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jueves, 3 de diciembre de 2009

Conquistadores y Tomboleros

Hay quien piensa, que cada viajero es genuino, único y diferente, pero yo no comulgo, con este pensamiento, algo romántico e idealista. Creo que hay cinco, seis…, diez como mucho, perfiles concretos de formas y filosofías de viajar y que todos podemos ser enmarcados, en alguno de e ellos. Aunque claro está, no de forma pura, en todos los casos, sino con porcentajes mayores o menores, de los restantes perfiles. Tirando por lo alto, no creo que al final, salgan más de veinte o veinticinco subperfiles diferentes, en los que se puede englobar, a cualquiera cuya máxima pasión, sea recorrer el mundo.


No es mi intención, en esta reflexión, hacer la típica clasificación frívola e hilarante, que no es difícil encontrar, en algunos hilos, de los más famosos foros de viajes o en blogs particulares. Creo que el tema, es mucho más serio, que eso y para llegar a conclusiones, habría que poner en marcha, un laborioso trabajo de campo, en el que se entrevistarían a miles de viajeros. ¿Quién podría estar interesado en hacer este estudio?. Pues mucha gente, entre los que destacarían, las agencias de viajes y los propios estados, a través de sus estamentos turísticos, con el fin de optimizar el número de clientes y visitantes y por tanto, los ingresos.


Llegados a este punto, dejo al margen el rollo filosófico y me bajo a la arena, para referirme, a dos tipos de subperfiles –a veces, en la misma persona, se dan ambos-, que últimamente, veo en sostenido, pero constante incremento, en mi deambular por la red: El conquistador o coleccionista de países y el tombolero.


Los primeros, me tienen anonadada. Hacen una imaginaria muesca, por cada país que visitan y el objetivo final, no es otro, que sumar el mayor número posible de ellas, de tal forma, que el que ha suma 40, es mejor que el que solo lleva 32 y este a su vez, más valioso, que el que tiene 15. Las reglas son sencillas: Se añade el país y se considera como visitado, desde el justo momento, que se cruza la frontera. Da igual, que solo se pasen allí tres horas, incluso en circuito organizado y más de la mitad del tiempo, se distribuya comiendo y en un transporte. Ese país, ya forma parte de la lista y el objetivo último, no es otro, que completar la relación o acercarse lo más posible, a la totalidad de los estados u naciones, del mundo mundial. Su filosofía, se resume en: “Yo soy mejor viajero, que tú, porque te saco tantos países”.


Dicho sea de paso, que nada tengo contra esta gente. Simplemente, me sorprende, que alguien pueda quedar satisfecho, de esta forma de recorrer el mundo. Pero cada uno, es muy libre de viajar, como quiera y de recetarse el tratamiento que considere oportuno, para la mejora de su autoestima. Es el segundo perfil, el que me irrita algo más y una de las tantas razones, de que yo abandonara en su día, todos lso foros de viajes.


A mi, se me ha ocurrido llamarlo el tombolero, porque están todo el día gritando –interneticamente, hablando- y vendiendo humo, pero podría tener, otra decena de denominaciones. Los hay, que tratan de fastidiar constantemente, al prójimo y otros, mucho más inofensivos, que lo único que tratan, es de alimentar su ego.


En el primer caso, son envidiosos, ventajistas –nunca responden, en un hilo de un foro, los primeros, sino después, para criticar-, malpensados, inventores de historias y hasta de muchos de sus propios viajes. Siempre tienen las claves de todo, una anécdota más interesante que la tuya, unos lugares –que, pobre de ti-, tú no visitaste y ellos sí… En los foros, sencillamente desprecian, a la gente, que menos ha viajado y desde su cobarde anonimato, cargan sus tintas, contra los que más participan o han tenido la suerte, de conocer más mundo.


En el segundo supuesto, hablamos de simples vendedores de humo, que a nadie dañan, pero que cuando a su producto –por así llamarlo-, le quitas el envoltorio, la decepción es enorme.


Recuerdo, que no hace mucho, fui uno de esos cientos de destinatarios, a los que un viajero, envió un apasionado y prometedor correo electrónico, anunciando, que había estado en Corea del Norte, uno de los pilares del Eje del Mal y que en una semana, daría con pelos y señales, todos los detalles. Lo mismo publicó, a bombo y platillo y a grito de megáfono cibernético -como en las mejores tómbolas-, en algunos foros de viaje, porque como decía, a él le iban los grandes retos.


Me ilusione y me dispuse a contar las horas, que quedaban para que mis oídos, pudieran escuchar, aquella fantástica y aventurada historia. Pero llegó el día y la decepción, fue morrocotuda. El gran reto, la aventura inigualable, la incursión en el Eje del Mal, había consistido en unas cuantas horas, de no barato viaje organizado, desde Corea del Sur. Buena parte de ellas, las había pasado en controles o almorzando y las máximas atracciones, consistían en una cascada y unos templos, de los que en Asia, sobran en casi todos los países, menos en China.


Lo que si debo agradecerle a este viajero, es que despertara en mi, el interés por este enigmático país y que lo tenga en mis planes viajeros de futuro, para hacerlo, algo más a fuego lento. De esta forma el guiso, sale más rico y con menos humo.

martes, 25 de agosto de 2009

¡¡¡VIVA Ryanair!!!

"Jamás respondisteis a mi reclamación y el exceso de peso en el equipaje es más caro, que el kilo de marisco en Navidad, pero aun así...: ¡os quiero!". No hace mucho que en la prensa, encontrábamos estos fragmentos de una carta, que una usuaria valenciana, enviaba a las oficinas de la compañía aérea Ryanair. Esto viene a demostrar, que las controversias que genera la bajo coste irlandesa, ya no solo están en el plano social, sino dentro del propio individuo. Pura relación de amor/odio.


En el fondo creo, que a Ryanair le va la marcha y que lejos de incomodarles, tanta crítica les reconforta. Es aquello tan viejo, del que hablen de mi, aunque sea mal. Y a otros muchos, también les viene bien. Por ejemplo, al gobierno. Porque mientras se habla, de que si Ryanair cobra no se cuanto por cada bulto o por el check-in on line, nadie hace comentarios sobre la millonada que se está gastando el estado –con comisiones incluidas, para muchos políticos, supongo-, en hacer un AVE para ricos y potentados.


