aspecto mental y hemos ido sintiendo el suave, pero incómodo hormigueo que supone enfrentarse a una situación nueva, de cierto riesgo y con algunos componentes de peligrosidad.
“¿Y a eso le llamas tú riesgo?”, me respondió casi de inmediato y sin titubear alguien que no hacía mucho había llegado a nuestro país con objetivos muy distintos a los del ocio y el conocer mundo. “¿A ir con la profilaxis de la malaria, la cartera llena, un seguro médico a escala mundial y varias tarjetas de crédito y débito, además de dejar una casa pagada en tu tierra, le pones el calificativo de situación de peligrosidad, teniendo en cuenta que en Bolivia, Perú, India, Nepal o Camboya la gente nos tenemos que ir buscando el pan día a día?”.
“Sí, claro”, me apresuré a contestar, seguro de mis argumentos. “Pero eso a mi no me vale, porque no me cabe ninguna duda de que ustedes están hechos de otra pasta diferente, mucho más resistente y compacta que la nuestra. Y encima son más felices, más honrados y, sobre todo, mucho más humanos y solidarios”.
“Pero para nosotros, los opulentos habitantes del mundo desarrollado, supone un drama marcharnos de viaje sin saber como nos ganaremos la vida de aquí a un par de años (cuando hayamos dilapidado todas nuestras reservas) o tenernos que buscar el pan y las habichuelas diariamente por esos ‘mundos hostiles’, aunque sea con una Visa Oro entre los dientes”.
“Y no contentos con eso, todavía tenemos la insolencia y arrogancia de denominarnos a nosotros mismos aventureros o trotamundos, mientras a ustedes les llamamos buscavidas y les miramos de reojo, no sea que nos vayan a quitar la cámara. Y martirizamos a los demás con lo que entendemos como un traumático cambio de vida, consistente en sustituir el sofá de nuestra casa, por hacer de ávidos ‘exploradores’ durante un tiempo. Y claro, a ustedes si que de verdad les puede cambiar la vida cada cinco minutos…”
En esas andaba cuando el me espetó:
“¿Y como decía usted que se llamaba esa cosa tan rara que había tenido que pedir, excedencia?.
No supe que contestar.
Mañana partimos para Sudamérica sin billete de vuelta. Un beso a tod@s.
sábado, 12 de enero de 2008
Al borde del abismo
Es gratificante. Aún no me he ido y ya hay unos cuantos que me echan de menos. Y es que nunca hubiera llegado a imaginar que los que te quieren –lo que vulgarmente ahora se llama tu entorno-, se iban a poner tan cariñosos conmigo, conscientes de que casi durante un año de forma ininterrumpida, estaremos viajando por esos mundos de Dios, sin tenerlos cerca.
Apenas nos quedan dos semanas para partir hacia ese soñado viaje que nos llevará a través de unos 17 países de Sudamérica y África y tal como andan las cosas, me temo que en estos días que quedan va a haber unas cuantas despedidas de las de película de llanto. Y cuando volvamos –si es que volvemos, claro-, ya imagino el comité de bienvenida en la estación del AVE, con majorettes, fanfarrias y fuegos artificiales.
Y es que, acostumbrada a los viajes de un mes o de veinte días, en los que las despedidas se saldan con un frío beso en la mejilla y con un “Cuídate” y nadie te va a despedir o a dar la bienvenida a la vuelta, me han chocado extraordinariamente las afectuosas y calurosas manifestaciones de cariño y afecto que se reciben cuando una se va por un tiempo más dilatado. Pareciera que en la mente de quienes te rodean, se viviera la sensación de que no te van a volver a ver nunca más y que tienen que disfrutar de ti intensamente hasta el día de tu marcha.
Pero no es esto sólo lo que me ha sorprendido de las reacciones de la gente cuando le hemos ido detallando a lo largo de los últimos meses la aventura donde nos embarcábamos. Hubiera apostado gran parte de mi patrimonio a que mayoritariamente iba a escuchar frases del tipo: “Piénsatelo bien. ¿No te parece que sois un poco inconscientes?”. “Menuda locura, ¿tú estás bien de la cabeza?”. “¿Y qué vais a hacer a la vuelta si la empresa os pone pegas en el reingreso de las excedencias”. “¿No os parece que sois un poquito irresponsables?”. “Ganas tendréis de ir como mendigos por ahí”…
Pues no. La respuesta en más de un 90% de los casos –tanto la de allegados como la de los menos allegados-, ha sido más bien la contraria. Tras la primera reacción de desconcierto, la frase más repetida ha sido: “Que envidia. ¿Me puedo ir con vosotros?”. Para tras una pequeña reflexión continuar diciendo: “¡¡Ay, si no fuera por… (y ahí venía la excusa más o menos poderosa, del tipo ‘los hijos’, ‘que tengo un trabajo poco estable’, ‘que tengo a mis padres enfermos’, “que ya no tengo edad”…) me liaba la manta a la cabeza y hacía como vosotros”!!.
