Las cosas, a la hora de adquirir billetes aéreos, han cambiado mucho, de un tiempo a esta parte. Antiguamente, casi todos volábamos, desde Madrid o Barcelona, a nuestro destino transoceánico. El único secreto, de conseguir una buena tarifa, era la antelación de compra del boleto. No resultaba infrecuente, hacernos con unos billetes, con nueve o diez meses de anticipación y hasta con un año.
Hoy, estos dos parámetros –ciudad de partida y antelación- han cambiado. Con las compañías de bajo coste, se nos hace más fácil y rentable, volar desde Londres, París, Milán, Munich… y así, conseguir mucho mejores tarifas, para los trayectos transcontinentales. Las compañías aéreas son muy listas y nosotros, tenemos que aprender, a serlo también. Ellas, siempre ponen los vuelos mucho más baratos, partiendo desde los países extranjeros, para así competir, con las aerolíneas locales. Incluso, aunque hagan bastantes más kilómetros.
Un ejemplo práctico: Para mayo y con Iberia, volar desde Madrid a Caracas, cuesta cerca de 700 euros. Pero hacerlo, con la misma compañía, desde Lyon, Burdeos, Niza, París o Marsella, sale por 413€, haciendo escala en Madrid. Estamos hablando, de que el ahorro para dos pasajeros, ronda los 600 euros, si tomamos una low cost, a cualquier capital francesa, de las anteriormente mencionadas. La paradoja –que no es tal-, es que Iberia, te añade dos vuelos más –los Burdeos-Madrid-Burdeos- y te cobra 300 euros menos.
Por otro lado, conseguir las mejores tarifas, comprando con mayor antelación, hace tiempo que ya no es garantía, de salir ganando. Hoy lo que procede -además de estar dispuesto, a partir de otra ciudad europea, como ya hemos visto-, es realizar una búsqueda activa. Tomárselo con cierta disciplina y todos los días, dedicar cinco minutos, a proponer a los buscadores aéreos, nuestros intereses viajeros. Os aseguro, que –tarde o temprano y con paciencia- la liebre termina saltando
Ejemplos, tengo bastantes para mostraros: Un Madrid-Shanghai-Madrid, con escala en Doha, por 279 euros; un Madrid-Nueva York-Madrid, directo con Air Europa, por 323€ y un Burdeos-Madrid-Caracas-Madrid, por 413€. El primero y el tercero, los compré con menos, de un mes de antelación y el segundo, con 37 días.
Eso sí. Para que sea más fácil, conseguir auténticos chollos aéreos –como los referidos-, conviene ser flexible y manejarse, con tres o cuatro destinos deseados, optando finalmente, por el que ofrezca el vuelo, de tarifa más competitiva. ¡¡Nunca falla!!.
No es que se trate, de volverse un enfermo del ahorro. Al fin y al cabo, si vamos de vacaciones, es para gastar. Pero, es que el coste del boleto aéreo, suele ser el gasto más importante del viaje y si se consigue reducir, tendremos mucho más dinero, para disfrutar del destino. Por ejemplo, con lo que vamos a economizar, yéndonos hasta Burdeos, para viajar a Venezuela, aún nos sobra peculio, después de pagar, el tour de tres días por Canaima (que precisamente, no es nada barato).
De todas formas, los viajeros estamos de enhorabuena, porque volar hoy en día –incluso, en las compañías de bandera-, es mucho más barato, que hace quince años. No conozco ningún otro sector, en el que haya ocurrido esto. Recuerdo, que un vuelo a Estambul, en el año 97, me costó unas 50.000 pesetas. En 2.008 y con la misma compañía –Alitalia-, lo hicimos por 200 euros.
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jueves, 8 de abril de 2010
domingo, 3 de enero de 2010
Me he vuelto aséptica y ya no sufro (ni aún siendo pasajera aérea)
Voy a tratar de hacer, la reflexión más aséptica de mi vida. Y es que son tantos y tan claros, los argumentos que tengo, que apasionándome, me enfadaría lo suficiente, para perder parte de mi sensatez. Así, que prefiero no descentrarme.
