sábado, 4 de febrero de 2012
Adiós a este blog, con una última y pesimista reflexión
Por un lado, me declaro en huelga de pensamiento y es por salud –emtal y física-: siendo tal, la indignación que tengo, con tan solo un mes de gobierno del PP, si sigo a este frenético ritmo, no voy a llegar al segundo año, de los ocho mínimos, que van a estar en el poder, sin que me de un infarto.
¿Por qué nos hemos vuelto a dejar engañar, por estos señores, que decían unas cosas y ahora hacen otras?. ¿Por qué, a la misma persona que no valía en 2.004 y 2.008, confidente de los que nos mintieron en 2.004, le hemos regalado una mayoría absoluta y carta blanca, durante los próximos cuatro años?. O, simplemente, ¿tenemos lo que nos merecemos y la cosa, no da más de sí?
El individuo que nos gobierna y sus acólitos, que se han pasado dos legislaturas crispando al país y denostando a Zapatero –como si no fuera un presidente legítimo, según las leyes vigentes--, no ha parado, hasta tener el “juguetito” en sus manos, al grito de, “es mío y hasta que no me lo deis, me enfado”, tenía, según decía, soluciones muy correctas e imaginativas, para arreglar los problemas de España
Tan creativas era, que han consistido en putear a los trabajadores –subiendo el IRPF-, a los ahorradores –pasando del 19%, al 21%, las retenciones- y a los que con su esfuerzo personal y ante la inoperancia de los gobiernos –el anterior incluido-, han logrado poseer una casa –subiéndoles, ferozmente, el maldito IBI-. Además, los cinco céntimos sanitarios de la gasolina, el copago de los medicamentos y bla bla bla, todas las medidas que vendrán, después de las elecciones andaluzas. Entre ellas, la subida del IVA. Para tomar estas decisiones, tan extremadamente imaginativas, bastaría con haber traído a Berlusconi o dejar a quien estaba.
Recortes y más recortes, de los que podría haber dado ejemplo, empezando por reducir su sueldo y haberse quedado a gobernar en su casa –como un día, nos mintió-, ahorrando muchos costes
Ideas creativas, al nuevo presidente del Gobierno, se las puedo dar yo, sin problema: haga como los de Gran Hermano y subaste –en este caso- plazas de funcionarios de la administración pública, en vez de entrar en la casa. ¡Se sorprenderá, de lo que es capaz la gente, por tener un trabajo!
La segunda de las razones, de que esta sea, mi última reflexión es, que si las cosas no cambian, tendré que abrir otro blog, distinto a este, llamado, “reflexiones de una emigrante”. Como sabéis, el día 7 de febrero, comenzamos nuestro viaje por África occidental. Será nuestro último periplo largo, de unos tres o cuatro meses de duración. Colgaremos las botas, porque ya no nos compensa este tipo de vida -por diversas razones, que no vienen al caso- y porque los ahorros menguan, a gran velocidad y debemos guardar un dinero, como colchón.
Habrá que volver a trabajar y las posibilidades de hacerlo en nuestro país, para personas de mediana edad, son imposibles. Como, ocurrió con otras generaciones, tendremos que emigrar a otros países –lo más probable, del tercer mundo- y montar un negocio o algo así. Al menos allí, si te va mal, pierdes solo los ahorros, mientras que aquí –si es que te dan el crédito-, te endeudas para toda tu vida, sino sabes tocar la tecla adefcuada.
No nos lamentamos. Porque ya no nos gusta vivir en un país, tan frívolo como este, donde genera más inquietudes un famosito, que llegar a fin de año, con seis millones de parados. Lo tomamos con toda naturalidad y resignación y no hacemos ni amagos, de mandar a toda la clase política, a freír espárragos.
Por quienes más lo sentimos, es por los jóvenes. Nosotros, ya hemos disfrutado mucho e intensamente de la vida, hemos trabajado en cosas maravillosas y habremos visitado a la vuelta de este próximo viaje, más de 115 países del mundo. Si nos tenemos que joder y ajustarnos el cinturón, lo haremos, aunque no nos guste. Si tenemos, que volver a comer en casa de nuestros padres, como hacéis muchos de vosotros, también lo haremos. Al fin y al cabo, son pensionistas y estos en este país, son intocables, porque suman nueve millones de votos.
Lo que nos fastidia es, que la generación más preparada de la historia de España, no tenga una sola oportunidad –ya no digo, de lo que ha estudiado, sino de nada de nada. Generación, que hasta ha conseguido, que en este país, se superara el eterno complejo y trauma, de no saber hablar inglés. ¡En fin chicos y chicas: los más audaces, nos encontraremos en la inmigración, tomaremos unas cervezas y nos haremos unas risas, mientras aquí, disfrutan del Tito Mariano y los suyos (entre ellos el que ha dicho, que vulnerar y prohibir derechos individuales, como el del aborto, es la ley más progresista, que ha gestionado en su vida). Espero, que de tanto repetirlas, las mentiras de este gobierno, no se acaben convirtiendo, en verdad.