Y lo cierto es que entre ambos instantes, entre ese momento en que se quieren venir contigo y el que se buscan la excusa, sus rostros se llenan de felicidad solo imaginándolo.
No deja de ser normal que las personas encuentren –o se busquen- excusas para desear firmemente, pero no atreverse al final a embarcarse en un proyecto como el nuestro, porque ya solo el hecho de tomar la decisión te cambia la vida y la llena de incertidumbres, que se manifiestan con mayor fuerza cuando se va aproximando lentamente el momento de la partida y sientes el vértigo de estar justo al borde del abismo.
Cuando el avión destino a Río de Janeiro comience de aquí a no muchos días a rodar por la pista del aeropuerto de Barajas, habrá llegado nuestro simbólico momento de salto al vacío. Un vació donde, si hacemos caso a los muchos que dieron ese salto anteriormente, encontraremos una buena dosis de felicidad. ¡¡Deseadnos suerte!!.
viernes, 12 de octubre de 2007
La puesta a punto
Los dos trámites que llevo peor a la hora de la puesta a punto para un viaje largo y lejano son el tema de las vacunas y la visita al dentista. Bueno o cualquier otro tratamiento que requiera de pinchazos, picotazos o similares.
No tengo problemas para aguantar el dolor en cualquiera de sus modalidades, pero no soporto pensar o sentir como a través de una jeringuilla, sacan o introducen líquidos en mi indefenso cuerpo.
En el caso de la anestesia dental, voy sintiendo en el interior como esa sustancia hostil se va extendiendo por el labio superior, adormeciéndolo y expandiéndose sin límites por el resto del carrillo de la cara, cual ejército napoleónico avanzando sin resistencia a la conquista de Rusia.
La entrada de la punzante aguja resulta ser una invasión del cuerpo en toda regla, mientras que la salida me deja en la más absoluta de las indefensiones, intuyendo que por ese pequeño agujero se va escapando poco a poco parte de mi esencia. Y mientras lo pienso, entreabro los ojos y observo a aquel hombre ejerciendo la suerte suprema en mi boca, con cara inexpresiva y de indiferencia, como cuando un contable revisa metódicamente las facturas y golpea mecánicamente las teclas de su calculadora de rollo de papel.
Nunca he entendido que gen, que musa, que divinidad, que aparición repentina… inspira a alguien algún día en su mocedad a determinar que su vocación, que lo que realmente ha venido a hacer en este mundo, es a estar perforando a picotazos jornada tras jornada, encía tras encía a un sujeto que reposa indefenso en el reclinable sillón de tortura de la consulta, con su cara iluminada por un foco de gran potencia
Faltaban unos cuantos días para que se iniciara marzo y poco más de tres semanas para marcharnos a Oriente Medio, cuado uno de los molares del fondo de mi boca comenzó a protestar. “Seguro que este dolorcillo se pasa en unos pocos días”, pensé. Pero aquello no remitía.
Mi consciente sabe (porque lo ha leído) que la medicina en Siria está a un buen nivel desde incluso los tiempos de la antigüedad, pero mi subconsciente –que si siempre va por libre, esta vez decidió irlo aun más- comenzó a elucubrar sobre como podía ser una urgencia odontológica en cualquier consulta del país árabe.
Me vi entonces en una estancia pequeña y oscura, reposando sobre una alargada camilla con hule de plástico. Bajo la tenue luz que colgaba de un cable medio pelado y atada de pies y manos, yacía expectante –más bien aterrada-, mientras un hombre con turbante de cuadros rojos y blancos y con un humeante cigarro asido a los labios –los cuales solo balanceaba para dejar caer la ceniza sobre cualquier parte-, calentaba unas enormes tenazas al fuego de un horno de pan.