Me refiero al asunto, de los controles –periódicamente trasformados en paranoias o en psicosis colectivas-, en las terminales aeronáuticas o aeropuertos. Como ya parto, de que quienes hacen las leyes, las crean, para su exclusivo beneficio y libre interpretación y albedrío, pues por aquí, no tengo intención, ni de enfadarme, ni de hacer –siquiera- crítica. ¿Conformismo, realismo o sumisión?. Tal vez, de todo un poco, porque es lo que hay y listo.
Así, que las únicas armas que nos quedan, son las de –tranquilamente-, esgrimir la aplastante realidad –que otros llamarían lógica-, bien explicada. No vaya a ser, que además de delincuentes –por tratar de boicotear, a toda la aviación de la humanidad-, seamos deslenguados, insolentes con quienes nos gobiernas o en el peor de los casos, incluso, pudiéramos caer en el flagrante delito o hasta, en desacato.
A ver, como consigo explicarme: Si tienen que hacerme un juicio sumarísimo, cada vez que llego a un aeropuerto, que lo hagan, pero al menos, con un poquito de respeto. Que no me tiren la bandeja, donde debo dejar los objetos, a la cara, con displicencia. Que no me digan con arrogancia, lo que tengo que hacer y lo que no. Que se esperen a ver, si he dejado de hacer no sé cuál cosa y que aún en este caso, me lo digan con educación. Y sobre todo, que antes de molestarme verbalmente –cosa que ocurre, en casi todos los aeropuertos de Europa-, se preocupen de comprobar, si doy algún indicio, de sospechoso de algo.
En este sentido y dados los supuestos palos, que se le dan a Estados Unidos, en este asunto –muchos de ellos, probablemente merecidos-, debo decir, que a pesar de la incómoda obligación de descalzarme –que no ocurre en Europa-, me he sentido mucho mejor tratada, en los aeropuertos de este país, que en lso del viejo continente. Más que por política o criterios gubernamentales, me da la sensación –y a mi este elemento, me parece importante-, por la cualificación y profesionalidad, de los empleados, que atienden en lso aeropuertos, que es bastante elevada al otro lado del atlántico y muy floja, en Europa. Sobre todo, en España, Reino Unido e Italia.
Comentado ya, el tema más importante, que es el del respeto, a continuación y sin acaloramiento, voy a tratar de reflexionar –que es a lo único que puedo aspirar, porque otra cosa, no voy a conseguir-, sobre los mandatos aéreos de nuestros gobiernos. Y lo voy a hacer, en forma de afirmaciones, preguntas, deliberaciones o ironías.
1.- ¿Por qué Al-Qaeda, está tan interesada en poner bombas en los aviones y no en las estaciones de trenes, de autobuses, en el metro o en unos grandes almacenes?. O dicho de otra forma: ¿Por qué no nos tenemos que descalzar y enseñar todas nuestras pertenencias, al subir a un tren, un autobús o al ir a comprar al Carrefour?. ¿Vale más la vida, de un pasajero aéreo, que la de un simple ciudadano, en sus quehaceres habituales?.