De momento y hasta que llegue el momento de emigrar, he cancelado ver los informativos y he dejado de leer los periódicos. No quiero tener contacto con cosas, que me hagan pensar. Solo quiero, tener noticias de fútbol u otros deportes y ver series de ficción y películas, que me hagan reír.
Por último, no creáis que lo mío es ensañamiento, por ser una víctima de la crisis. Nuestros problemas, no derivan de esta, sino de una puta jueza, que cometió unas tremendas irregularidades. Pero, hablar del tema de la justicia, no daría para una reflexión, sino para un blog entero.
Gracias a todos, por haberme seguido
martes, 31 de mayo de 2011
Dejar de viajar y volver a la reconfortante rutina
Me hace mucha gracia, que gran parte de esos correos y comentarios, siempre empiezan con esta coletilla, parecida a: “cada mañana al llegar a la oficina, pienso en dejarlo todo e irme por ahí, a recorrer mundo, para siempre”. Debe de ser, que a media mañana, a mediodía o por la tarde y con la dura realidad presente, ya se han olvidado de sus supuestos sueños. Y por la noche, ya no encuentran siquiera fuerzas, ni para replanteárselo.
La reflexión en cuestión, se titula: “Dejarlo todo e irme a recorrer el mundo” y se publicó en dos partes (I y II). La vida es caprichosa y a veces, solo hace falta desear las cosas, para que se cumplan (hasta, las supuestamente buenas). Después, de casi siete años, que llevábamos entonces, de anodina y desahogada actividad cotidiana, no hizo falta ni un mes, para que la vida, nos pusiera en posición de poder cumplir lo anhelado. Fue, el 11 de julio –tres años exactos antes, de que ganáramos un Mundial-, aunque me voy a ahorrar los detalles, por no venir al caso.
Como bien sabéis los asiduos de este blog, lo de dejarlo todo, lo hemos hecho solo a medias. Hemos compatibilizado, los viajes largos de meses, con periodos en casa, además de periplos de mediana y corta duración, a lo largo de casi todo el mundo, habiendo estado, más de dos años fuera, de forma discontinua.
Ahora, soy plenamente consciente, de que si hubiéramos adoptado esa drástica determinación, habríamos errado. Y lo sé, por dos razones fundamentales (habiendo alguna más): viajar es maravilloso y engancha muchísimo, pero no hay ninguna sobredosis, que no sea mala a largo plazo e inocua. Por otro lado, si fuera a gastos pagados, me daría igual, pero después de haber viajado mucho, conocer 100 países y haber vivido muchas sensaciones similares, hay cosas que ya no te compensan, teniéndolas, que pagar de tu propio bolsillo.
Lo cierto es, que nunca se está a gusto con lo que se tiene. Pero torear, por un lado y ver los toros desde la barrera, por el otro, me ha permitido tener una visión más completa y desapasionada de la realidad. Y entender –aunque sea mi filosofía habitual y mi forma de actuar-, que los extremos, no siempre son buenos.
En apenas dos semanas, afrontamos un trepidante nuevo periplo, de entre seis meses y un año, por Asia y Oceanía (esa es la idea, que luego, ya veremos donde acabamos) Vamos tan ilusionados como siempre, en busca de nuevos mundos, nuevas experiencias, nuevas culturas –cada vez, menos- y sobre todo, nuevas gentes, con lasque compartirlo todo.
Pero, cada vez son más los días, que cuando me levanto de la cama y no teniendo oficina donde ir, me viene a la mente un pensamiento: “Dejar de viajar y volver a la reconfortante rutina”. Esa vida, en la que no hay que pensar, porque el guión de cada día, ya está elaborado de antemano. Y eso, que la supervivencia económica, la tenemos garantizada –si no hay contratiempos-, por bastante tiempo
sábado, 22 de mayo de 2010
África nos espera
Desde el desconocimiento y la osada ignorancia, África, siempre nos pareció, un continente anodino, muy similar en sus paisajes, carente en gran medida, de patrimonio artístico, de ciudades poco interesantes y lleno, llenito de animales salvajes (seguro que en el futuro, cambio de opinión, como otras tantas veces, pero hasta la fecha, el único interés que tenemos por los animales, se circunscribe a los de dos patas y no me refiero, precisamente, a las aves). Seguro, que el tener que vacunarse de casi todo, la maldita y amenazante malaria, el insoportable calor tropical o la insalubridad, también fueron componentes, que aunque subjetivamente y sin darnos siquiera cuenta, incidieron en la decisión, de dejar África, sine die.
Demasiadas cosas juntas, para habernos animado. Y es algo muy común, entre la mayoría de los grandes trotamundos y viajeros (salvo los fanáticos, del continente africano) Si miras, sus mapas mundi, de los países visitados, África, siempre suele estar demasiado virgen, casi en blanco. Solo nos solemos animar, cuando ya casi, no queda otro “remedio”.