Cuando acabó el pitillo colocó un azucarillo entre los dientes y sorbió un largo trago de té a la menta. Me miró, me hizo un gesto como indicando “ha llegado la hora”, se encomendó por tercera vez al altísimo al grito de ¡Alá es grande!, agarró las tenazas ya incandescentes y…
Por supuesto que mi subconsciente consiguió su objetivo. En un par de días estaba visitando a mi dentista, que me diagnóstico una endodoncia (darle boleto al nervio) y me recomendó que a la vuelta, no me vendría mal tampoco un tratamiento de curetajes.
Mi dentista aparte de bueno –y muy caro-, es encantador, así que no hubo mayor problema. La endodoncia y reconstrucción de la muela salieron geniales y pasé un viaje sin dolor alguno de muelas, aunque debo de reconocer que de reojo -por si era verdad lo de las tenazas-, me pasaba el día en Damasco buscando placas por las calles en nuestro alfabeto de clínicas dentales.
Hoy cuando la tenía casi olvidada, he vuelto a recordar esta historia. Esta tarde he recibido el otro tratamiento prescrito en uno de los cuadrantes de mi boca. Ha sido uno de los días en que he sentido más dolor en mi vida, por culpa de una mala profesional, con peores artes y carácter, que quedará siempre nominada como Madame Curetajes, la psicópata de las encías.
Según salía de la consulta la he mirado con indiferencia. Y de camino a casa, le he metido una buena bronca a mi subconsciente: Por sus prejuicios y su injusto e intolerable racismo.
Escrita el 21 de junio de 2.007.
Distintos viajes, pero las mismas sensaciones
Cada viaje tiene unas características, unos acompañantes, una duración y unos destinos diferentes, pero sin embargo, hay emociones y sensaciones que se repiten una y otra vez hasta la saciedad.
Releyendo las reflexiones viajeras antiguas en esta web, he llegado a la del día 3 de noviembre, escrita pocas horas antes de que nos marcháramos a Egipto y de ella he entresacado este párrafo:
“Al margen, me resulta casi indescriptible poder expresar en su medida los sentimientos que transitan mi cuerpo en tan señalada jornada (refiriéndome al último día): El miedo a lo desconocido, las ansias por conocer, la pereza del “quien me manda a mi meterme en esta, con lo a gusto que se está en casa tomando una cervecita al calor de la chimenea”, el estrés de repasar y repasar para no olvidar nada importante, el cariñoso “ten cuidado” o “estás un poco loca” de la familia y de los compañeros de trabajo….”
Quedan dos días para iniciar un nuevo periplo por el mundo y las sensaciones que tengo en estos momentos son exactamente las mismas que las que describía ese 3 de noviembre, sensación que se traduce en un ligero hormigueo en el estómago que acrecienta o disminuye su intensidad dependiendo de los momentos del día. Ya sé por experiencias anteriores, que ese pequeño malestar me perseguirá hasta el momento que hayamos dejado atrás unos cientos de metros la puerta de nuestra casa con el bulto a cuestas.
“No te preocupes, Eva, a todos nos pasa exactamente lo mismo antes de emprender unas vacaciones”, me comentaban esta mañana en la oficina varias personas cuando les contaba esto. Y en el fondo es normal que nos ocurra, dado que en unas pocas horas pasamos de la normalidad cotidiana a lo desconocido, a la incertidumbre, a una cultura probablemente diferente y el cuerpo y la mente se ponen alerta para enfrentarse a esa novedosa situación.
Aunque se lleve el viaje preparado casi al milímetro, ese estado emocional se hace imposible de domesticar. Hay quien incluso el día de antes llega a estados cercanos al ataque de pánico, aunque en mi caso afortunadamente las cosas no van más allá de un sentimiento de inseguridad y un moderado estado de malestar y nerviosismo. Un lexatín en el momento adecuado puede hacer las cosas mucho más llevaderas.
En el fondo, este estado lo considero como un pequeño tributo a pagar por todo lo que presumiblemente se va a disfrutar a lo largo del viaje más adelante. Y creo que su responsable máximo no es otro que la imaginación.
La imaginación es uno de los entes más maravillosos del ser humano, pero también es de los más egoístas que existen. Por un lado pide todas las libertades para si misma y poder pensar sin límites, pero luego por el contrario le gusta que todo esté atado y bien atado. No quiere dejar lugar para la improvisación o los contratiempos.