Mientras tanto, Ryanair gana dinero, como debe hacer cualquier empresa, da oportunidad de viajar a mucha gente y se ríe del mundo, ahora con lo de volar de pie y pagar un euro por el servicio. Pues si hay que abonarlo, pues se abona y debate terminado. ¿Por qué nos quejamos por esto y nos quedamos tan campantes, cuando nos soplan diez euros, por un recorrido de 20 kilómetros, que no vale ni dos, desde un aeropuerto, hasta el centro de la ciudad?.


Y es que desde mi punto de vista, las controversias se acaban rápido, bajo el contundente argumento, de que puedo volar de Madrid a Barcelona por 4 euros, con todo incluido y con solo equipaje de mano, mientras que ir en el tren, me cuesta quince veces más. Otro ejemplo: Para el puente de octubre, haremos Valladolid-Milán-Madrid, por tan solo 8 euros por persona. ¿Imagináis cuanto cuesta, solo el tramo Barcelona-Milán, a través de esa sociedad de desvergonzados, que en su día crearon RENFE y la francesa SNCF? Con esto, ya no haría falta seguir, pero me apetece hacerlo.


Las asociaciones de consumidores –líbrenos Dios de ellas- hablan y no paran, de que la política de Ryanair es engañosa y poco clara, de que cobran por todo, de que no dan servicios…, pero nunca las oí protestar, cuando dos gilipollas, con pretensiones de exclusividad mundial, pagan casi 4.000 euros cada uno, por un viaje de 15 días a Argentina, en Viajes de El Corte Inglés. Y hay mucha gente, que despilfarra esta cantidad y sale gozosa, sin saber que gasta diez veces más de lo que cuesta y que luego ponen el grito en el cielo, porque Ryanair les quiera cobrar, 16 euros por una maleta. ¡La estupidez humana, no tiene, ni tendrá límites!.


Ryanair no engaña a nadie y si son muchos, los que tratan de engañar a Ryanair. Por ejemplo, intentando pasar por bultos de mano, auténticos maletones o como vi el otro día a una chica, proponiendo colar como este tipo de equipaje, un bulto que pesaba 14,5 kilos.


Vamos a tratar de analizar, los tres principales tópicos.


1.- “Ryanair cobra por todo, sobre todo por el equipaje.”. Sí, es cierto y parece justo, que uno que lleva 15 kilos, pague más que el que viaja con un simple bolsito de mano. Lo que resulta completamente injusto, es lo contrario: Pagar por lo que no se usa. En las compañías tradicionales, nos obligan a desembolsar dinero, por todos los servicios que ofrecen, independientemente de que los utilicemos o no.


2.- “El sistema de venta es confuso y engañoso”. Falso. Es sencillísimo, para toda aquella persona, con una formación media, que se haya dado tres garbeos por internet. Se trata simplemente, de ir añadiendo o restando servicios y pagar exclusivamente, por lo que se necesita. Es bastante más fácil, que sea una agencia, la que te meta la bacalá


3.- “Cuando hay problemas, como cancelaciones u otros, se lavan las manos”. Sí, eso está mal, ciertamente, pero muchas de las aerolíneas tradicionales, hacen exactamente lo mismo. Aún estoy esperando, la indemnización de Alitalia, después de haber presentado la reclamación cinco veces, por el retraso de 24 horas, que tuvimos el año pasado, volviendo de Turquía. Cierto es que a nosotros, por lo menos nos dieron comida y hotel, pero a la mayoría, ni eso. Y me temo, que o voy a los tribunales o no cobraré nunca. Legislación Europea = Papel mojado.


Voy ahora, con lo que me parecen las mayores ventajas, de esta aerolínea irlandesa:


-Gracias a Ryanair, los ciudadanos de provincias, ya no necesitamos desplazarnos a Madrid, para viajar por Europa. Y gracias a esta compañía, el turismo en nuestras propias ciudades, se ha revitalizado.


-Es una de las compañías aéreas, con mayor puntualidad. Y no es casualidad, porque su rentabilidad, depende de ello.


-O es que me estoy acostumbrando o últimamente, la distancia entre asientos ha aumentado algo y estos son un poco menos espartanos, que antes.


-Te avisan mil veces por correo electrónico, los días antes de tu vuelo, para que hagas la facturación on line, por lo que es casi imposible, que se te pueda olvidar.


Pero como digo unas cosas, también menciono las otras. Hay tres cosas de esta compañía, que no entiendo y que serían fácilmente mejorables.


-El excesivo celo, comparado con la mayoría de la competencia, en llevar hasta el límite, todos los protocolos de seguridad.


-El trato poco amable del personal. No he visto aerolínea, con más caras de amargad@s de la vida, entre l@s auxiliares de vuelo, que en esta.


-Carece de3 sentido, que pagar con la tarjeta de la compañía, salga 10 euros más caro, que hacerlo con una Visa Classic Aunque esto es pura anécdota.

domingo, 2 de agosto de 2009

Ser coleccionista de postales o viajero de absorción lenta

Retomo las reflexiones viajeras, con la intención de volverles a dar cierta continuidad, que no tienen, desde que a principios de febrero de 2.008, iniciásemos nuestros viajes largos. Y empiezo con un tema controvertido, como es, el ritmo o la velocidad de los viajes. Aunque para mi, no existe controversia laguna.


Son muchos los hilos de foros de viajes, en los que se pregunta sobre el tiempo que se necesita, para ver determinado un lugar en concreto. Cuando yo participaba en ellos, siempre dudadaza, de si contestar o no, porque me parece como tratar de crear certezas, a si es mejor la tortilla con o sin cebolla. Solía acabar respondiendo, más por el afán de dar una ligera orientación personal al dubitativo forero, que porque estuviera convencida de tener razón


Cuando estamos de viaje, cada uno nos levantamos a una hora, dedicamos más o menos tiempo a reposar o a comer durante el día, nos movemos y transportamos de distinto modo, disfrutamos de una manera u otra de las cosas y además de todo eso, tenemos distintas formas de ser y emocionarnos: Hay quienes en 20 días nos hacemos 6.000 kilómetros y a los que ese tiempo, no les da para más de 500 –o menos-.


A mi ambas formas de ver la vida y todas las intermedias, me parecen igualmente respetables y adecuadas, aunque la práctica me viene a demostrar, con la injusticia que pueden acarrear las generalizaciones,, que los que viajamos a un mayor ritmo, respetamos más a los que van lentos, que a la inversa.