A decir verdad y a pesar, de tantos condicionantes en contra, si que había algo, que nos atraía de África y es lo de siempre: Sus maravillosas gentes, su cultura, las tradiciones milenarias y la forma de vivir y de ver la vida. Y es por eso, que nuestro viaje de tres meses por África, entre Johannesburgo y Nairobi, es en lo que se va a basar. ¡Definitivamente!
Por supuesto, que veremos las cataratas Victoria, visitaremos algún parque nacional –los justos y necesarios- y picotearemos, por alguna reserva de animales. Pero como objetivos, claramente secundarios. Salvo, que nos volvamos locos, claro está, que todo puede ser y encontremos en la fauna –y/o en la flora, que ya lo dudo-, nuestra pasión escondida. El prometedor viaje, más que de contemplaciones, debe ser de sensaciones, si es que lo queremos disfrutar y es ahí, donde pensamos, que África y sus gentes, nos pueden ofrecer una mina, de ellas.
Xavi, un buen amigo barcelonés, al que conocimos, viajando por Filipinas, invariablemente lo dice y es el ejemplo más gráfico, de lo que os estoy queriendo explicar: “He estado tres veces en India y todavía, no conozco el Taj Majal”.
Pues eso: Que nos saltaremos reservas animales emblemáticas, parques nacionales imperdibles o lugares, que para un turista convencional, serían irrenunciables.. Por los motivos ya expuestos, de disfrutar de las emociones, en vez de visiones, pero también por otros. Nos negamos a pasarnos la vida, en lso tours organizados y a afrontar el elevado coste, que ellos suponen.
Queremos combinar, un poquito de las aventuras de los exploradores del siglo XIX, con lo que hacen los turistas convencionales e incluso –aunque con un presupuesto más holgado-, con las travesías de miles de kilómetros, que hacen quienes emigran y recorren el continente, en busca de un futuro mejor o huyendo, de la persecución política. ¡Eso es lo que soñamos, claro. Luego, ya veremos, que es lo que conseguimos!.
Aún no sabemos, si el viaje, lo haremos de sur a norte –lo preferimos-, o de norte a sur. Todo va a depender, del boleto aéreo, que nos salga más barato, en el momento de adquirirlo. En la actualidad y volando desde Milán, hay muy bien precio, hacia Johannesburgo.
También desconocemos, la fecha exacta de salida, porque depende de circunstancias externas. En cualquier caso y con casi todas las probabilidades, se realizará este año. Nunca será, antes de mediados de julio –es una pena, porque nos hubiera gustado, llegar al Mundial de Fútbol- y como muy tarde, esperemos que no pase de octubre.
martes, 11 de mayo de 2010
La vida, más que las situaciones que nos acontecen, es un estado de ánimo
Pero, a pesar de todo, tampoco podemos quejarnos. La vida hasta hoy, nos ha sonreído, mucho más de lo que nos ha vapuleado. Lo que ocurre, es que es difícil, combatir a las demoledoras rachas. Económicamente y por el momento, aún tenemos algunos colchones, que nos permiten llevar una vida tranquila y viajar cuando nos place. Y psicológicamente, andamos en autorehabilitación, conscientes de que la vida, más que el conjunto de hechos que nos ocurren diariamente, es un estado de ánimo.
Por eso, es fácil entender, que en el tercer mundo, la gente tenga que salir a buscarse las habichuelas cada día y esté contenta y sonriente y aquí, nadando en la triste opulencia material –comparados con ellos-, estemos sumidos en la miseria cerebral, la desidia, el victimismo y el desánimo No hay peor crisis, que la de la mente, mucho más feroz y especulativa, que la del propio bolsillo. Si –como lección elemental-, aprendiésemos eso en el primer mundo, desde luego, nuestra existencia, sería mucho más placentera.
Y es que la vida, al margen de un cúmulo de desgracias –esas las ve todo el mundo-, es un territorio de oportunidades –ya, hay que agudizar más la vista, para saber encontrarlas-. Y, además, hay que relativizar. De lo que hoy nos parece un drama, puede surgir mañana, la mejor de las noticias. Y a la inversa: El glorioso acontecimiento del presente, puede desembocar en un día, en la mayor de las catástrofes.
Siempre, he puesto un ejemplo muy claro. A un suceso lamentable, que sufrimos en 2.007, supimos darle la vuelta y buscar una oportunidad: La consecuencia, fueron los maravillosos viajes largos del 2.008, que nos llevaron, a través de 26 países de Asia, América y África. Ahora, nos ha sobrevenido, una situación similar y desgraciada, que tal vez nos permita, en breve, recorrer África oriental, desde Ciudad del Cabo a Nairobi y dar una vuelta al mundo, de un par de años, desde febrero que viene.