Así los días anteriores al viaje, la imaginación comienza a hacer una lenta y paulatina visualización del mismo y todo lo que encuentra son inconvenientes, incertidumbres y contratiempos. Hasta la más pequeña de las cuestiones que luego en el destino se resolverá sin la mayor dificultad, acaba generando alarma para nuestra incansable y fabuladora imaginación.
En mi caso concreto además, la imaginación sabe que juega con una carta bastante poderosa, que es mi moderado miedo a volar y así se convierte en campeona del mundo en visualización de accidentes aéreos de todas las clases y consecuencias (desconozco las razones, pero a ella le dan más “yuyu” los aviones de la ida que los de la vuelta) . Cuando fuimos a Egipto ella estaba segura de que el desastre se produciría en ese Airbus 319 de Iberia com rumbo a El Cairo. Esta mañana me ha dicho que ese avión está perfectamente a salvo hoy en día y que el que podría tener problemas serios es el Airbus 320 de Royal Jordania que tomaremos en un par de días.
Afortunadamente una vez que ha comenzado el viaje y se impone la realidad, la imaginación empieza a entender que tiene la batalla claramente perdida.
Escrita el 22 de marzo de 2.007.
sábado, 6 de octubre de 2007
Preparar un viaje: Hoja de excel, el imán del frigorífico y un juego de libretas (VI de VI)
Primero pensé que esta serie relacionada con los preparativos y recomendaciones de viajes iba a dar para cuatro partes. Posteriormente, vi que al menos había material para seis y ahora me doy cuenta de que muchas cosas se han quedado en el tintero. Tiempo habrá de retomar el asunto.
Porque he hablado de las cosas que he conseguido mejorar a lo largo de los tiempos gracias a la experiencia, pero no de aquellas que han empeorado. Sí, sí. A pesar de los años, creo que hay cosas a la hora de preparar un viaje, que hacía mejor hace quince años que ahora. Y entre ellas, destacaría la meticulosidad con la que ahora diseño determinados aspectos, lo en serio que me tomo hasta el último detalle.
Hace años, aunque organizaba y organizaba igual, había muchos asuntos que pasaban directamente al capítulo de “Dios proveerá”. Ahora parece que el dejar tres o cuatro cabos sueltos, me supusiera llevar minada la línea de flotación del viaje. Podríamos echar la culpa a Internet. Hay tantísima información en la red, que una siempre tiene la sensación de que lleva las cosas a medias; pero creo que el mayor porcentaje debo de atribuírmelo a mi misma. A mí, al menos, la experiencia me genera conocimientos, pero también algo de inseguridad, dado que algunos sucesos negativos que se pueden haber vivido a lo largo de los viajes, también marcan.
Mañana parto de viaje y no quería finalizar esta serie de reflexiones sin hacer referencia al día antes de partir hacia cada viaje.
He tenido la suerte de trabajar en radio y se vive una sensación muy parecida a la de salir de vacaciones por libre . Ya puedes tener una dilatada experiencia, que en esos momentos previos, los de antes de salir al aire o comenzar un viaje, resulta imposible evitar los nervios. Soy además de las que después de hacerse buenos propósitos, de ir componiendo el equipaje paulatinamente, al final dejo las maletas para el último día y eso aumenta el estado de excitación. Menos mal, que tengo claro lo que llevar, porque como ya dije, he tenido la disciplina de irlo apuntando antes.
Al margen, me resulta casi indescriptible, poder expresar en su medida los sentimientos que transitan mi cuerpo en tan señalada jornada: El miedo a lo desconocido, las ansias por conocer, la pereza del “quien me manda a mi meterme en esta, con lo a gusto que se está en casa tomando una cervecita al calor de la chimenea”, el estrés de repasar y repasar para no olvidar nada importante, el cariñoso “ten cuidado” o “estás un poco loca” de la familia y de los compañeros de trabajo….
Pero es despertar al día siguiente (soy de las que suele dormir bien la noche antes) y cambiar todas esas sensaciones por una sola: “Vamos pa’lante”. Espero que mañana vuelva a suceder lo mismo.
Escrita el 3 de noviembre de 2.006
Preparar un viaje: Hoja de excel, el imán del frigorífico y un juego de libretas (V de VI)
6.- la información es poder y el tomar buena nota de las condiciones de seguridad de los destinos que se van a visitar, un gesto de sensatez y prudencia. Debemos, además, tener en cuenta que las condiciones reales de seguridad no son siempre más importantes que la sensación psicológica de seguridad que cada uno tenemos sobre un destino. No es la misma, la sensación de seguridad de un principiante que la de un experimentado reportero de guerra. Incluso dos personas con una experiencia viajera similar pueden tener diferentes percepciones sobre el término seguridad.