Si en uno de esos referidos hilos de cualquier foro de viajes, a alguien se le ocurre contestar por ejemplo, que para ver Ginebra es necesario una semana, normalmente, nadie saldrá contradiciéndole. Pero ¡ay! como se te ocurra decir, que puedes ver Praga y Roma en dos días o la muralla china en uno. Habrá una legión de respuestas, diciendo que eso es imposible, que no viste ni la mitad y que no lo viviste intensamente. ¿Por qué yo tengo que respetar y respeto, a quines dedican cuatro días a los templos de Angkor y tres a Petra y los que dedicamos solamente uno a cada lugar, tenemos que aguantar ácidas críticas y despectivos desprecios? ¿En base a que argumentos, ellos disfrutaron más que yo de la visita?. ¿Quién me puede demostrar a mi con argumentos, que por estar mirando cuatro horas un cuadro –con lágrimas incluidas-, tuvo unas sensaciones más ricas que yo, contemplándolo solo dos minutos?


En los casos anteriores, ellos pueden argumentar, que descubrieron o sintieron el lugar o cosa, con más profundidad y yo sigo con las preguntas. ¿Quién dicta cuál es el grado de profundidad adecuado para visitar algo?. ¿Tanta profundidad, no puede estar llevando a cuestiones secundarias y quitando a la vez, días u horas a otros lugares, que luego no se podrán ver, por falta de tiempo?.


Los tres argumentos básicos, que lanzan –sí, los lanzan, no los dan- algunos -no todos- de los que viajan lento, suelen ser los siguientes:


1º.- “Es que vosotros sois coleccionistas de momentos y de postales”. Tampoco sería tan mala la propuesta, sino fuera porque lo dicen de forma despectiva, sin plantearse tal vez, que el problema lo puedan tener ellos y no nosotros, al ser viajeros de absorción excesivamente lenta.


2º.- “Es que a mi me gusta disfrutar intensamente de los sitios”. ¡Toma y a mi también!. Pero no necesito, ni estarlos contemplando durante horas o días, ni comerme el coco, haciéndome cientos de preguntas sobre, como esa maravilla es posible, como habrá perdurado a lo largo de los tiempos o como fueron capaces de hacerla.


3º. -“Es que si no estás mucho tiempo, no conoces bien los sitios”. Afirmación demasiado contundente y general, dado que cada uno captamos las cosas con distinta actitud, intensidad, interés, inteligencia, sensibilidad o atención, entre otras. Hay quien en dos días, controla más un lugar, que otros en una semana. Tengo una amiga argentina, que es repartidora. Ella lleva tres meses en Valladolid y conoce el callejero y los pueblos de la provincia mejor que yo, que soy de esa ciudad de nacimiento. Por el contrario, a mi ahora mismo, casi recién llegada de China, me resultaría más fácil hacer una guía turística de Shanghai, que de mi propia ciudad. Porque allí estaba 15 horas diarias en la calle y aquí, casi solo salgo para las cosas rutinarias.


No voy a dar ninguna virtud, de lo que supone viajar no lento, porque no pretendo cambiar la velocidad de viajar de nadie y porque no voy a tildar como desventaja, algo que a mi me lo parezca, pero para otro, que seguro no tira piedras contra su tejado, le resulte una ventaja. Solo pido que los “lentos”, hagan con migo lo mismo. Os lo juro, de verdad, me lo paso muy bien y consigo disfrutar de las cosas, viajando como viajo. No necesito un reciclaje, lleno de axiomas absolutos. Tenéis que entender que a mi, estar demasiado tiempo en un sitio, me aburre soberanamente.


Otro día hablaré, de por qué a los que les gusta la naturaleza, se creen superiores a los que nos gusta predominantemente la civilización (incluyo en ella desde Nueva York, hasta el último poblado de África).

miércoles, 10 de octubre de 2007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (X de X)

Realmente, me ha resultado divertido ir escribiendo poco a poco esta larga serie relacionada con los tópicos en las conversaciones de viajes, por lo que no descarto añadir nuevas entregas en el futuro; aunque por el momento esta décima parte va a ser la última.

Y en esta ocasión no me voy a referir a un tópico en concreto, sino que voy a refundir en este capitulo una serie de pequeños tópicos muy generalizados, que no solo aparecen en conversaciones de viajes, sino también en medios escritos como suplementos de viajes de periódicos, blogs, guías turísticas…

Empiezo hablando de la obsesión que -sobre todo- tienen las guías de viajes y reportajes impresos de asemejar –casi hasta querer clonar- unas ciudades a otras, cuando en realidad su parecido es bastante discutible. Francamente y aunque así lo afirmen, a mi no me pareció que Bucarest tenga nada que ver con París, para que la llamen la París del Este y lo mismo pienso de la Atenas del Norte (Edimburgo) o la Venecia del Norte (Ámsterdam, que quitando la coincidencia de que posee canales, poco más tiene que ver con la ciudad del norte de Italia).

Continúo, refiriéndome a las listas y los rankings. Reconozco que yo misma también soy una muy asidua lectora de estas relaciones de cosas varias asociadas con viajes y turismo, que de forma muy frecuente se presentan sobre todo por internet. Sirven para pasar un rato entretenido y a veces para conocer detalles interesantes o curiosos, pero no es menos cierto que además de ser bastante discutibles las clasificaciones que hacen, están llenas de tópicos y lugares comunes. Cuando hablo de listas me estoy refiriendo a las de tipo: Los diez lugares donde estar más sexy o enamorarse en el globo terráqueo, las 15 mejores playas de Europa, las cincuenta habitaciones de hotel con más encanto o las puestas de sol más románticas a visionar a lo largo y ancho del planeta, por ejemplo.

Supongo que muchas de estas listas nacen con ocultos intereses publicitarios y otras cuantas por simple y pura diversión de quien las crea, pero tanto en uno y en otro caso hay que haber recorrido mucho mundo y –como se dice vulgarmente- tenerlos muy buen puestos para atreverse a establecer esos rankings de una forma tan categórica y excluyente.

Vamos ahora con el tópico de lo cara o lo barata que es la vida en diversas partes del mundo. Hay ciudades o países que cargan desde hace ya tiempo con el pesado san benito de ser realmente carísimas. No he tenido la suerte todavía de visitar Japón, que es uno de los países que soporta de forma resignada este impopular comentario. Sin embargo, casi todos los que por allí han viajado lo desmienten de forma rotunda. Sirva como ejemplo este párrafo, extraído de www.japon2005.com/ : "Tokio no es para nada caro, el precio del transporte es un poco más caro de ciudades como Madrid, pero no llega al punto de ciudades como Londres, comer es barato y el precio de museos es sino gratuito muy barato. El precio del alojamiento es algo mas caro, pero se pueden conseguir alojamientos baratos".