Os muestro, incluso, una situación más concreta, que corrobora, que la vida es un estado de ánimo y no una situación y que de lo malo, puede surgir lo bueno y viceversa. Como ya sabéis, los más habituales de la web, el día 1 de mayo, deberíamos haber partido hacia Venezuela, en un viaje, que nos debería haber llevado, a recorrer este país, más las islas, de Trinidad y Tobago y Granada.
Cuatro días antes de la salida, constaté, al mirar el itinerario en la web de Iberia, que la compañía española, había cambiado los horarios de nuestros vuelos. Estallé de ira, volviendo a lamentar, una vez más, lo poco seria, que es esta aerolínea (y mira que yo, no soy de quienes la atacan por sistema y capricho). Siempre, que hemos volado con ellos, en trayectos largos, nos han cambiado la fecha o la hora, sin ni siquiera comunicarlo, por correo electrónico.
Lo que parecía un contratiempo –más para el estado de ánimo, que a efectos prácticos-, se convirtió en una oportunidad. Al día siguiente, un imprevisto y doloroso mazazo, nos golpeó severamente e hizo imposible, la realización de tan ansiado viaje. Nos agarramos a un clavo ardiendo y pensamos: “Si iberia ha cambiado los horarios, seguro que tenemos derecho, al reembolso de los boletos”. Dicho y hecho: En 10 minutos y tras hablar con una señorita, que ofreció cierta resistencia, teníamos en nuestra tarjeta de crédito de retorno, 828 euros y los billetes anulados, con tan solo, 10 euros de cargo, supongo, por gastos de emisión.
martes, 2 de marzo de 2010
¿De dónde sale el valor, para dejarlo todo y recorrer el mundo?
Hay una docena de ellas, que se repiten con cierta frecuencia. Entre ellas, destaca una formada, tan solo por cuatro palabras, pero que casi se reitera a diario, procediendo de todos los lugares de España y de Latinoamérica: “Dejarlo todo y viajar”. Visto lo visto, son pocos los que acaban o acabamos dando el paso, pero sí muchos, los que un buen día lo piensan, lo sueñan y hasta deciden, empezar a investigar en la red.
Siempre había tenido ganas, de escribir una reflexión sobre este asunto, pero me animó, una búsqueda aún más angustiosa, espiritual y –casi- mística, que hace un par de días, procedía de México: “¿De donde sale el valor, para dejarlo todo y recorrer el mundo?”. Voy a darle a esta persona y a quien quiera leerlo, mi opinión sobre este asunto.
Para mi, habría que distinguir, entre el primer viaje largo que se hace y los sucesivos. En el inicial, el valor siempre surge, de acontecimientos exteriores, mientras que en los posteriores, esa energía y arranque, ya sale, de dentro de uno mismo. A continuación, desarrollo un poco más, esta teoría mía
Normalmente, quien acaba haciendo un viaje largo, sueña con ese plan, con bastantes años de antelación Pero los miedos, las excusas o la vida cómoda y confortable, siempre se imponen claramente, sobre esa lunática idea, aparcando sin fecha, para un futuro a medio o largo plazo, la gran decisión.
Pero de repente un día, te ocurre una desgracia y empiezas a relativiizar y plantearte, lo que ha sido tu vida hasta esa fecha. Las cosas buenas que te pasan, te acomodan y anestesian. Son las malas y desagradables, las que te hacen pensar, sacar la rabia de dentro y empezar a tomar decisiones. Ya sabéis aquello, de perdidos al río. Es asombrosa, la capacidad del ser humano, para revertir una situación contraria, en otra favorable. Las fatalidades y percances, ambién te hacen pensar, mucho más a corto plazo y olvidarte del futuro lejano. Ya no te sientes aquella indestructible persona, que eras cuando tenías 20 años y te das cuenta, que después de esta desdicha, aún te puede venir otra. Así que, cuanto antes, hay que aprovechar el tiempo y realizar el sueño.
Ese fue nuestro caso. Hay otra gente, sin embargo, que toma la decisión un día, de repente, cansados de su vida rutinaria, acomodada, anodina y aburrida. Pero en ambos casos y como dije, hay un elemento común, como es, que se trata de un hecho externo, lo que motiva el valor: La desgracia o la rutina.
En cambio, lo de los siguientes viajes, es otro cantar. Aquí el valor emerge –casi a modo de volcán en erupción-, del propio interior del organismo del individuo. Viajar ya no es un sueño o una forma de romper con algo, porque se ha convertido en una insaciable necesidad. Entonces, dejas de pensar en cambiar de coche, en reformar la casa, en renovar el móvil o el ordenador… Tras los gastos básicos, te privas de lo demás y solo piensas, en juntar el dinero suficiente, para poder volverte a marchar.
E incluso, te conviertes en un ser paranoico y empiezas a ver inconvenientes –algunos, excesivamente imaginarios-, que pueden dar, al traste con esos proyectos. Y hasta cuidas más tu salud. A mi últimamente, me ha dado por vigilar especialmente, los tobillos y las rodillas, donde se pueden provocar dolencias, que te pueden dejar muy tocado o fuera de combate.