De nada nos va a servir envalentonarnos y optar por un destino para el que psicológicamente no estamos preparados. Todo lo contrario. Puede suponer un freno en nuestras expectativas de futuro. Resulta más recomendable quedarse en casa, que afrontar un destino con miedo (en el término miedo no incluyo ese habitual remusguillo en el estómago que todos tenemos antes de iniciar cualquier viaje).
Dicho esto, las recomendaciones gubernamentales en materia de seguridad suelen ser, en términos generales, algo alarmistas.
7.- En muchas ocasiones, determinados problemas, situaciones desagradables o de inseguridad vienen propiciados, más que por las condiciones reales de país, por nuestras propias acciones, conductas o falta de precauciones. Cualquier lugar del mundo puede tornarse inseguro si no obramos con discreción y sentido común
8.- Ser excesivamente precavidos y timoratos nos puede arruinar las vacaciones de la misma forma que si nos dejamos guiar por la despreocupación. Eso se muestra de forma bastante explícita en el tema del control de nuestras pertenencias: Ni cadenas o candados por todas partes, ni llevar la cámara colgada del hombro por la espalda o el billetero en el bolsillo de atrás.
Cualquier viajero ha visto mil veces, como estas recomendaciones tan básicas que dicta el sentido común, no son tenidas en cuenta por muchísimas personas en sus escapadas por el globo.
9.- El Dinero. Para las personas que viajan con presupuestos ajustados, nada que decir. De la buena administración y de conseguir ahorrar unos euros (a veces por lo legal, a veces por lo penal, a veces por lo criminal) depende el acceder a una comida caliente, a un mejor alojamiento o a prolongar el viaje durante unos días.
Para los que viajamos con presupuestos más holgados, es difícil encontrar unas recomendaciones, dado que cada uno buscamos un umbral de comodidad diferente y todos ellos son respetables y válidos. Pero se me ocurren algunas genéricas.
-Tenemos la percepción de que en muchos paises, a los occidentales nos consideran euros/dólares con patas. Es natural. Muchas veces llevamos en nuestro bolsillo una cantidad de dinero con la que ellos vivirían durante meses. No caigamos en la tentación de pensar que todos tienen la intención de estafarnos y engañarnos. La mayoría de la gente que he encontrado en los viajes es sencillamente, maravillosa.
-En países en vías de desarrollo es frecuente que por un mismo servicio o producto nos pidan precios totalmente diferentes dependiendo del sitio. Obsesionarnos con sacar siempre el mejor precio y ser los campeones del regateo, nos puede llevar a disfrutar menos de otros aspectos mucho más interesantes del viaje. Si sumas los euros que has podido perder en pequeños timos o compras menores verás que, generalmente, dan como resultado una cantidad insignificante.
-Naturalmente, lo anterior no quiere decir que vayamos transigiendo a los requerimientos económicos de todo el que se nos ponga delante.
-Sobre esto hay su polémica, pero yo soy partidaria de no dar dinero o regalos a los niños, dado que estas pequeñas ofrendas, suelen alejarlos de la escuela para buscarse la vida en la calle. Mejor hacer donaciones a instituciones de confianza.
-Muchas veces por tan solo unos pocos euros más, se puede acceder a un alojamiento mucho mejor. Especialmente en países en desarrollo. De pagar diez euros por una doble a pagar 20/25, se puede pasar de un cuchitril a un palacio, por tan escasa diferencia, que a nadie arruina.
-En la comida, aunque es menos frecuente, en muchas ocasiones también ocurre lo expuesto en el párrafo anterior. No dejes de probar especialidades locales, por caras que sean, por ahorrarte unos euros. Puede ser una experiencia irrepetible.
-No sumar los gastos totales del viaje hasta no haber llegado a casa. Esto nos hace ser un poco más permisivos con determinados caprichos. Esto no es recomendable para gastadores compulsivos, pero si para el ccmún de las personas, que compran, comen y hacen cosas normales.
10.- Una sonrisa. Mientras se sonríe es imposible estar enfadado. Así que un viaje sonriente, no solo te hará más feliz a ti y a los que te rodean, sino a las gentes que visites o te encuentres a tu peregrinar por el mundo.