También cargan con esta pesada y cansina cruz países como Suecia, Dinamarca o Suiza, mientras que casi nunca se suelen mencionar, por ejemplo, El Reino Unido, Irlanda o Austria, que mantienen precios más elevados que las anteriormente citadas en casi todo. Por cierto, que Madrid o Barcelona cada vez se aproximan más a estas últimas que a las baratas.

En realidad, lo de tópicos de ciudades o países daría para escribir folios y folios: Que si Tánger o Nápoles son ciudades peligrosísimas, cuando generalmente basta con unas precauciones muy básicas para no tener problemas en ellas. Que si Roma es un caos, cuando simplemente es una ciudad vibrante…

Escrita el 12 de marzo de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (IX de X)

Tópico 9: "La gente que más ha viajado suele ser la más humilde". A mi realmente me encantaría que esto fuera así de evidente, que además de lo bien que uno se lo pasa recorriendo el mundo, esta excitante actividad sirviera también para modelar el carácter y hacernos más humanos, comprensibles, sensatos, accesibles, serenos y solidarios. Pero me temo que una vez más, nos encontramos ante un tópico que de tantas veces repetido (la probada eficacia de machacar y machacar, que algo queda) pareciera haberse convertido en indiscutible e inquebrantable ley.

Como ya expuse en otra de las reflexiones de esta serie de tópicos, tenemos la afición recurrente de ser demasiado exigentes con lo que pedimos a los viajes. No solo queremos pasárnoslo bien y recorrer países, estados y naciones; cruzar mares, llanuras, montañas y desiertos o conocer nuevas culturas; sino que además pretendemos que todo esto influya en nuestra personalidad de forma positiva, moldeándola, dulcificándola y haciéndola más atractiva para nosotros mismos y para los demás.

Pues estaría bien, repito, que así fuera. Pero no, no puedo comulgar con esa milonga, porque no conozco a nadie que hace un tiempo fuera un arrogante redomado de los que te miran por encima del hombre y en unos añitos por arte de magia y después de meterse metido entre pecho y espalda 50 países, se haya convertido en una persona deliciosa, delicada, razonable y humilde. Creo que si la sabiduría de la genética no fue capaz de conseguirlo, difícilmente podemos tener siquiera la legitimidad de ir con estas exigencias a los viajes.

Este razonamiento que hoy estamos tratando, viene a ser da características muy similares al que hacían los pseudointelectuales de los tiempos de la transición, que echaban la culpa al fútbol del embrutecimiento físico y –sobre todo- mental de quienes contemplaban este deporte. Pero me temo que tanto entonces como ahora, el que es y era bruto lo seguirá siendo, da igual sea espectador de lo que ellos denominaban de una de las formas más dogmáticas que recuerdo "el opio del pueblo" (fútbol), de la ópera o de un congreso literario. Y quien no lo es, no va a cambiar porque dedique su tiempo a unas actividades u otras. ¿Por qué echar tantas veces la culpa al empedrado cuando es nuestra?.

Es que incluso llegado el caso y permaneciendo en le relativismo y, por tanto, sin darle validez absoluta, estaría mucho más de acuerdo con un dicho formulado más o menos de la forma contraria al arriba expuesto: "La gente suele ser más humilde al principio de empezar a viajar, que cuando ya tiene una dilatada experiencia en la materia". Porque un bocazas arrogante y pretencioso, pero no viajado, al menos no tiene andanzas, opiniones, ni vivencias de las que hablar o presumir. Pero uno con 10.000 o 20.000 kilómetros encima puede llegar a creerse la reencarnación de algunos de los dioses del olimpo., sin saber que tan exclusivo lugar ya está desde hace algún tiempo copado.

¿Y quienes son esas celestiales figuras que ocupan el Olimpo y que desde su atalaya nos contemplan a los pobres mortales?. Esta serie de diez reflexiones no tiene como objetivo enjuiciar a personas concretas, así que dejaré este tema para cuando un día hable de un par de administradores de páginas de viajes. Veremos entonces como estar viajado o tener una web excelente de contenidos viajeros (aunque muchos ajenos), no está reñido con creer haber sido elegido para reencarnar y sustituir a Zeus, a Horus o a Tor..

Pero en su propio endiosamiento, tendrán su penitencia

Escrita el 9 de marzo de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (VIII de X)

A lo largo de los más de 600 folios de información y opiniones que contiene esta web, he tratado en todo momento de no mezclar viajes con opiniones políticas, porque como hemos visto tantas veces en los foros de viajes, ambos elementos hacen peor pareja que las cerillas y la gasolina.

Por supuesto que quien lea habitualmente esta página podrá ubicarme de una forma muy aproximada ideológicamente, dado que es imposible aislar las líneas básicas de la ideología de cualquiera que hable o escriba, se trate del asunto que se trate. Pero al menos he intentado –y espero haberlo conseguido en un porcentaje importante- no manifestarme sobre política de forma explícita.

Hago esta introducción y estas precisiones, porque el octavo tópico que voy a tratar si que tiene un cierto contenido político, pero me parece que aún así debo proponerlo, por ver como a través de la propaganda interesada van calando en la sociedad, como si de verdades absolutas se trataran, algunos agravios comparativos y parciales hacia determinados países, que acaban siendo como mínimo peligrosos. Pongamos como ejemplo a Cuba para este octavo tópico –aunque valdría para otros países-, que quedaría más o menos formulado así: “Ir a Cuba es ir a ver miseria a un país empobrecido y sin libertades. La vida allí es difícil y deprimente”.

Debo indicar que no he estado todavía en Cuba. Hicimos un intento en 1998 que fue tan serio que incluso tuvimos el viaje contratado, pero cuando faltaban veinte días para la partida, tuvimos que aplazarlo por imprevistos laborales. Sin embargo, mi experiencia viajera a lo largo de más de cuarenta países, me hace dudar enormemente sobre que se pueda definir a un destino en línea y media de forma tan concreta, contundente y sesgada (incluso cabría decir manipuladora).

Quien se apoya en ese tópico esta definiendo todo lo que es un país por un mero criterio político (que ha llegado a calar hondo en muchas mentes gracias a los medios propagandísticos), dejando al margen todo el resto de sus elementos: Su historia, su cultura, el trato de sus gentes, sus paisajes y monumentos….

