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martes, 11 de mayo de 2010

La vida, más que las situaciones que nos acontecen, es un estado de ánimo

Últimamente, tengo bastante abandonada, una de mis secciones favoritas de la web, como son, estas reflexiones viajeras. Nuestra vida, resultaba hace un mes, peor que hace un par de años y hoy, bastante más mala, que treinta días atrás. Cuando los varapalos económicos y psicológicos te golpean, es difícil reflexionar sobre asuntos viajeros o sacar punta a las cosas. Más bien, lo que apetece en esos momentos, es hacer la mochila a toda prisa y partir sin rumbo y sin día de regreso. Viajar –que no, huir hacia delante-, es la mejor válvula de escape, que conozco, cuando las cosas se ponen muy feas.

Pero, a pesar de todo, tampoco podemos quejarnos. La vida hasta hoy, nos ha sonreído, mucho más de lo que nos ha vapuleado. Lo que ocurre, es que es difícil, combatir a las demoledoras rachas. Económicamente y por el momento, aún tenemos algunos colchones, que nos permiten llevar una vida tranquila y viajar cuando nos place. Y psicológicamente, andamos en autorehabilitación, conscientes de que la vida, más que el conjunto de hechos que nos ocurren diariamente, es un estado de ánimo.

Por eso, es fácil entender, que en el tercer mundo, la gente tenga que salir a buscarse las habichuelas cada día y esté contenta y sonriente y aquí, nadando en la triste opulencia material –comparados con ellos-, estemos sumidos en la miseria cerebral, la desidia, el victimismo y el desánimo No hay peor crisis, que la de la mente, mucho más feroz y especulativa, que la del propio bolsillo. Si –como lección elemental-, aprendiésemos eso en el primer mundo, desde luego, nuestra existencia, sería mucho más placentera.

Y es que la vida, al margen de un cúmulo de desgracias –esas las ve todo el mundo-, es un territorio de oportunidades –ya, hay que agudizar más la vista, para saber encontrarlas-. Y, además, hay que relativizar. De lo que hoy nos parece un drama, puede surgir mañana, la mejor de las noticias. Y a la inversa: El glorioso acontecimiento del presente, puede desembocar en un día, en la mayor de las catástrofes.

Siempre, he puesto un ejemplo muy claro. A un suceso lamentable, que sufrimos en 2.007, supimos darle la vuelta y buscar una oportunidad: La consecuencia, fueron los maravillosos viajes largos del 2.008, que nos llevaron, a través de 26 países de Asia, América y África. Ahora, nos ha sobrevenido, una situación similar y desgraciada, que tal vez nos permita, en breve, recorrer África oriental, desde Ciudad del Cabo a Nairobi y dar una vuelta al mundo, de un par de años, desde febrero que viene.

Os muestro, incluso, una situación más concreta, que corrobora, que la vida es un estado de ánimo y no una situación y que de lo malo, puede surgir lo bueno y viceversa. Como ya sabéis, los más habituales de la web, el día 1 de mayo, deberíamos haber partido hacia Venezuela, en un viaje, que nos debería haber llevado, a recorrer este país, más las islas, de Trinidad y Tobago y Granada.

Cuatro días antes de la salida, constaté, al mirar el itinerario en la web de Iberia, que la compañía española, había cambiado los horarios de nuestros vuelos. Estallé de ira, volviendo a lamentar, una vez más, lo poco seria, que es esta aerolínea (y mira que yo, no soy de quienes la atacan por sistema y capricho). Siempre, que hemos volado con ellos, en trayectos largos, nos han cambiado la fecha o la hora, sin ni siquiera comunicarlo, por correo electrónico.

Lo que parecía un contratiempo –más para el estado de ánimo, que a efectos prácticos-, se convirtió en una oportunidad. Al día siguiente, un imprevisto y doloroso mazazo, nos golpeó severamente e hizo imposible, la realización de tan ansiado viaje. Nos agarramos a un clavo ardiendo y pensamos: “Si iberia ha cambiado los horarios, seguro que tenemos derecho, al reembolso de los boletos”. Dicho y hecho: En 10 minutos y tras hablar con una señorita, que ofreció cierta resistencia, teníamos en nuestra tarjeta de crédito de retorno, 828 euros y los billetes anulados, con tan solo, 10 euros de cargo, supongo, por gastos de emisión.

jueves, 21 de enero de 2010

Haití: Estoy harta, de los medios de comunicación

Soy licenciada en periodismo y mis primeros años profesionales, se desarrollaron dentro del sector. Pero no por eso, dejo de estar harta, de que los medios de comunicación, decidan a cada momento, lo que es noticia o no. Es cierto que en Haití y debido a un terremoto, han muerto 75.000 personas, pero este país, ya debería haber sido noticia, hace mucho tiempo, por ser el más pobre de América. Y nunca lo fue.

Y es que la pobreza, ni sensibiliza, ni vende, ni eleva los índices de audiencia, mientras que las catástrofes, sí. Sobre todo, si se sirven al conmovido espectador, como un espectáculo circense, bien montado. Lo vimos con las invasiones de Irak y con otros tantos desastres más (naturales o provocados por el hombre). Pero dentro de veinte días –quizás antes-, el tema dejará de ser atractivo, desde el punto de vista comercial y de audiencias. Así, las pobrezas y penurias de Haití, volverán al más absoluto olvido. ¡¡Lo hemos visto tantas veces: Etiopía, Somalia, el tsunami del sudeste asiático, Irak…!!