La mayoría de situaciones que ocurren a lo largo de un viaje –sobre todo si son negativas- corren generalmente el peligro de ser magnificadas en el momento, por el hecho de estar en un lugar extraño. A la vuelta, casi siempre nos damos cuenta de que aquello no fue para tanto.
Y en el caso de tener problemas serios –sobre todo con las autoridades locales- nada nos va a abrir más puertas que mantener la calma y una ligera de sonrisa. También, si los hechos no son muy graves, la cara de pena suele producir sus efectos. ¡A mi se me da de miedo!.
Escrita el 31 de octubre de 2.006
Preparar un viaje: Hoja de excel, el imán del frigorífico y un juego de libretas (IV de VI)
Se podrían dar cinco, 25, 750 o habría quien incluso –por su dilatada experiencia viajera- pudiera llegar al millón. Pero por aquello de encuadrar la cuestión en parámetros habituales y razonables, voy a resumir en 10 las recomendaciones que la propia experiencia me hace siempre tener en cuanta a la hora de viajar por el mundo.
1.- La mejor improvisación es la que procede de una planificación milimétrica y meticulosa. Quien planifica, siempre, tiene planes B, C o D ante posibles adversidades o ante un cambio de sus deseos o estado de ánimo. Se puede ir a la aventura con un viaje perfectamente planeado. Hay quien tiende a confundir la palabra aventura con el término inconsciencia o riesgos innecesarios. Conocerse a uno mismo es uno de los aspectos fundamentales a la hora de escoger una buena planificación
2.- Ser flexible. Planificar, no significa cumplir los planes prefijados al 100%. Planificar no es otra cosa que establecer las preferencias y las alternativas, pero luego el viaje y los destinos deben ser los que marquen el ritmo. Además, siempre hay elementos no previstos que suelen alterar y retrasar el devenir de las cosas.
3.- No abandones un destino en el que estés a gusto, porque de antemano hubieras planeado un número de días determinados. Es incluso mejor, dejar la siguiente etapa para otra vez. El poso que nos queda, son los momentos inolvidables de cada viaje, no el número de lugares que hemos conocido.
4.- Si eres de los que te gusta vivir el momento y te encanta viajar por libre, planifica, pero deja abiertos la mayoría de los aspectos del viaje. Cerrar de antemano los vuelos de ida y vuelta y las noches de hotel del primer destino y dejar el resto abierto puede ser una buena práctica (salvo para destinos muy masificados y en temporada muy alta –agosto, puentes…). No te preocupes, llevo diecisiete años viajando de esta forma y nunca jamás me quedé tirada en algún sitio sin un transporte o me tocó dormir en la calle por no encontrar alojamiento. Ni siquiera en los tiempos que no tenía demasiada experiencia e iba con un presupuesto limitado. Naturalmente, nada mejor que aplicar el sentido común a este principio.
En los últimos años y con la popularización de las aerolíneas de bajo coste, el punto que he expuesto es muy matizable. A veces hay billetes de avión tan realmente baratos, que podemos permitirnos el lujo de cerrar itinerarios de forma muy anticipada y renunciar a ellos, llegado el caso, si lo consideramos necesario.
5.- Si vas a hacer largos desplazamientos de forma terrestre, construye tu itinerario para cubrir las distancias más largas por la noche. Avanzarás el camino mientras duermes, ahorrarás noches de hotel y llegarás al destino con todo el día por delante para disfrutarlo. Llegar a primera hora también te ofrece una más amplia gama de alojamientos y precios para poder elegir.
Escrita el 31 de octubre de 2.006
Preparar un viaje: Hoja de excel, el imán del frigorífico y un juego de libretas (III de VI)
Nada tienen que ver los viajes de ahora con los viajes de antes. Aunque más bien, cabría decir que nada tienen que ver los equipajes de ahora con los equipajes de antes. A medida que se va aprendiendo a viajar, se va adquiriendo también sabiduría a la hora de organizar los equipajes y se consigue distinguir entre lo que es irse de vacaciones y hacer una mudanza.
Aunque algunos lo consideren imposible, teniendo en cuenta las espectaculares maletas y bolsos que se ven en los aeropuertos o estaciones ferroviarias, es posible largarse un mes de viaje con una mochila de apenas seis o siete kilos sobre las espaldas (salvo que nuestro destino sea un lugar realmente alejado de la civilización). Hay una sencilla premisa, que sin embargo no se llega a comprender hasta que una tiene cierta experiencia viajera: En el destino, normalmente, también se pueden comprar cosas si es que se necesitan.