¡Ojo!. No estoy diciendo que lo que contiene ese tópico no sea cierto –tampoco digo que lo sea, aunque tenga mi criterio al respecto-, dado que como he señalado arriba, no he estado allí; sino que es una opinión exclusivamente política y muy partidaria, que además nada de información aporta a quien recibe ese mensaje y pretenda hacer un viaje al país en un futuro.

¿Y por qué no aporta información?. Pues porque en ningún momento descifra a ese potencial viajero si el país es interesante para visitar, si es seguro, si sus gentes son de una forma o de otra, si las condiciones sanitarias son buenas o no, si los monumentos están bien conservados, si los precios son caros o baratos, si la infraestructura hotelera es aceptable...

Pero si todavía alguien decide seguir aferrado al tópico, planteo un nuevo argumento que pude ser todavía más clarificador y es el del agravio comparativo. ¿Os imagináis que a mi me diera por definir a un país que si conozco bastante bien, como es Egipto, de la siguiente forma?:

“Egipto es un estado muy empobrecido, incluso en muchas zonas de las cuencas del Nilo y con un gobierno bastante corrupto. Su nivel de analfabetismo es muy importante y más significativo todavía entre la población femenina, a la cual se le práctica la ablación de clítoris en un 95% de los casos”.

Es cierto, que Egipto es todo eso. Pero ¿realmente sería esto lo primero que diríamos a alguien que nos planteara que de inmediato se va de vacaciones un par de semanas al país?.

-¿Y si a alguien le diera por alentar la siguiente definición y el incansable sistema de propaganda la difundiera?:

“España es un país insensible, que maltrata y asesina animales en estadios redondos y calles y que patrocinó y provocó con entusiasmo una invasión a miles de kilómetros en Irak, que acabo con la vida de decenas de miles de personas”.

¿Es o no es peligroso quedarse en los argumentos o tópicos simples, partidarios y confusos?.

Me parece que la política es para quienes nos gobiernan (que están para ejercerla y para que les pidamos explicaciones) y los viajes y destinos para quienes disfrutamos intensamente del placer de visitarlos.

Es posible que política y viajes puedan convivir medianamente juntos, pero no revueltos.

Escrita el 7 de marzo de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (VII de X)

Tópico 7: "Hay que ir con mucho cuidado y tener bastante paciencia, porque en ese país a los turistas nos ven como si fuéramos euros con patas". Esta frase no es difícil de escuchar en los foros o en cualquier conversación de viajes, para referirse a destinos en países en vías de desarrollo o a naciones directamente pobres.

En mi caso, en ninguno de esos lugares me he sentido –salvo en muy contadas excepciones- como un euro con patas. Por hacer una comparación rápida entre mis últimos viajes, he notado mayor apego y egoísmo hacia el dinero y todo lo material en países desarrollados como Reino Unido o Irlanda, que en lugares como Marruecos o Egipto.

Es posible además, que en cualquier destino traten de sacarnos algo más de dinero de la cuenta (es consustancial al ser humano y los que se relacionan con el turismo viven de esos "redondeos"), pero mientras en el segundo y tercer mundo lo hacen para sobrevivir, en el primero lo hacen/hacemos por avaricia, por espíritu de acumulación y por esas enfermedades tan poco reconocidas, tan mal diagnosticadas y tan aún peor tratadas, como son el consumismo sin límites y la acumulación de cosas (sean útiles o inútiles).

Un japonés de mundo y deben ser bastantes los que cumplen esta característica (algún día me gustaría conocer porque tienen tantísima facilidad para viajar los habitantes del país nipón) o cualquier norteamericano con la cartera a reventar de dólares, podrán confirmar que se sintieron más estafados en las terrazas de la Plaza Mayor de Madrid o en los cafés de las Ramblas de Barcelona, que en un chiringuito del zoco de Damasco o en un local de Bangkok. Con la posible diferencia de que el propietario de la terraza de Madrid use luego ese sobresueldo para incrementar los ceros de su cuenta corriente, mientras el dueño del chiringuito de Damasco lo haga para dar unos estudios a sus hijos o incluso para poder comer al día siguiente.

Un ejemplo más gráfico todavía: ¿Dónde es más fácil ser estafado y por más importe, en un recorrido en taxi desde la Terminal 4 de Barajas hasta el centro de la ciudad o en otro desde el aeropuerto de El Cairo hasta tu cualquier lugar de esta urbe?. La pregunta se contesta casi sola.

Es en occidente precisamente, donde se nos mira –nos miramos los unos a los otros, en realidad- como euros con patas, donde se nos da o quita categoría en función de nuestro dinero y donde tanto tienes, tanto vales. En los países en vías de desarrollo (y para el común de la población, no de sus gobernantes) el dinero es un simple instrumento de intercambio de las cosas más básicas, de las que el cuerpo necesita para poder seguir adelante. Pero por encima de él, están la humanidad, la cortesía la hospitalidad… Y pocas miras y una capacidad mental algo limitada tiene aquella gente que juzga a un pueblo porque en no sé que sitio le dieron una vuelta mal de forma consciente o le intentaron cobrar por algo el doble de lo que costaba. ¿No pagamos en occidente diez veces más por los pisos de lo que realmente cuestan y no decimos ni mu?. Pero el resero para medir a un morito no es el mismo que para hacerlo con un "triunfador" de la construcción.

Este tópico que estamos comentando en la reflexión de hoy, crea otros subtópicos también relacionados con el dinero en el primer y tercer mundo, que difícilmente se sostienen de pie. Veamos: "En los países en vías de pobres te están todo el día intentando vender cosas y los tenderos son pesadísimos". En mis carnes, he sentido más la presión y el agobio de unos cuantos vendedores de El Corte Inglés o de otras tiendas de postín y de mucho "prestigio", que el de los de cualquier zoco o bazar. Con la diferencia de que los primeros ni me invitan a té, ni me dejan rebajarles el precio – a pesar de que a mi personalmente el regateo me aburre- y el kilo de sonrisa y de amabilidad me sale bastante más caro.

"En esos países solo se ocupan de sacarte el dinero, sin importarles demasiado la calidad o el servicio". A modo de ejemplo y como fácil argumento para desmontar este absurdo subtópico, solo me cabría decir que me he sentido bastante más estafada y peor tratada en cualquier hotel del Reino Unido o Bed and Breakfast de Escocia que en casi la totalidad de establecimientos de países menos desarrollados donde he estado, con la diferencia además, de que en los segundos no me han intentado regatear siquiera un huevo frito y en algunos de los primeros sí. Pero siempre fue más generoso quien menos tuvo.