Comprenderéis por lo explicado, que es mucho más difícil, encontrar el valor para realizar el primer viaje largo, que los sucesivos. En cualquier caso, si emprendéis vuestra primera gran aventura viajera de dilatada duración, tomad las medidas, para que podáis acometer, otras de iguales o superiores características, en el porvenir. Si no, vuestro sufrimiento futuro en vida, llegará hasta el día de la muerte.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Eva tiene un Plan... y lo terminará cumpliendo
Afortunadamente, ambos deseos, ya los he podido cumplir y con creces. Para recordar los interrailes, tendría que usar, casi todos los dedos de ambas manos y el pasado 2.008, culminamos el periplo americano, después de cuatro meses y medio, pero no empezando en Patagonia, sino todavía más lejos: En Río de Janeiro.
Fue este, un año mágico, que cambió nuestras vidas para siempre, dado que al citado viaje, añadimos otro, de cuatro meses, por el sudeste asiático y tres más, de duración variable, hasta completar, casi once meses viajando. Uno ya nunca es el mismo –lo quiera o no, porque no se puede elegir-, después de un viaje largo Así que hoy, hace 365 días, la gran incógnita, que me rondaba por la cabeza, era como íbamos a reaccionar, a la vuelta de la normalidad, en el año que hoy acaba. Y sobre todo, como íbamos a responder y a evolucionar, al tener que volver a encorsetar los viajes, en miserables periodos de vacaciones, de dos o tres semanas, al ritmo de un par, al año.
Para empezar, en 2.009, los viajes más dilatados, no han sido donde esperábamos: India e Irán, dejaron paso a China y, Nueva York y el oeste de Estados Unidos, pero este dato, tampoco es importante, para lo que voy a tratar, de comunicar.
Debo decir, que el impacto, ha sido algo menor del esperado, aunque en todo caso, fuerte. Y han ayudado a mitigarlo, las ocho escapadas cortas –cuando otros años anteriores, no hacíamos ni tres-, que nos han tenido medio ilusionados, a lo largo del año y, sobre todo, que hemos vuelto a vivir, con la misma intensidad, que antes, los viajes de dos o tres semanas. Esto era algo, sobre lo que a priori, éramos extremadamente pesimistas.
Pero el que ha viajado, por periodos largos, ya está infectado para siempre, sin antídoto conocido, ni parece ser, siquiera por descubrir. No es como una adicción o una droga, porque en estas, el síndrome de abstinencia cesa, simplemente, con no tomarlas, durante tiempo prolongado. Yo dejé de fumar, hace cinco años, pero me sería imposible, abandonar los viajes: Quizás incluso –por no decir, que seguro-, aunque tuviera que vender el alma la diablo, robar o mendigar (y ya no digo matar, porque me parece, demasiado fuerte). De hecho, me fui hace poco a Estados Unidos, en unas condciones, en las que casi nadie, habría viajado.
Se trata más bien, de la llamada de la selva. O si fuera creyente, diría, de la irrenunciable llamada de Dios. Y lo peor, es que cada vez es más fuerte. Pasas periodos tranquilos, pero de repente y, sin previo aviso o síntomas distinguibles o tratables, te embarga la necesidad, de dejarlo definitivamente todo y largarme de nuevo por el mundo, sin billete de vuelta (no digo para siempre, porque la palabra asusta).
Ahora, me encuentro en uno de esos periodos, en los que parezco poseída. De tal forma, que estoy pensando más en el 2.011, que en los propios viajes de 2.010, que aún están sin decidir y creo, que va para largo. Y es que, muy probablemente, enero o julio del 2.011, es el posible punto de partida, de un nuevo viaje largo. La cuestión, es que desconocemos, de cuanta duración. Empezamos pensando en dos años y luego lo alargamos a cinco. Pero ahora y nuevamente, nos están volviendo a entrar ganas, de venderlo todo, casa incluida –como diría, Jorge Sánchez, con los muebles, juegos de cama, cacerolas y demás trebejos incluidos- y largarnos, de forma indefinida. No se si será esta vez, pero esta claro, que tanto va el cántaro a la fuente, que se acabará rompiendo y lo terminaremos haciendo.
Hasta antes de hacer los viajes largos, planificábamos llevarlos a cabo, en la jubilación. ¿Qué ilusos. Haciendo planes, con 25 años de antelación y ahorrando para ellos!. Ahora, todo ha cambiado y solo nos vale el presente y el futuro inmediato. Pensar que me puedo morir, dentro de tres años y pasarlos, malgastándolos en casa, es una idea, que me atosiga y mortifica.