Utilizo una regla bastante simple para hacer las mochilas: Pienso en lo que tengo que meter y cuando lo tengo decidido quito justamente la mitad. Recuerdo un viaje a Estambul en 1.997 en el que Alitalia nos perdió una de las mochilas. La desesperación fue tremenda y el disgusto inicial hizo que apenas disfrutáramos de nuestras primeras horas en Turquía. Reclamación en el aeropuerto, visita a la compañía aérea al día siguiente para pedir explicaciones…. Pero a medida que iban pasando las horas, nos dimos cuenta de nuestra suerte: 25 días viajamos por Turquía y Bulgaria con la mitad de peso y teniendo que comprar apenas cuatro o cinco cosas.
Y lo que ayudaría todavía más a reducir el paso de nuestros bultos es que alguien inventara el cargador universal. Nos ahorraría llevar el equipaje lleno de cables y plástico duro: El cargador del móvil, el de las pilas, el del mp3, el de la cámara digital… De tal forma que cuando los pones por la noche en el hotel, de tantas lucecitas, parece una feria.
Otra de las cosas que hemos aprendido con los años es que nuestra casa es un domicilio particular y no la oficina de turismo. La lógica diría que el equipaje debe pesar algo menos (si no se es de comprar muchos regalos) al final que al principio del viaje, pero ese no era nuestro caso. Fácilmente, tres o cuatro kilos de celulosa siempre nos acompañaban a la vuelta. Y no solo los planos o los folletos, sino cualquier papel que nos daban por la calle (fuera publicidad de un restaurante o de una peluquería) pasaba a formar parte de nuestro ajuar, incluidos hasta los papeles con oraciones de las iglesias. Y al llegar a casa, comenzaba el ceremonial de colocarlos por países y archivarlos meticulosamente, para en la limpieza del año siguiente (una vez diluidos los aromas del viaje) acabar el 90% de ellos (todos menos planos y folletos) en la basura.
Sin embargo y aún con el paso de los años, hay una manía que no hemos perdido: La de tirar cosas en el tramo final de los viajes. Mucha de la ropa y el calzado que tenemos viven en esos días sus últimos momentos.
Escrita el 27 de octubre de 2.006
Preparar un viaje: Hoja de excel, el imán del frigorífico y un juego de libretas (II de VI)
El segundo de nuestros tesoros viajeros no es otro que el imán del frigorífico. Más que el imán, lo que sostiene pegado a la puerta, que no es otra cosa que un folio en blanco que colocamos dos semanas antes en el mencionado electrodoméstico y donde vamos apuntando todas las cosas que se nos van ocurriendo y que tendrán cabida dentro de nuestro equipaje. Así, el último día, hacer las mochilas es algo tan fácil como ir guardando y tachando, sin necesidad de volvernos locos pensando y buscando aquí y allá. Ya se pone una bastante nerviosa los días previos, para además tener que andar dando carreras por la casa y revolviendo cajones.
Gracias también a esta fórmula nos evitamos sorpresas de última hora en cuanto a que no hemos comprado no sé qué o no se cuál. Desde que la hemos puesto en marcha –hace unos tres años más o menos- es muy raro que se nos olvide alguna cosa en casa.
Y el tercero de nuestros tesoros viajeros no es otro que el juego de libretas, que últimamente es casi siempre, juego de cuadernos.
Hace tiempo (cuatro o cinco años atrás), nos llevábamos un auténtico carromato de documentación a cada viaje: Información obtenida en la red, folletos, fotocopias de libros o guías… Irremediablemente, el 90% de esa información volvía con nosotros a casa sin haber sido usada. ¡¡Y pesa, eh!!.
Así que decidimos sustituir todo eso por dos sencillas libretas: La del antes y la del durante. En la del antes vamos apuntando todas aquellas cuestiones significativas que vamos obteniendo de las diversas fuentes de consulta: Visitas turísticas, restaurantes, transportes públicos, precios aproximados…. La del durante, es aquella que nos sirve de diario de viaje y donde vamos anotando de forma somera todos aquellos datos que luego constituirán el esqueleto del relato del viaje: precios, información práctica, anécdotas, lugares visitados, variaciones sobre el itinerario inicial.