Escrita el 6 de marzo de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (VI de X)

Tópico 6: "La comida de los aviones (aunque, en general, sería extrapolable a la que ofrecen en cualquier medio de transporte) deja bastante que desear". Francamente, no sé las variadas y excepcionales viandas que debe comer la gente en su casa, para afirmar esto con tanta contundencia.

Este tópico me recuerda bastante a esa tan manida frase que escuchamos por todos los rincones de España al llegar las fiestas más entrañables del año: "Menuda puta mierda que es la cesta de navidad que nos ha dado la empresa este año. Cada Vez peor. Para eso es mejor que no nos dieran nada". Pero instantes después de tan vehemente sentencia se van tan ricamente a recogerla y a llevársela a su casa.

Aunque a lo largo de los años he odio muchas veces esta frase, solo conozco a una persona que tiene por costumbre renunciar y no disponer de su "lamentable" cesta de navidad (en este caso la dona a una ONG). Del mismo modo ocurre con la comida de los aviones: A casi nadie le gusta, pero no son demasiadas las bandejas de comida que en un avión retornan al carro sin haber sido engullidas.

Arriesgándome a parecer menos viajera o una trotamundos de segunda clase (que es a lo que podemos asemejarnos a los ojos del común de los mortales quienes no despotricamos sistemáticamente contra Iberia o sostenemos que la comida de los aviones es muy digna), me atrevería a decir que he comido mejor en la mayoría de las compañías aéreas en las que he viajado, que en muchos bares e incluso que en algunas casas de otra gente.

Ya no hablo de la clase preferente (donde durante las pocas veces en que he tenido oportunidad de volar me han servido platos excelentes y apetitosos), sino de la clase turista de la mayoría de aerolíneas donde la comida es gratuita. Idéntico juicio resulta aplicable a las compañías de ferrocarril donde la manutención va incluida en el precio del billete (por ejemplo en la preferente del AVE o en compañías que gestionan coches-cama), donde he tenido el gusto de disfrutar de un avituallamiento, como mínimo, decente y en ocasiones, de un nivel bastante elevado.

Solo en cuatro o cinco ocasiones de las numerosas en que he volado, diría que la comida no estuvo al nivel de lo deseado o de lo minimamente exigible (recuerdo una vez en la alemana Luthansa, donde nos pusieron una grasienta tortilla francesa con unas aún más aceitosas salchichas, que ni retorciéndolas como si de una prenda de ropa mojada se tratara soltaban todo aquel exceso oleico).

Bien es cierto también, al menos para mi gusto, que ni los postres dulces que a veces ponen, el café (aunque no soy muy cafetera ni en los aires ni en tierra) y el pan de los aviones son santos de mi devoción, pero los platos principales suelen estar bastante apetitosos y convenientemente presentados. Recuerdo en mis dos últimos vuelos haber degustado una lasaña y una bandeja de arroz con tomate y bonito natural que estaban para chuparse los dedos

Hasta el vino que sirven (para comer lo prefiero a la cerveza), siendo de mesa, claro, es más decente que el que se bebe a diario en muchas casas o bares.

Lo de comer con servilletas de papel, tenedores de plástico o haciendo virguerías para que nada se caiga, son elementos que hacen que resulte mucho más agradable y relajante comer en tierra firme. Pero una cosa es el marco y otra bien distinta la calidad y la forma de cocinar los productos, que como ya he dicho, me resultan bastante adecuadas en términos generales.

Escrita el 5 de marzo de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (V de X)

Tópico 5: "Contratar tu propio coche de alquiler da mucha más libertad para viajar que el transporte público". No voy a ser yo quien discuta que en muchas ocasiones así puede ser, pero me parece que esta afirmación es demasiado categórica y que también está muy sujeta a lo que cada uno podamos entender como significado de la palabra libertad.

Antes de continuar, recuerdo que lo que se pretende con esta serie de artículos no es enfrentar unas formas de viajar con otras (que cada uno tenemos la que tenemos y con que sea satisfactoria para nosotros es suficiente), sino analizar tópicos y poner en tela de juicio -si se tercia y con argumentos- "esas verdades o medias verdades", que en muchos casos se dan por absolutas, sin siquiera haber reflexionado sobre los conceptos que proponen.

Para empezar, hay numerosos países –por supuesto, no los de Europa- donde contratar un coche con conductor cuesta lo mismo o incluso a veces más barato -si se sabe regatear con paciencia y algo de estilo- que optar por el vehículo de alquiler conducido por uno mismo.

Esta fórmula de contratar conductor mantiene todas las ventajas del coche de alquiler y añade algunas más que aumentan el grado de libertad. Como son, por ejemplo, no tener que estar atado todo el día a mapas de carreteras y preguntar a transeúntes por donde se va a tal sitio o poder ir disfrutando más intensamente del paisaje, la conversación y los acontecimientos, al no tener que ir pendiente de un volante. Todo ello, claro está, además de soler disponer de un conductor que controla al dedillo la zona y que nos ofrece más alternativas (más libertad) para poder recorrerla al completo.

De lo que no cabe la menor duda sin embargo, es de que el coche (sea de alquiler o con chofer) es el medio que más rápidamente permite desplazarse, viendo a la vez un mayor número de lugares en el menor tiempo posible y pudiendo, generalmente, llegar a lo sitios más inaccesibles. Es decir, con estos sólidos argumentos estamos hablando de velocidad, eficiencia y fácil accesibilidad, pero nada o casi nada –desde mi punto de vista- hay en esta exposición relacionado con la libertad.

La libertad está más asociada con hacer en cada momento lo que a uno le apetece, poder elegir entre diferentes opciones cuando se va viajando y tener la oportunidad de optar y disfrutar de más situaciones imprevisibles a lo largo del trayecto. Y en eso, el coche de alquiler no solo es que ofrezca el mayor grado de libertad, sino que incluso ofrece menos que viajar en transporte público, en bici o andando.

Conducir uno mismo un coche –al margen de que te tiene que gustar, porque sino ya no se es libre-, supone dedicar mucha atención a la conducción y menos a otros aspectos más placenteros del viaje; transitar en la monotonía y la escasez de opciones que brinda el aislamiento constante de moverte en una burbuja de cuatro paredes con cristales y no poder aprovechar los desplazamientos para cosas tan gratificantes como escribir, leer, ver películas, pensar, escuchar música, dormir y sobre todo, charlar y conocer gente (en un tren, autobús, en un abarrotado microbús o en un taxi colectivo en mitad del desierto).

