Hay quien piensa, que cada viajero es genuino, único y diferente, pero yo no comulgo, con este pensamiento, algo romántico e idealista. Creo que hay cinco, seis…, diez como mucho, perfiles concretos de formas y filosofías de viajar y que todos podemos ser enmarcados, en alguno de e ellos. Aunque claro está, no de forma pura, en todos los casos, sino con porcentajes mayores o menores, de los restantes perfiles. Tirando por lo alto, no creo que al final, salgan más de veinte o veinticinco subperfiles diferentes, en los que se puede englobar, a cualquiera cuya máxima pasión, sea recorrer el mundo.
No es mi intención, en esta reflexión, hacer la típica clasificación frívola e hilarante, que no es difícil encontrar, en algunos hilos, de los más famosos foros de viajes o en blogs particulares. Creo que el tema, es mucho más serio, que eso y para llegar a conclusiones, habría que poner en marcha, un laborioso trabajo de campo, en el que se entrevistarían a miles de viajeros. ¿Quién podría estar interesado en hacer este estudio?. Pues mucha gente, entre los que destacarían, las agencias de viajes y los propios estados, a través de sus estamentos turísticos, con el fin de optimizar el número de clientes y visitantes y por tanto, los ingresos.
Llegados a este punto, dejo al margen el rollo filosófico y me bajo a la arena, para referirme, a dos tipos de subperfiles –a veces, en la misma persona, se dan ambos-, que últimamente, veo en sostenido, pero constante incremento, en mi deambular por la red: El conquistador o coleccionista de países y el tombolero.
Los primeros, me tienen anonadada. Hacen una imaginaria muesca, por cada país que visitan y el objetivo final, no es otro, que sumar el mayor número posible de ellas, de tal forma, que el que ha suma 40, es mejor que el que solo lleva 32 y este a su vez, más valioso, que el que tiene 15. Las reglas son sencillas: Se añade el país y se considera como visitado, desde el justo momento, que se cruza la frontera. Da igual, que solo se pasen allí tres horas, incluso en circuito organizado y más de la mitad del tiempo, se distribuya comiendo y en un transporte. Ese país, ya forma parte de la lista y el objetivo último, no es otro, que completar la relación o acercarse lo más posible, a la totalidad de los estados u naciones, del mundo mundial. Su filosofía, se resume en: “Yo soy mejor viajero, que tú, porque te saco tantos países”.
Dicho sea de paso, que nada tengo contra esta gente. Simplemente, me sorprende, que alguien pueda quedar satisfecho, de esta forma de recorrer el mundo. Pero cada uno, es muy libre de viajar, como quiera y de recetarse el tratamiento que considere oportuno, para la mejora de su autoestima. Es el segundo perfil, el que me irrita algo más y una de las tantas razones, de que yo abandonara en su día, todos lso foros de viajes.
A mi, se me ha ocurrido llamarlo el tombolero, porque están todo el día gritando –interneticamente, hablando- y vendiendo humo, pero podría tener, otra decena de denominaciones. Los hay, que tratan de fastidiar constantemente, al prójimo y otros, mucho más inofensivos, que lo único que tratan, es de alimentar su ego.
En el primer caso, son envidiosos, ventajistas –nunca responden, en un hilo de un foro, los primeros, sino después, para criticar-, malpensados, inventores de historias y hasta de muchos de sus propios viajes. Siempre tienen las claves de todo, una anécdota más interesante que la tuya, unos lugares –que, pobre de ti-, tú no visitaste y ellos sí… En los foros, sencillamente desprecian, a la gente, que menos ha viajado y desde su cobarde anonimato, cargan sus tintas, contra los que más participan o han tenido la suerte, de conocer más mundo.
En el segundo supuesto, hablamos de simples vendedores de humo, que a nadie dañan, pero que cuando a su producto –por así llamarlo-, le quitas el envoltorio, la decepción es enorme.
Recuerdo, que no hace mucho, fui uno de esos cientos de destinatarios, a los que un viajero, envió un apasionado y prometedor correo electrónico, anunciando, que había estado en Corea del Norte, uno de los pilares del Eje del Mal y que en una semana, daría con pelos y señales, todos los detalles. Lo mismo publicó, a bombo y platillo y a grito de megáfono cibernético -como en las mejores tómbolas-, en algunos foros de viaje, porque como decía, a él le iban los grandes retos.
Me ilusione y me dispuse a contar las horas, que quedaban para que mis oídos, pudieran escuchar, aquella fantástica y aventurada historia. Pero llegó el día y la decepción, fue morrocotuda. El gran reto, la aventura inigualable, la incursión en el Eje del Mal, había consistido en unas cuantas horas, de no barato viaje organizado, desde Corea del Sur. Buena parte de ellas, las había pasado en controles o almorzando y las máximas atracciones, consistían en una cascada y unos templos, de los que en Asia, sobran en casi todos los países, menos en China.
Lo que si debo agradecerle a este viajero, es que despertara en mi, el interés por este enigmático país y que lo tenga en mis planes viajeros de futuro, para hacerlo, algo más a fuego lento. De esta forma el guiso, sale más rico y con menos humo.