2.- ¿Nos dan seguridad o sensación de seguridad?. O, ¿tal vez, ni lo uno ni lo otro?.. Respondo, con algunos hechos, que me vienen a lamemoria: Yo en los mismísimos Estados Unidos, he pasado controles aéreos, con cosas en los bolsillos, en bolsos interiores y en los calcetines –todas legales, por cierto- y no en una sola ocasión, sino en varias. Por otra parte, oí el otro día, a una persona, experta en seguridad, que a partir de unas cuatro horas, un operario que se encuentre ante un escáner, lo único que ve, son manchas de colores. Y creéis, ¿qué todos los equipajes que entran en la bodega de un avión, son controlados rigurosamente?. Por creer…
3.- Va a resultar, que ahora, según las paranoias del momento –de las que ya, no tenemos culpa a quien echar, porque no está Bush-, en muchas compañías están prohibiendo ir al baño, durante la última hora de vuelo. O tener cosas encima de ti o taparte con la manta. ¿Acaso está investigado, que los malignos terroristas, solo atacan, en los últimos sesenta minutos del vuelo?. Por cierto: Otro día me gustaría hablar, de los diversos protocolos de la aviación. He omitido la palabra estúpidos, porque si no, no sería una reflexión aséptica, como al principio, prometí.
4.- Asunto de los líquidos, que le habrá pasado, a más de un@. Cuando el año pasado, volvimos de nuestro periplo por América y como nos sobraban pesos mexicanos, compramos en el aeropuerto, una botella de ron, que entró lícitamente en el avión, pero que ya no lo hizo, en nuestro cambio de vuelo, en Frankfurt, por mucho que le explicamos, al empleado de turno, que provenía de la tienda libre de impuestos de Cancún, que estábamos en tránsito y que la bolsa estaba sellada.
5.- Escáneres, que te desnudan. Dejando al margen, el tema de la legalidad –¡Dios mío, los jueces aún me dan más miedo y desconfianza, que los políticos!- o moralidad, que darían para muchas líneas, se puede pensar ¿qué alguien que quiera ocultar algo en su cuerpo, no va a saber bien, donde hacerlo y más, si en la pantalla –como dicen van a hacer-, los genitales parecen borrosos o el proceso, es controlado por un ordenador?. ¿Y por qué, no nos desnudan electrónicamente, al entrar en el Corte Inglés?
Aún así, seguiré aséptica, porque me gusta viajar y no me queda otra, que visitar, muy a menudo, aeropuertos varios. Pero, cuando me vengan a pedir el voto: Que se descalcen, se quiten el cinto, pongan sus cosas en una cesta, pasen por el arco de seguridad de mi cocina…
Me refiero al asunto, de los controles –periódicamente trasformados en paranoias o en psicosis colectivas-, en las terminales aeronáuticas o aeropuertos. Como ya parto, de que quienes hacen las leyes, las crean, para su exclusivo beneficio y libre interpretación y albedrío, pues por aquí, no tengo intención, ni de enfadarme, ni de hacer –siquiera- crítica. ¿Conformismo, realismo o sumisión?. Tal vez, de todo un poco, porque es lo que hay y listo.
Así, que las únicas armas que nos quedan, son las de –tranquilamente-, esgrimir la aplastante realidad –que otros llamarían lógica-, bien explicada. No vaya a ser, que además de delincuentes –por tratar de boicotear, a toda la aviación de la humanidad-, seamos deslenguados, insolentes con quienes nos gobiernas o en el peor de los casos, incluso, pudiéramos caer en el flagrante delito o hasta, en desacato.
A ver, como consigo explicarme: Si tienen que hacerme un juicio sumarísimo, cada vez que llego a un aeropuerto, que lo hagan, pero al menos, con un poquito de respeto. Que no me tiren la bandeja, donde debo dejar los objetos, a la cara, con displicencia. Que no me digan con arrogancia, lo que tengo que hacer y lo que no. Que se esperen a ver, si he dejado de hacer no sé cuál cosa y que aún en este caso, me lo digan con educación. Y sobre todo, que antes de molestarme verbalmente –cosa que ocurre, en casi todos los aeropuertos de Europa-, se preocupen de comprobar, si doy algún indicio, de sospechoso de algo.