El cuaderno previaje, de color azul (como aquel en el que determinado ex presidente de Gobierno, de cuyo nombre prefiero no acordarme, apuntaba el nombre de sus futuros ministros) de nuestro próximo viaje a Egipto, apenas tiene ya dos o tres hojas libres. La libreta naranja que nos acompañará a lo largo y ancho del itinerario está todavía en blanco. Y el imán del frigorífico a estas alturas, ya no soporta una sola hoja, sino dos. ¡Y eso que somos de los de poquito equipaje!.
Escrita el 26 de octubre de 2.006
Preparar un viaje: Hoja de excel, el imán del frigorífico y un juego de libretas (I de VI)
Normalmente, tratamos de comenzar la planificación de los viajes con bastante antelación. Si bien los preparativos del viaje a Oriente Medio los iniciamos con casi diez meses sobre las fechas previstas, aunque al final –por razones ajenas- se van a ir a los dieciséis; los periodos de planteamiento de los viajes no suelen ser tan largos. Un par de meses nos resultan ser suficientes para planificar un circuito por Europa y el doble de tiempo para concretar un periplo por cualquier zona del resto del mundo. Naturalmente, me estoy refiriendo a viajes a lugares múltiples y superiores a las dos semanas de duración.
Una vez elegidos los destinos, lo primero es definir los objetivos del viaje. ¿Qué es lo que realmente queremos hacer?. La respuesta casi siempre suele ser la misma: Variedad, que el itinerario sea lo más diverso posible. Es raro que nos decidamos por ir dos semanas a ver ruinas, a hacer caminatas por la naturaleza, a bucear a las barreras de coral, o a deambular por el desierto. Una mezcla en dosis pequeñas de diferentes fórmulas suele constituir casi siempre nuestro ideal. Y generalmente, con un predominio mayor de la civilización sobre la naturaleza (y entendiendo por civilización, aquellos lugares habitados por el ser humano, desde por ejemplo Sydney, a una aldea Massai)
El párrafo anterior es una simple exposición de unos gustos determinados, que son los nuestros. Es complicado y muy farragoso intentar recomendar una forma o estilo de viajar. Cada uno tenemos el propio y creo, que todos son buenos: Desde quien necesita veinte días para recorrer diez kilómetros cuadrados, hasta los que en ese tiempo se dan media vuelta al mundo.
Una vez elegidos los destinos empieza el trabajo de campo. Se trata de construir un itinerario y para ello recurrimos fundamentalmente a las opiniones que manifiestan en la red los usuarios que han visitado esos destinos, a lugareños y a los circuitos que planean las agencias de viajes. Tratamos de meter los máximos lugares posibles. ¡Ya habrá tiempo para recortar!.
Y es que la tijera entra en acción en la siguiente fase, una vez que nos ponemos en la búsqueda de los transportes adecuados, que nos permitan calcular el número de horas necesarias para los desplazamientos y las condiciones de los mismos (si se hará de noche o de día, en un medio más caro o más barato…)
Es a partir de aquí, donde se pone en marcha nuestro primer tesoro viajero: La Hoja de Excel. Este documento aglutina en un solo folio –a lo sumo en dos- la fotografía del proyecto del viaje, de la que haremos cuatro o cinco copias que irán repartidas por todos los bultos del equipaje.
Consta de las siguientes columnas verticales:
1.- Día (1, 2, 3…).
2.- Fecha (día y mes)
3.- Lugar: Señala el lugar de visita o tránsito previsto para esa jornada.
4.- Alojamiento. Colocamos en la casilla el nombre del alojamiento y una llamada (1), (2)... Si se va a esa llamada en la parte final de la hoja, se especifican de forma horizontal las características del alojamiento, su dirección y precio.
5.- Trayecto: En orden cronológico y descendente, los trayectos a realizar.
6.- Salida: Hora de salida del medio de transporte.
7.- Llegada: Hora de llegada del medio de transporte.
8.- Precio. Precio del transporte. La columna de precios se auto suma automáticamente en una casilla, abajo
9.- Observaciones. Todo tipo de comentarios sobre el medio de transporte (compañía, transbordos….).
En diversas casillas libres, se establece el tipo de cambio de las monedas a usar, el nódigo de los vuelos (billete electrónico) y se referencia el número de póliza de seguro de viaje, en caso de tenerla contratada.
Escrita el 25 de octubre de 2.006