Y lo curioso, es que la posibilidad de haber hacho, los viajes de 2.008, se origino, a raíz de una de las mayores desgracias, que nos ocurrieron en la vida (que por otra parte, tampoco han sido muchas). Como aprendimos en el sudeste asiático: Nunca sabes si lo bueno es bueno, porque te puede llevar a algo malo. ¿O por qué no lo malo, no te puede conducir a algo bueno?. Amabas cosas en Asia, te suceden a dairio
Por cierto. El recorrido planificado, para el mencionado periplo, de inicio en 2.011, sería, más o menos: Rusia, Mongolia, algún país de Asia central –aun sin determinar, Corea del Norte y del Sur, Japón, India, Nepal, retorno a Filipinas, Indonesia y Tailandia, para entrar en Myanmar, Brunei, Timor oriental, Australia, Nueva Zelanda, Polinesia, isla de Pascua, retorno a Chile, Bolivia y Brasil –pero viajando por el interior y no por la Panamericana-, Venezuela, islas del Caribe, retorno a Estados Unidos, con visita del este del país y Canadá. Si aún nos quedaran ganas, que es bastante posible, haríamos África, en forma de V, empezando por el oeste y bajando, para subir, por el este.
¡Feliz año 2.010 y que venga cuanto antes, 2.011!
martes, 11 de agosto de 2009
Efectos a largo plazo, de los viajes dilatados
De todas formas he querido, escribir esta reflexión, antes de releer aquella, con el fin de no contaminarme, de los sentimientos de entonces. Solo cuando haya terminado, le volveré a echar un vistazo.
Los viajes largos vistos desde la lejanía, resultan aún peor que la droga dura, que son a corto plazo: Porque de cualquier sustancia estupefaciente es posible desengancharse, con fuerza de voluntad y según van pasando los meses, el síndrome de abstinencia va disminuyendo, hasta acabar por desaparecer. Pero con los viajes de larga duración, ocurre al revés: Cuanto más tiempo ha pasado desde el último, más mono, congoja y desasosiego se tiene.
Ni un solo día desde nuestra vuelta, he dejado de pensar en aquellos días, en aquellos acontecimientos, sensaciones y vivencias, a lo largo de medio mundo. Ni un solo fin de semana, en el que hayamos estado los dos solos, hemos dejado de recordarlos, a veces durante horas, al abrigo de unas cervezas o copas. Puedo pasar una semana sin hacer el amor y me provoca menos angustia, que atravesar ese mismo intervalo de tiempo, sin rememorar nuestros aventureros periplos, que nos marcaron para siempre.
Cuando planificas la primera travesía prolongada, el sentimiento que se impone es la ilusión. Cierras los ojos y dejas volar la imaginación, como si estuvieras soñando y todo resulta muy relajante y agradable. Puedes estar planeando el primer viaje largo durante años, a veces como era mi caso, desde la mismísima infancia, en la que ya fantaseaba con hacer, el periplo que finalmente, convertimos en realidad, por Sudamérica y Centroamérica, desde Patagonia a México. Antes de la primera vez, nunca hay prisa, siempre se puede esperar un poco más, sin mayores consecuencias.
Pero eso ya no ocurre la segunda vez, porque el sentimiento que te domina es el ansia, la inquietud, la intranquilidad, la preocupación, la zozobra... Ahora cuando cierras esos mismos ojos, ya no ves escenas de postal, como si soñaras despierto. No. Ahora sientes angustia y solo piensas en que llegue el momento, de poder largate de nuevo. Hay que ser una persona muy fría, para poder planificar un segundo o tercer viaje largo, durante varios años, sin estar constantemente sufriendo, pensando en la lejanía del momento de la partida. Porque además, como cualquier drogadicto cuando busca su dosis, te servirás de todos los medios, para poder realizar tu recorrido mucho antes.
Y esto cambia por completo tu vida. Empiezas a pensar, que en la vivienda ya solo harás las reformas muy imprescindibles, que cambiarás de coche cada más años o, que saldrás menos sábados por la noche, para así, ir aumentando la velocidad de ahorro, que permita largarse cuanto antes. Cada euro que entra en la economía familiar y que no va destinado a las necesidades esenciales, ya tiene su lugar donde ser gastado, siempre a miles de kilómetros de casa, claro.
Cada vez que te sientes o te sale algo mal, buscas mentalmente el mismo antídoto y aún son mayores, las ganas de marcharte y dejarlo todo. De momento hemos conseguido resistir y no perder completamente el juicio, aunque no sé muy bien por cuanto tiempo. Porque cuando algo no va bien, las paredes de nuestra casa, ya escuchan machaconamente, la temida, pero reconfortante frase: “¡¡Pues alquilamos el chalé, nos vamos a Asia y a la mierda!!”. Y es que tu barrio, tu ciudad, tú país y tu propia vida, se han convertido en una jaula, de la que quieres escapar, ante el primer contratiempo
El dicho habla, de que lo bueno o mata o engorda. Añadiría yo, que o crea una irreparable adicción. Al final todo lo gratificante, suele pasar una elevada factura y la de los viajes largos, es de bastantes ceros.