En este sentido y dados los supuestos palos, que se le dan a Estados Unidos, en este asunto –muchos de ellos, probablemente merecidos-, debo decir, que a pesar de la incómoda obligación de descalzarme –que no ocurre en Europa-, me he sentido mucho mejor tratada, en los aeropuertos de este país, que en lso del viejo continente. Más que por política o criterios gubernamentales, me da la sensación –y a mi este elemento, me parece importante-, por la cualificación y profesionalidad, de los empleados, que atienden en lso aeropuertos, que es bastante elevada al otro lado del atlántico y muy floja, en Europa. Sobre todo, en España, Reino Unido e Italia.
Comentado ya, el tema más importante, que es el del respeto, a continuación y sin acaloramiento, voy a tratar de reflexionar –que es a lo único que puedo aspirar, porque otra cosa, no voy a conseguir-, sobre los mandatos aéreos de nuestros gobiernos. Y lo voy a hacer, en forma de afirmaciones, preguntas, deliberaciones o ironías.
1.- ¿Por qué Al-Qaeda, está tan interesada en poner bombas en los aviones y no en las estaciones de trenes, de autobuses, en el metro o en unos grandes almacenes?. O dicho de otra forma: ¿Por qué no nos tenemos que descalzar y enseñar todas nuestras pertenencias, al subir a un tren, un autobús o al ir a comprar al Carrefour?. ¿Vale más la vida, de un pasajero aéreo, que la de un simple ciudadano, en sus quehaceres habituales?.
2.- ¿Nos dan seguridad o sensación de seguridad?. O, ¿tal vez, ni lo uno ni lo otro?.. Respondo, con algunos hechos, que me vienen a lamemoria: Yo en los mismísimos Estados Unidos, he pasado controles aéreos, con cosas en los bolsillos, en bolsos interiores y en los calcetines –todas legales, por cierto- y no en una sola ocasión, sino en varias. Por otra parte, oí el otro día, a una persona, experta en seguridad, que a partir de unas cuatro horas, un operario que se encuentre ante un escáner, lo único que ve, son manchas de colores. Y creéis, ¿qué todos los equipajes que entran en la bodega de un avión, son controlados rigurosamente?. Por creer…
3.- Va a resultar, que ahora, según las paranoias del momento –de las que ya, no tenemos culpa a quien echar, porque no está Bush-, en muchas compañías están prohibiendo ir al baño, durante la última hora de vuelo. O tener cosas encima de ti o taparte con la manta. ¿Acaso está investigado, que los malignos terroristas, solo atacan, en los últimos sesenta minutos del vuelo?. Por cierto: Otro día me gustaría hablar, de los diversos protocolos de la aviación. He omitido la palabra estúpidos, porque si no, no sería una reflexión aséptica, como al principio, prometí.
4.- Asunto de los líquidos, que le habrá pasado, a más de un@. Cuando el año pasado, volvimos de nuestro periplo por América y como nos sobraban pesos mexicanos, compramos en el aeropuerto, una botella de ron, que entró lícitamente en el avión, pero que ya no lo hizo, en nuestro cambio de vuelo, en Frankfurt, por mucho que le explicamos, al empleado de turno, que provenía de la tienda libre de impuestos de Cancún, que estábamos en tránsito y que la bolsa estaba sellada.
5.- Escáneres, que te desnudan. Dejando al margen, el tema de la legalidad –¡Dios mío, los jueces aún me dan más miedo y desconfianza, que los políticos!- o moralidad, que darían para muchas líneas, se puede pensar ¿qué alguien que quiera ocultar algo en su cuerpo, no va a saber bien, donde hacerlo y más, si en la pantalla –como dicen van a hacer-, los genitales parecen borrosos o el proceso, es controlado por un ordenador?. ¿Y por qué, no nos desnudan electrónicamente, al entrar en el Corte Inglés?
Aún así, seguiré aséptica, porque me gusta viajar y no me queda otra, que visitar, muy a menudo, aeropuertos varios. Pero, cuando me vengan a pedir el voto: Que se descalcen, se quiten el cinto, pongan sus cosas en una cesta, pasen por el arco de seguridad de mi cocina…
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