Es verdad, que 75.000 muertos, en una semana de hecatombe, son muchos muertos. Pero aún, me parece más noticioso, que cada seis segundos, muera un niño, en nuestro planeta. Hagamos cuentas: 10, al minuto; 600 a la hora; 14.400 al día y ¡5.256.000 al año (no bisiesto)!. Pero de esos, nadie se acuerda –tal vez, un ratito en Navidad-, ni ningún ente o persona, nos pide que descontemos dinero de nuestras nóminas, para los pobres damnificados o que hagamos donativos.

Y, a diferencia del cataclismo de Haití, en el caso de los niños hambrientos, tampoco van George Clooney, Angelina Jolie, Brad Pitt o Sandra Bullock, a dar corriendo, un millón de dólares, porque de esa forma, no saldrían en los periódicos, de todo el mundo. ¡Publicidad más barata, a nivel mundial y a costa de los pobres haitianos, no la van a tener nunca!. Si quieren donar esa cantidad –que para ellos, es como 10 euros para mi-, que lo hagan en silencio, como cualquier otro ciudadano. Tengo ganas, de ver a estos actores millonarios, dando generosos donativos sin publicidad, a los países pobres de África, por ejemplo. ¡Seguro, que algunos que no se dan tanto bombo, ya lo hacen, con discreción!

Como ya dije, la pobreza no vende. Porque de hecho, en nuestra misma España, hay nueve millones de pobres y nadie les da un donativo o mejor, una posibilidad, de ganarse honradamente la vida. ¿Y, alguien sabría recitar, la lista de los países más pobres del mundo?. No lo creo. Yo ahora mismo, me voy a san Google, a ver si me saca de dudas: Hay varias entradas y tomo esta, al azar: Zambia, franja de Gaza, Zimbawe, Chad, Mooldavia, Haití, Liberia, Guatemala, Surinam y Angola (pongo solo, los diez primeros). Salvo de Haití y de la franja de Gaza –ambos, por motivos obvios-, ¿alguien vio en los noticieros de los últimos meses, referencias de estos países?. Al menos, las sensibles televisiones españolas, podrían hacer, un Callejeros Viajeros en Chad o Españoles, en Zambia.

Pero, de lo que estoy más harta, es de cómo los medios de comunicación, juegan con nuestra sensibilidad. Frases, en todos los programas –hasta en los deportivos-, tipo: “pobrecitos” o “con lo que están pasado”. ¡A ver si se enteran, de que lo que están pasando, aún sin catástrofes, es desde que el mundo es mundo y no, desde el martes pasado!.

Y claro, todo el santo día, escuchando la matraca, a los ciudadanos, nos entra el lícito ataque de sensibilidad, que se nos pasa, por supuesto, después de haber visto el telediario y de acudir al banco, para dejar un pequeño donativo, del que el banquero –también por supuesto-, se llevará su tajadita, en forma de comisión. Porque los banqueros, no pierden nunca.

Que a los ciudadanos, nos entren esos repentinos ataques de sensiblería –más que de sensibilidad-, no deja de ser normal, porque somos seres humanos, con sangre en las venas. Pero que los gobiernos, se rasguen ahora las vestiduras, ¡eso ya, clama al cielo!. ¡Si es que ellos, eran plenamente conocedores, de la calamitosa situación de Haití, mucho antes, de la maldita catástrofe!. Eso sí, ahora toca perdernos en discusiones, de por qué nos han pillado despistados y hemos dejado salir, más a los marines norteamericanos, en las fotos de los periódicos. ¡¡Burócratas insensibles y miserables!!.

Pero el culmen de mi hartazgo, llegó cuando en el día de ayer, leí una noticia, con este titular: “Un crucero de lujo, desembarca en Haití, cerca de la catástrofe”. ¡Vaya!, partiendo, de que la agencia organizadora, no es experta en guardar las formas, ni tiene el don de la oportunidad (podían haber desembarcado, en República Dominicana), el resto de la idea, que se nos pretende transmitir en la noticia, me parece demagogia, pura y ofensiva. ¡Vamos a ver!: Yo no voy a dejar de viajar, a todo el África subsahariana, porque se están muriendo de hambre; a no ir de vacaciones, porque los chadianos, no se las puedan permitir o a no comer, porque en Ruanda, no dispongan de media, ni de un dólar al día, para todos sus gastos. Los problemas del mundo, no los hemos causado los ciudadanos –viajeros o no-, ni tampoco, somos los responsables de resolverlos.

Señores periodistas: Déjennos en paz a los viajeros –sean de lujo o no-. Porque nosotros, vamos a los sitios y tratamos de conocerlos, integrándonos entre sus habitantes y de comprenderlos. Poco más podemos hacer (salvo excepciones). Ustedes van, sacan la foto o el reportaje, montan el espectáculo circense, se vuelven a casa y se olvidan.

Prometo, que en este blog, se seguirá hablando de Haití, cuando ya nadie hable de Haití.