Sin embargo hay una cosa, que pensé que iba a ocurrir y que afortunadamente, finalmente no ha pasado. Creía que, después de haber estado casi un año por el mundo, cualquier viaje posterior y aunque fuera de un mes, me iba a dar poco de si. Pues no. En breve, nos vamos a Lombardía solo cuatro días y nos van a saber a gloria, como las tres semanas que no hace mucho, estuvimos por China y Qatar.
Ahora sí, he releído lo que escribí hace meses y concluyo amargamente, que son mucho peores los efectos a largo, que a corto plazo. Solo espero que con el paso del tiempo, aún no vayan siendo peores.
sábado, 10 de enero de 2009
Efectos beneficiosos y efectos secundarios a corto plazo, de los viajes largos
Después de las experiencias vividas y de la forma de sentirlas, creo que uno no se estrena como viajero, hasta que no hace un viaje largo. Los viajes cortos son sencillamente escapadas o vacaciones, en las que nunca llegas a desconectar del todo, sino que son una simple pausa en la actividad cotidiana, para volver a retornar a ella, antes casi de darse cuenta. Los periplos dilatados por el mundo, son viajar. El resto es, simplemente vacacionear (no entender el término en sentido peyorativo).
Y cuando viajas, ya no eres el mero espectador que somos, cada vez que vamos de vacaciones, porque llegas a tener conciencia de que este ha sido siempre tu modo de vida y que nada has hecho antes y nada harás después, de emprender el periplo. Llegas a pensar en definitiva, que es tu auténtica forma de vida y por eso, te resulta mucho más fácil integrarte en el entorno y conocerlo por dentro. Y el hecho de verlo de forma endógena, te permite ser más observador, disfrutar más y entender muchas más cosas, que cuando vas de vacaciones
Otra de las ventajas de los viajes largos, es que pierdes absolutamente todos los miedos, porque no puedes mantenerlos durante tanto tiempo y si así ocurre, lo más probable, es que acabes retornando a casa antes de tiempo. Uno no puede estar pensando durante varios meses, ni en la malaria, ni en atentados terroristas, ni si mañana vas a tener un accidente de tráfico o un atropello. Ni siquiera en lo que has dejado o vas a encontrar a la vuelta. Los viajes largos son un mundo en si mismos y un “y a pesar de todo, nosotros seguimos adelante, como si nada”. Nadie vuelve de un viaje largo tal como se marchó, sino que se retorna bastante cambiado. Para bien, para mal o simplemente, para distinto.
Otro de los efectos positivos de las aventuras viajeras prolongadas, viene dado porque aprendes a vivir y a viajar, sin la constante obsesión por planificar, que entraña toda vacación. Como sabes que es imposible planear donde vas a ir a lo largo de un año, te limitas a sacar un boleto de ida y ya en el sitio, piensas en cual será el destino siguiente (así nos ocurrió a nosotros cuando nos fuimos a Bangkok). Como mucho, se llevan planificadas una o dos etapas por delante, no más, porque con una buena guía, se puede ir preparando el itinerario y las visitas de un día para otro.
Aprendes que se puede vivir, comprando los billetes para cualquier destino el día antes y sin hacer ni una sola reserva, llegues a la hora que llegues. Y adquieres también la enseñanza –aunque esa nosotros, ya la teníamos-, de que nada pasa por quedarse una noche a dormir en un aeropuerto o una terminal de autobuses, siempre que tengamos la certeza de que son seguras, cosa que por ejemplo no ocurre en Sudamérica o Centroamérica, pero si en el Sudeste Asiático.
Porque además en los viajes largos, no es un contratiempo que el autobús del día siguiente este lleno, sino una oportunidad, que te hará pensar en nuevos planes, quizás mejor que los que tenías al principio (eso nos ocurrió bastantes veces, sobre todo en Asia). Y Te alivias, viendo y no estando en la piel de los que están de vacaciones, que viajan estresados, para cumplir su calendario de visitas y estar de vuelta en el aeropuerto, el día del vuelo de retorno.
Es curioso, pero nosotros que somos de viajar a buen ritmo, nos hemos cansado más manteniendo el mismo estilo, en un viaje de 12 días, que hicimos por Rumanía, los Balcanes y Albania, que en tres meses y medio por el sudeste asiático o en un mes más por América. Y aún al volver de ambos viajes, nos fuimos a Túnez, Marruecos y nos recorrimos más de 6.000 kilómetros por Turquía, en veinte días, durmiendo 6 noches en autobuses y una en un aeropuerto. Y llegamos a casa tan frescos, sin ninguna sensación de estrés o cansancio
Insistir en una idea que ya esbocé antes y que me parece importante. Los viajes largos te hacen desdramatizar las cosas y te libran, de esa tan absurda cualidad humana que tenemos, de recrearnos de nuestra mala suerte y en la desgracia. Porque terminas aprendiendo, que de lo que consideras un contratiempo, puede nacer una oportunidad y a la inversa. De nuestros problemas con el banco y las tarjetas de crédito los cibers de en Malasia, surgió la oportunidad de viajar a Filipinas, uno de los países en los que no habíamos pensado y que fue de los mejores del viaje.