Mas después de todo lo analizado y dicho, la conclusión, como casi siempre, acabaría tropezando con los dogmas absolutos y entrando en el excitante terreno de lo relativo. Así es posible, que en los países dotados de un transporte público excelente (que no siempre se corresponden con los súper desarrollados, dado que hay naciones con muy pocos recursos económicos que sin embargo gozan de muy buenos –aunque arcaicos a veces- sistemas de transporte) esta sea la fórmula que permita un viaje más libre, pero no así en otros, donde optar por el coche de alquiler nos dará muchas más posibilidades.

Y aún diría más. Hasta en un mismo viaje, optar por las diversas formas de transporte, adecuándolas a cada momento y lugar, será tal vez la formula que más libertad nos pueda dar. La que menos, seguro, recurrir a los tópicos.

Escrita el 1 de marzo de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (IV de X)

Después de las valoraciones –más que reflexiones- sobre los seis meses de vida de esta web, vuelvo con la serie de los tópicos en las conversaciones de viajes, del que tan solo se ha cubierto más o menos una tercera parte.

Tópico 4: “Viajar abre la mente”. Parece más o menos evidente que su opuesto (si no viajas es más difícil que se te abra la mente) es más cierto que el propio tópico, tantas veces dicho en conversaciones sobre viajes de forma a veces incluso automática, como ocurre con la mayoría de los tópicos, que los lanzamos al aire sin ni siquiera reflexionarlos.

Seguro que todos conocemos casos de personas –y no precisamente aislados-, a quienes los viajes les han provocado el efecto totalmente contrario. En vez de intentar conseguir la empatía con otras culturas, han tenido la sensación de que sus creencias, formas de pensar o de vida se enfrentaban con ellas, convirtiéndose en barreras infranqueables y no en complementos enriquecedores.

O, simplemente, han despreciado o infravalorado lo que han visto en otros lugares o a otras gentes, por el mero hecho de parecerles miserables, de ofrecer servicios turísticos que ellos sentían no estaban a la altura de un occidental, o por cualquier otro suceso que no encaje en su forma de entender las cosas.

Incluso para muchas de esas personas, el viajar les ha supuesto un conflicto interno tan intenso, que han decidido no volver a hacerlo, al menos a lugares que se separen de las líneas de su mentalidad.

Y esto puede tener que ver, con que a veces le pedimos demasiadas cosas a los viajes y que a los que viajan busquen las mismas cosas que nosotros. Aunque para mi por ejemplo, los periplos por el mundo me resultan lo más enriquecedor para el cuerpo y de espíritu, además de suponer la mejor forma de invertir mi ocio, las cosas no tienen por qué ser igual para el resto de mortales

Es lo mismo que quien se tira cuatro horas viendo un cuadro. Probablemente el vive unas sensaciones que los que estamos tan solo cinco minutos contemplándolo no disfrutemos nunca. Pero ni quienes viajan con el único objetivo de pasar unos días agradables o quienes no vemos más allá de los trazos estampados en un lienzo de Dalí somos unos bichos raros que ni cultivamos, ni sabemos utilizar nuestro talento o nuestra mente.

Volviendo al tópico del principio, a mi se me ocurriría reformularlo. Resultaría algo más largo y quizás más complejo, pero al menos a mi, me parece más acorde a los hechos. Quedaría algo así como “quien es ya de por sí abierto de mente busca en los viajes (o en cualquier otra cosa) una forma de enriquecerse”. Como también se puede cultivar con la misma intensidad la mente con los cuadros, los toros (a mi no me gustan nada), con el fútbol o con ser un admirador del club de fans del señor de los anillos (si existe, que no lo sé) . En unos y otros casos “abrir o enriquecer la mente” creo que es la causa y no el efecto, como hasta ahora se ha pretendido formular.

Tal vez entendiendo las cosas así, todos tendríamos más los pies en el suelo y dejaríamos de considerarnos a veces miembros de elites, se supone que superiores, que vamos poniendo palos en la rueda a todo aquello o aquel que piense o –y lo más importante- sienta diferente.

Y quedaría para el final la cuestión más espinosa y seguramente más controvertida de todas. ¿Qué es ser abierto de mente?. Esto daría lugar a un largo debate del que parece difícil conseguir conclusiones unánimes.

En mi caso, opino que abierto de mente es quien aun teniendo las ideas muy claras, se enfrenta con los mínimos perjuicios a lo desconocido.

Escrita el 27 de febrero de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (III de X)

Tópico 3: “En los viajes organizados se tiene menos independencia de movimientos, pero siempre salen más baratos y son buenos si quieres ver más cosas en menos tiempo”. Si bien la primera de las tres premisas parece evidente, las dos siguientes son tan discutibles, que objetivamente se antojan falsas.

No voy a ser yo quien ponga en tela de juicio los viajes organizados y los compare a la baja con los viajes por libre, dado que ya he dicho que no merece demasiado la pena hacer este ejercicio y que además, cada uno es muy suyo de considerar oportuna cualquiera de las formas como su ideal de viaje. Pero quien afirma que viajar organizado es más barato es que no ha echado ni siquiera la cuenta de la vieja y quien manifiesta que por libre se tarda más en hacer un recorrido, es que o no ha viajado mucho de esta forma o no planificó demasiado bien las diversas opciones de sus recorridos.

Objetivamente, podemos decir que los viajes de agencia grupales te ahorran muchas horas de preparativos previos (un viaje de veinte días por libre pueden suponer fácilmente tres meses de elaboración a poco que se salga de Europa), proporcionan más comodidad (dado que te solucionan toda la logística) y te dan la oportunidad de conseguir a mejor precio hoteles de teórica mayor categoría (no necesariamente de más encanto o interés). Ahí se acaban las ventajas objetivas que ahora mismo se me ocurren de esta forma de viajar.

En cuanto al coste, los viajes por libre tienen la penalización de que se pagan los vuelos más caros que en un paquete turístico, pero todo lo demás sale muchísimo más económico (comida, transporte, hoteles, excursiones facultativas no incluidas, comisiones que te ahorras en tiendas de compras concertadas, propinas a guías, visados por los que te cobran hasta casi cinco veces más de lo que realmente cuestan….), por lo que en muy pocos días se ha amortizado esa diferencia. Incluso para los destinos que mejores ofertan dan por agencia (si descontamos 2x1 u ofertas muy puntuales a islas españolas o del Caribe) es fácil que una sola semana fuera de casa salga ya más barata que una contratada a través de touroperador. Por supuesto, a medida que aumenta el número de días la diferencia va siendo aún mayor.