Las largas travesías, casi siempre suelen estar ligadas a la carencia de ingresos, cosa que no ocurre con las vacaciones. En estas normalmente, se suele dilapidar bastante el dinero, porque al fin y al cabo, para esos están, para disfrutarlas. Pero en el otro caso no, te tienes que ceñir a un presupuesto predeterminado, que querrás estirar más y más, para dilatar la vuelta. Eso te hace adquirir muchas habilidades, en el coloquial arte de “buscarse la vida”, de tal forma que de un solo viaje largo, se aprende mucho más, que de todos los cortos sumados, a lo largo de una vida.
Y ya simplemente por estadística, en un viaje de por ejemplo un año, pues se conoce más gente y se disfrutan más experiencias interesantes, que en diez años de vacaciones. ¡Y además, todas juntas!.
De verdad os digo, a todos los que tenéis la misma pasión que yo por viajar, que hagáis lo imposible en vuestras vidas, por tener la ocasión de disfrutar, de un año sabático por el mundo. Porque solo cuando viváis esta experiencia, os daréis cuenta de que hasta entonces, no habías viajado. Tantos australianos, ingleses o nórdicos, no pueden estar equivocados.
He querido recalcar en el título, lo de efectos secundarios a corto plazo, porque solo hace mes y medio, que volvimos de nuestro periplo por el mundo, por lo que entenderéis, que las consecuencias a largo plazo, las desconocemos. La mayoría de los efectos secundarios vienen dados precisamente, por las virtudes que tienen las odiseas prolongadas.
El mayor de todos, es que enganchan más que cualquier tipo de droga, con lo que cuando vuelves, te sientes realmente huérfano y vacío. Llegas a pensar, que ya nunca disfrutarás de unas simples vacaciones o escapada, que no tiene ningún sentido irte tres semanas a Indonesia, para estar más de tres días volando y que lo tiene todavía menos, es estar matándote once meses, para disfrutar malamente uno, de nuestra afición de viajar.
Por supuesto que luego, está el asunto de la reintegración en la vida normal, en la que llevabas antes de partir. Para irte un año por el mundo, necesitas mentalizarte antes, dado que es una forma de luego no pasarlo demasiado mal, cuando llegan los inconvenientes (que siempre terminan apareciendo). Pero a la hora de partir, no es necesaria ninguna adaptación. Basta con superar los nervios previos a cualquier viaje y en el momento que llegas al destino, ya no piensas en otra cosa.
Pero a la vuelta, la readaptación y reintegración son duras. No tanto al trabajo en si, sino al entorno. Primero, porque te perdiste un año de todo lo que pasó aquí, que aunque no fuera mucho, ha hecho que algunas cosas cambien y después, porque no te llegas a creer que tu antes fueras, un ser como los que ahora te rodean: Agobiado por cosas banales, estresado por asuntos absurdos, haciendo una bola de nieve de cualquier tontería, frívolo a más no poder y con una vida absolutamente plana y carente de interés o emociones.
Y sobre todo, se te desatan los nervios, al volver a principios de diciembre y estar escuchando machaconamente todo el día, “que en España estamos en crisis”, mientas la gente llena sus carros hasta arriba, con las compras de navidad. Entonces, ¿qué vocablo utilizamos por ejemplo, para definir la situación de los niños que comen bocadillos de arroz blanco, en Camboya. O mejor, para los que ni siquiera comen?.
Solo estando por un tiempo prolongado en el tercer mundo, te llegas a dar cuenta de los gilipollas y patéticos que somos en occidente, donde lo tenemos todo, pero en realidad no poseemos nada, porque somos prisioneros de todas esos bienes materiales y vagamos por la vida, más que vivirla. Y aunque parezca que no, readaptarse a la gilipollez, cuesta lo suyo.
Solo estando por períodos dilatados en el tercer mundo, llegas a ser consciente –cuenta ya te das, en unas simples vacaciones-, de por qué allí los niños se pasan el día sonriendo, a pesar de no tener nada, mientras que aquí, se pasan la vida encabronados o en el psicólogo, teniéndolo todo.
Y por último, otro efecto secundario es que a la vuelta, sigues pensando, soñando, escribiendo, disfrutando del viaje. Pero eso no lo puedes compartir con los demás, porque te suelen aguantar durante un rato, pero no más, porque ellos no disfrutaron de esas emociones. Con lo que para no aislarte, tienes que hacer un enorme esfuerzo, para ser partícipe de las “conversaciones banales!, de los que en cada momento te rodean. Y eso no lo digo solo como crítica hacia ellos, sino como autocrítica hacia mi misma, porque no se puede vivir solo del pasado, por muy bonito que fuera.
EFECTOS SECUNDARIOS A LARGO PLAZO DE UN VIAJE LARGO
Prometo escribir este capítulo, dentro de un año. El único de momento, es que me esté planteando dedicarme a la cooperación, en un plazo no muy dilatado, aunque no próximo.