Los ejemplos de coste por persona los podría dar con nuestros últimos viajes. Marruecos/16 días/475€. Inglaterra, Escocia y las dos Irlandas/21 días: 1.100€. Egipto/ 17 días: 900€. En todos los casos, se incluyen (con la excepción de las compras y regalos, que son muy variables dependiendo de cada persona) todos los gastos desde que se pisá la acera de la calle hasta que el último día dejamos la mochila en nuestra casa. Hacerlo por agencia, supondría más del doble en todos los casos, solo teniendo en cuenta lo que hay que pagar a ésta (resto de los gastos, que son muchos, aparte).

En la comparación podemos llegar a casos completamente escandalosos. Salir una mañana desde Asuán en microbús para llegar a Abu Simbel a mediodía. Comer, cenar y alojarnos en un hotel de tipo medio recién inaugurado (con excelente desayuno) y volver a la mañana siguiente a Asuán, nos costó por persona la irrisoria cantidad de 20€. De forma organizada debe acercarse a los 180€ por ir y volver en avión y estar poco más de una hora. Y por lo general, ni ves amanecer en los templos, ni el espectáculo de luz y sonido. Aunque estas dos últimas menciones se corresponden con reflexiones que encajarían mejor en otro capítulo.

Y en cuanto a ver más cosas en menos tiempo, nada más alejado de la realidad, si quien viaja por libre tiene bien estudiadas las diferentes formas de transporte público u opta por el coche de alquiler. La experiencia me demuestra que viajo más rápido que los grupos y que generalmente además, me ahorro los penosos madrugones que se pegan aquellos. Son muchas las razones de por qué esto ocurre y solo expondré unas pocas.

-Viajar por libre permite hacer unos desplazamientos más flexibles, en horas muertas del día e incluso viajar por la noche avanzando camino.

-Mover a un grupo por un itinerario es mucho más lento que si lo hacen dos o cuatro personas, si además estás últimas tienen cierta experiencia.

-Esperar a que todo un grupo se organice en una parada y terminen de subir todos al autobús lleva mucho, mucho tiempo. Como lo puede llevar repartir habitaciones y dejar maletas en hoteles, subir del desayuno al autobús, ir hacia el aeropuerto……

-En la tienda de papiros de turno, de vinos de la zona o de artesanía local donde los guías se llevan su sabrosa comisión, se desperdician (ya no digo se pierden) unas cuantas horas.

Escrita el 20 de febrero de 2.007

Tópicos muy habituales en las conversaciones sobre viajes (II de X)

Tópico 2: "Las low cost son una maravilla e Iberia es un desastre, una de las compañías aéreas más lamentables". La leyenda negra de la compañía aérea española se remonta casi a la misma época que la del Duque de Alba para los ciudadanos de los Países Bajos. Ya desde mi más tierna infancia oía hablar sin tapujos sobre la nauseabunda naranjada de Iberia, naranjada que por cierto, debieron retirar de los vuelos antes de que yo empezar a volar hace casi veinte años, dado que nunca he tenido el placer/disgusto de degustarla.

Para ser "viajero de mundo" y de intachable reputación y credibilidad, antes bastaba con pontificar en público (fuera o no a través de la red) sobre las excelencias de Emirates, Singapur Airlines, Malaysia Airlines o Quantas (así de paso se insinuaba que un@ era lo más de lo más, por haber estado en Australia). Ahora, desde la necesaria y democrática popularización de los aires a todas las clases sociales y edades, lo que toca es platicar y platicar sobre las maravillas de las compañías de bajo coste, así en general, como si quien hablara las hubiera cogido todas.

Tanta es la pleitesía que en la actualidad se rinde hacia el bajo coste, que hasta la propia filial de Iberia –Click Air- recibe mejores valoraciones que su matriz, a pesar de que según me cuentan, en ella operan los aviones más viejos de la aerolínea española.


Que conste que nada tengo yo contra las compañías de bajo coste, que también uso cuando me vienen bien. Pero al margen de sus innegables ventajas, alguien también debe poner sobre la mesas de vez en cuando aspectos como sus incómodos y poco espaciosos asientos, la lejanía –en ocasiones más de cien kilómetros- de muchos aeropuertos donde aterrizan, los –a veces- intempestivos horarios que ofrecen para sus vuelos o las condiciones laborales y falta de formación para sus puestos de trabajo que sufren los empleados de algunas de estas compañías.


Pero lo que no ha cambiado ni antes ni ahora es que para ser ese "viajero reputado de mundo" hay que despotricar contra Iberia. Pareciera que cuantas más experiencias negativas se hubieran padecido en Iberia, más galones viajeros se poseyeran. Solo por este honorífico mérito –o por un masoquismo a prueba de bomba- se podría entender que muchos repitieran una y otra vez con esta compañía después de tanto mal fario y sufrimiento.


No voy a ser yo la que saque la cara por Iberia ni por ninguna otra compañía, dado que de ninguna de ellas depende mi sustento, pero es que me causan cierta pena e indignación las tendencias o modas que se establecen para subir a los altares o demonizar las cosas. ¡¡Qué somos viajeros, coño y se nos atribuye cierta capacidad mental!!.


He volado en más de 25 ocasiones con Iberia en los últimos quince años y nunca he tenido el más mínimo problema con ellos (no quiero decir que otros no los hayan tenido), con la excepción de pequeños retrasos. He volado también con muchas otras compañías europeas de bandera y mi impresión es que prácticamente todas (incluida Iberia) están casi a la par. Incluso, desde mi punto de vista, por supuesto, destacaría dos aspectos en los que la aerolínea española sobresale sobre las otras: La comida en clase turista y el trato, servicios y espacio de la clase preferente.


Si algo se le puede poner en el debe de Iberia y del resto de compañías de bandera en Europa (las asiáticas están en casi todo, un escalón por encima) en relación con las de bajo coste, sería que en las primeras el trato del personal de vuelo podría ser algo más esmerado. Pero ya veremos que ocurre dentro de veinte años, cuando las eficientes y jovencísimas veinteañeras de las bajo coste estén rondando la cincuentena.


Escrita el 19 de febrero de 2.007